“Los grandes referentes suelen ser casualidades. Uno lee un autor y en un momento tiende a pensar que eso que leyó es lo único, que es una maravilla”
Ida Vitale, setiembre de 2017, Luces
¿Por qué la traigo ahora a esta edición de Epígrafe? Porque la cita me dejó pensando en lo que me sucede cuando, a veces de forma consciente y otras por cuestiones del azar, descubro a un nuevo autor o autora y este logra tocar cierta fibra de mi sensibilidad literaria. En esos casos me pasa –y supongo que a vos también te puede pasar– que me obsesiono, que necesito zambullirme de lleno en su obra, que leo entrevistas, escucho entrevistas, que quiero leerlo todo y ya, o al menos cuanto antes, para poder saciar esa extraña sed que se despierta y que me hace pensar, como dice Ida, en la palabra “maravilla”. Después de un tiempo esta fiebre se aplaca. Pero en ese momento es un impulso bastante difícil de controlar.
Gentileza Libros del Asteroide Eduardo Halfon No sé cuándo fue la primera vez que escuché o leí sobre el escritor guatemalteco Eduardo Halfon –creo que fue en una reseña de su tocayo Eduardo Alvariza en Búsqueda, hace un años o dos–, pero de un día para el otro este autor apareció en mi horizonte literario y se convirtió, y ya lo decreto así, en mi hallazgo del 2021.
Son cinco los libros de Halfon que se encuentran en Uruguay, cuatro ya pasaron por mis manos, todos están editados por Libros del Asteroide, ninguno supera las 200 páginas: El boxeador polaco, Signor Hoffman, Duelo y Canción. ¿Qué tiene de particular este hombre? Que, de una manera muy orgánica, para nada premeditada y con una capacidad enorme para el relato, Halfon está edificando libro a libro la historia de su historia, la de su familia y sus orígenes dispersos, la de su vida guatemalteca, su vida parisina, su vida estadounidense, de su vida libanesa, su vida global y nómade. Halfon, en algún sentido, es un escritor de muchos rostros, de muchos disfraces, identidades y nacionalidades: en él confluyen las guerrillas centroamericanas, el Holocausto judío, el exilio libanés, el español como lengua unificadora, como vehículo expansivo para la experiencia.
Me gusta mucho esta definición que hacen sobre él en The New York Times, y que aparece en la contratapa de Signor Hoffman: “El héroe de la obra de Halfon se deleita en el globalismo risible de hoy, pero reconoce que lo que adoptamos de otras partes nos hace quienes somos”. En efecto: Halfon viaja y en cada viaje descubre que su vida está ahí afuera, a la espera de ser completada por experiencias que lo llevan desde los volcanes de Guatemala y los hornos de Auschwitz, a un domingo de jazz en un apartamento de Nueva York o a una conferencia literaria en Japón. Así sus personajes, que siempre son y se llaman como él, completan un puzzle que, obviamente, nunca tiene fin. Porque se sigue escribiendo.
«Madame Maroszek encendió un cigarro y al soltar una bocanada de humo, apenas sonriendo, me susurró: Cómo el ingeniero que se convierte en escritor. Yo le sonreí de vuelta y le dije que sí, que quizás, y me terminé el vino tinto en silencio, pensando que un nombre, cualquier nombre, es así de trascendente y así de caprichoso, y así de ficticio, y que todos, eventualmente, nos convertimos en nuestra propia ficción.»
Signor Hoffman
Además de leerlo, es muy interesante escuchar a Halfon, que tiene la particularidad de que se formó como ingeniero y de que lo suyo siempre fueron los números y no las letras, hasta que a los 28 descubrió por una casualidad la literatura y eso le abrió, al mismo tiempo, la puerta de la escritura. En ese sentido, me gustaría dejarte dos entrevistas, que de hecho se las hace la misma persona: la primera es una de la periodista Hinde Pomeraniec, que lo recibe en su programa de radio Vidas Prestadas; la otra es una charla muy reciente que también modera Pomeraniec y en la que Halfon explora los vericuetos de la memoria junto a la escritora argentina María Negroni, en el marco del último Filba.
Para terminar, si tuviera que marcar un orden de lectura diría: empezá por donde quieras. Hay una familiaridad tan apabullante y atrapante en la manera en la que Halfon cuenta sus historias que es imposible sentirse ajeno o perdido, más allá de cuál sea la puerta de entrada. Pero si de todas formas se hace necesaria una línea, una buena idea es seguir el orden de publicación:
- El boxeador polaco (2008), en el que, entre otros textos, explora el pasaje de su abuelo materno por los campos de concentración.
- Signor Hoffman (2015), en el que continúa indagando en el concepto de identidad y que tiene textos para leer y reeler, como el que lleva por título Sobrevivir los domingos.
- Duelo (2017), en el que investiga la muerte de uno de los hermanos de su padre, una muerte prematura y tapiada de secretos familiares.
- Canción (2021), en el que se sumerge en lo que hubo detrás del secuestro de su abuelo paterno libanés a manos de la guerrilla guatemalteca.
Todavía no leí Monasterio, publicado en 2014. Por suerte, todavía tengo una de las tantas vidas de Halfon a la espera.
Los libros de Halfon María Fernanda Ampuero: Mirar al monstruo a la cara
En la historia de Epígrafe la literatura ecuatoriana ha tenido una única exponente y se trata de Mónica Ojeda, una autora de la que ya hemos hablado en otras ocasiones y que impulsó lo que ella misma denominó el “gótico andino”, una reversión de algunas claves del terror anclado en la geografía de su país. Esta newsletter, entonces, viene a sumar otro nombre más a su colección de autores de ese país, y, sobre todo, a la colección de autores arraigados a las raíces más sórdidas del género, esos que no temen meterse en los huecos más oscuros del alma humana y contarle, al resto de los mortales, lo que ven allí. En ese sentido, el segundo “descubrimiento” del 2021 que me gustaría repasar es la autora María Fernanda Ampuero.
Gentileza Páginas de Espuma María Fernanda Ampuero Oriunda de Guayaquil, esta escritora de 45 años saltó al primer lugar de la consideración internacional con su primer libro de cuentos, Pelea de gallos, publicado en 2018 por Páginas de Espuma, una editorial española que se especializa en cuentos y que, justamente, ha publicado también a Ojeda y otros grandes nombres contemporáneos, como el de Samanta Schweblin o Andrés Neuman.
Tiene sentido, entonces, que una editorial de este tipo haya cobijado a Ampuero en su breakout literario: el relato breve, a veces de poco más de dos o tres páginas, le queda calzado a esta mujer que desenvaina historias directas, perturbadoras y, sobre todo, de una violencia visceral que se hace muy contemporánea y latinoamericana.
Es que más allá de sus ingresos a terrenos más o menos fantásticos –que son pocos y no llegan a los niveles que otras exponentes de este tipo de literatura, como Ojeda o Enriquez, alcanzan–, la literatura de Ampuero se revela como una respuesta a las formas de la violencia que, sobre todo las mujeres y los niños, afrontan hoy en la región. En la colección de relatos que componen el mencionado Pelea de gallos y Sacrificios humanos, su título más reciente, hay secuestros, abusos, secretos inconfesables y una crudeza callejera que se pega al cuerpo del lector como la humedad tropical que parecen emanar estas páginas. Los monstruos de Ampuero tienen la oscuridad y la truculencia que caracteriza a la raza humana. Y ella los mira de frente.
En Ampuero me resulta particularmente interesante, además, la forma en la que subvierte ciertos contextos que, en los papeles, deberían ser sinónimos de estabilidad emocional, seguridad y refugio. Se trata, por supuesto, del hogar y la familia, que en los cuentos de esta escritora –que de manera curiosa se titulan siempre con una sola palabra– se transforman en un espacio donde el dolor y el miedo dominan, y donde la inocencia se pierde entre los pliegues de la oscuridad.
«La monstruosidad para mí lo es todo, toda mi literatura consiste en buscar monstruos y mostrarlos. Lo que se considera monstruo, lo que significa que nos ronden los monstruos. El dios monstruo, la madre monstrua, el amor monstruo. Un monstruo advierte, muestra, un monstruo redime a los que no sienten que lo son, un monstruo es el "otro", el monstruo es el síntoma de la sociedad.»
María Fernanda Ampuero en entrevista con la agencia Télam
Los libros de Ampuero Radical y en ocasiones feroz, Ampuero está marcando camino en la manera en la que ciertos temas tabúes se afianzan en la literatura del continente. Vale la pena hacer de tripas corazón, aprontar la fuerza de voluntad, y dejarse llevar por su oscuridad.
Qué leen los que leen: Joaquín Di Lorenzi
Fardo es una editorial uruguaya que ha aparecido varias veces en Epígrafe, y en la edición de octubre vuelve a tener un lugar, pero desde su cocina: el invitado del Qué leen los que leen es Joaquín Di Lorenzi, su editor –y autor de El cielo y Clara, como un espectro–, que repasa algunas de sus influencias, adelanta publicaciones y comenta lo que le espera de cara a los meses de calor.
¿Cuál fue el último libro que te dejó una huella?
De los últimos libros que leí, Las primas de Aurora Venturini y Las malas de Camila Sosa Villada son los que más me marcaron. El primero por la forma en que está escrito; el segundo por todo lo que cuenta y también por cómo lo hace. También Ahora tendré que matarte, de Inés Bortagaray, libro que publiqué hace poco con Fardo. Para esta reedición, sumamos unos cuentos nuevos y, cuando los leí por primera vez, me emocionaron muchísimo. Más atrás pienso en algunos libros de Murakami. Al ser libros tan largos algunos de ellos, me acompañaban durante semanas enteras y una vez que los terminaba seguían ahí conmigo, como que se metían en mi vida, en cierta forma. También cualquier libro de Raúl Zurita, esos siempre dejan huella.
¿Qué estás leyendo ahora?
Más que nada manuscritos que llegan a la editorial. Hace poco leí uno de Maga Portillo que me pareció hermoso y que probablemente publiquemos el año que viene. También algunos manuscritos de autores increíbles que aún no puedo revelar. Hace poco empecé a leer Panza de Burro de Andrea Abreu, un libro que viene sonando bastante en el mundo literario de habla hispana.
¿Qué libros esperan en tu mesa de luz?
Isla Decepción de la chilena Paulina Flores. Tengo un softspot por las escritoras chilenas contemporáneas, hay una movida de escritoras jóvenes allá que realmente están haciendo cosas increíbles. Paulina es una de ellas y también Romina Reyes, de quien vamos a publicar un libro en breve. También esperan su turno algunos libros de Humo, una editorial lindísima de Valparaíso que me llegaron hace poquito. Contrato familiar, de Virginia Anderson, editado por Alter, El infierno te odia y tu mamá no puede salvarte, de Bonnie Bang Bang, editado por Yaugurú, Debimos ser felices, de Rafaela Lahore, y Más allá de agosto de Lourdes Becerra, ambos editados por Criatura, son otros que esperan su turno. En verano les llegará.
La selección de Joaquín Di Lorenzi Así se termina esto, y como el domingo es 31 de octubre y me gusta que la cosa se ponga a tono con Halloween –con los horrores de Ampuero no fue suficiente, claro que no– te dejo un par de notas alusivas y la edición de esta misma newsletter del octubre pasado, que fue dedicada a la literatura del terror.
Te recuerdo que podés consultar el Index Epigrafis, un documento de Google Drive que armé y que reúne todos los libros que alguna vez se mencionaron en Epígrafe, cada vez que quieras en este link.
Antes de irte, el aviso de cada mes: tenemos el descuento de Epígrafe en Escaramuza. Es del 15% desde este jueves hasta el domingo ingresando el código LECTOREPIGRAFE y encima tenés el plus de que llega hasta la puerta de tu casa. Si no quedó claro, está explicado acá.
Espero que hayas pasado un buen rato. Nos vemos, si te parece, en noviembre. Te dejo con el epígrafe del mes, que es de Formas de volver a casa, de Alejandro Zambra.
«En lugar de gritar, escribo libros»
R. Gary