La novela policial en el mundo ha tenido una nueva explosión editorial en los últimos quince años y esa repercusión global también afectó a Uruguay y se expresa en la pata local.
La editorial Estuario reaccionó ante esa tendencia de mercado y creó su propia colección, bautizada como Cosecha roja. Pero a la vez, canalizó una veta literaria un tanto descuidada en el mercado interno.
La colección cuenta con seis títulos. Las dos últimas novelas editadas son Aquel viejo tango, escrito a cuatro manos entre Rodolfo Santullo y Martín Bentancor, y No siempre las carga el diablo, de Pedro Peña. Ni Santullo ni Peña son ajenos a esa lista, pues ya publicaron Sobres papel manila (Santullo) y Ya nadie vive en ciertos lugares (Peña).
Con No siempre las carga... el maragato Pedro Peña le agrega una cuenta al collar de historias que parecen venir protagonizadas por el periodista Agustín Flores, que ya había protagonizado Ya nadie vive.... “Ya tengo una tercera bajo la manga, y quizás haya una cuarta o una quinta. No sé cuántas. Pero en algún momento, la historia de Flores se pondrá espesa y tendrá un vuelco definitivo”, explica Peña a El Observador.
Esto es una rareza en la literatura uruguaya: una serie policial con un mismo protagonista. Agustín Flores se mueve en un ámbito pueblerino y rural, que varía entre San José, Mercedes y ese balneario playero llamado Playa Duarte. Allí es donde Flores deberá “hacer un trabajo” que le ofrece por un dinero que le ayuda a pagar sus cuentas. Pero las cosas se le complican y por eso las novelas existen: para contar las desventuras de Flores es que Peña escribe.
Que el autor lo describa: “Me gusta el personaje, porque tiene salidas que son típicas de la idiosincrasia nuestra. Se parece a mí y se distancia. Es un hermano que conozco bien.Es medio tonto, no es conciente en las cosas en que se mete”.
Flores es un personaje particular para un policial, porque en argumentos que se resuleven a los tiros, es un absoluto improvisado. “No sabe nada de armas, no dispara nunca en las novelas”, dice Peña.
Viejos zorros
Rodolfo Santullo y Martín Bentancor se conocieron en el patio de la facultad de Ciencias de la Comunicación de la Udelar, a principios de 2000, y se vincularon a través de la pasión por el cine y la literatura. A la vez descubrieron que los dos escribían y hacia 2003 realizaron un experimento en común: una novela a cuatro manos, que tiene un argumento donde el protagonismo se lo lleva un hombre que acaba de salir de la cárcel y que enseguida recibe un ofrecimiento para volver a delinquir. “El formato es de una clásica crook story, donde los que importan son los ladrones, no los policías”, explicó Santullo en la presentación del libro la semana pasada.
La titularon Aquel viejo tango. Fue fruto de una colaboración a distancia: uno escribía un capítulo, se lo mandaba al otro, y así, a través del éter digital, se fue contruyendo una trama donde cada escritor en cada capítulo creaba un problema que el otro debía resolver, y ambientados en paisajes locales, como la periferia montevideana.
La novela quedó durmiendo casi siete años. Bentancor y Santullo colaboraron en otro libro común (Las otras caras del verano, 2008) y finalmente Aquel viejo tango vio la luz en Cosecha roja.
Para tapar un vacío
Marcela Saborido es responsable de la colección Cosecha roja. “No había colección de policiales en Uruguay y tapó un vacío porque a Estuario llegaban muchos manuscritos policiales. Ahí vimos la posibilida de reunirlos”, contó a El Observador. Saborido pasó la mayor parte del verano de 2010 leyendo manuscritos y así comenzó a tener vida la colección que ya lleva seis libros.
Los planes para 2012 incluyen la publicación de más autores nacionales y se sondea la chance de captar a dos autoas internacionales: una española y una brasileña, para que Cosecha roja también tenga su dosis de sangre foránea.