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EEUU y la UE en la puerta de un nuevo conflicto comercial

Tensión en aumento por diferencias en la agenda agrícola

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17 de marzo de 2019 a las 05:00

Después de una reunión en la Casa Blanca en julio pasado, el presidente Donald Trump y el presidente de la Comisión Europea, Jean-Claude Juncker, salieron al Jardín de las Rosas y anunciaron con bombo y platillos que habían llegado a un acuerdo comercial o, cuando menos, que habían sentado las bases para suscribir uno en el futuro.

Ocho meses después, se va haciendo cada vez más evidente que esos dos líderes no estaban ni remotamente cerca de llegar a un acuerdo.

Los negociadores estadounidenses y europeos no se ponen de acuerdo ni siquiera en cuanto a los temas que debe incluir el pacto comercial, por lo que la tensión trasatlántica va en aumento y las conversaciones peligran incluso antes de su arranque. Algunos funcionarios del gobierno de Trump insisten en que el acuerdo debe eliminar las barreras al comercio agrícola que, según el presidente, ponen en desventaja a los agricultores estadounidenses, en parte porque así tendría más probabilidades de ser aprobado en el Congreso. En respuesta, los funcionarios europeos argumentan que la agricultura nunca estuvo en la mesa de negociación, ni en julio ni ahora.

“Debe cubrir los bienes industriales, eso es todo”, declaró el mes pasado Cecilia Malmstrom, comisaria europea de Comercio, en Bucarest, Rumania. “No vamos a tratar el tema de la agricultura”.

Estados Unidos no está de acuerdo. Funcionarios importantes del gobierno de Trump afirman que el tema de la agricultura siempre formó parte de la ecuación comercial, aunque no sea lo que el presidente y Juncker convinieron en un principio durante su reunión.

“Estábamos conscientes del problema desde el primer día”, dijo hace dos semanas en una entrevista Larry Kudlow, director del Consejo Económico Nacional. Señaló que Estados Unidos siempre dio por hecho que la agricultura estaría incluida en el pacto y añadió: “No es posible llegar a un acuerdo comercial trascendente con la Unión Europea si no se incluye ese sector”.

Las versiones contradictorias de los aspectos que los funcionarios europeos y estadounidenses convinieron en incluir en las conversaciones comerciales constituyen la controversia más reciente entre estos gobiernos, que tradicionalmente han sido aliados, pero cuyas relaciones han llegado a su peor punto en décadas. Trump impuso aranceles considerables al acero y el aluminio de la Unión Europea, lo que provocó que Europa cobrara derechos sobre productos estadounidenses como el jugo de naranja, las motocicletas y el tabaco en represalia. El presidente se ha dedicado a criticar las prácticas comerciales de la Unión Europea y ha dicho que trata a los agricultores estadounidenses “todavía peor” que a los chinos. Para empeorar la situación, Trump sigue amenazando a Europa con aranceles sobre los automóviles y las autopartes de importación.

Según Trump, la amenaza de imponer aranceles a los automóviles fue lo que hizo que Juncker aceptara realizar negociaciones. El presidente considera que los aranceles, que afectarían en especial a los fabricantes alemanes, son la clave para obtener lo que quiere de Europa: mayor acceso para el vino, el pollo, la carne de res y los productos lácteos estadounidenses.

“Lo que queremos es llegar a un acuerdo”, afirmó Trump en la Casa Blanca el mes pasado. “Es muy difícil llegar a un acuerdo con ellos, la Unión Europea. Si no llegamos a un acuerdo, recurriremos a los aranceles”.

A diferencia de Trump, quien considera que los aranceles a los automóviles le dan una ventaja en la negociación, los europeos los ven como una bomba que podría destruir las negociaciones.

“Si se llegaran a imponer aranceles de manera unilateral, se suspenderían las conversaciones”, advirtió a finales del mes pasado David O’Sullivan, embajador saliente de la Unión Europea ante Estados Unidos.

Trump tiene técnicamente hasta mediados de mayo para tomar una decisión en cuanto a los aranceles a los automóviles, aunque algunos expertos en asuntos legales opinan que podría retrasarla en tanto continúen las conversaciones. El Departamento de Comercio, que ha estudiado los aranceles, envió a la Casa Blanca un informe sobre sus hallazgos el 17 de febrero.

Ninguna información detallada se ha dado a conocer al público, pero una versión preliminar que circuló a principios de febrero resolvió que las importaciones de automóviles constituían una amenaza a la seguridad nacional de Estados Unidos, según una persona que tuvo acceso al documento. Esa decisión le daría fundamentos a Trump para imponer aranceles universales. El informe también incluía otras medidas que el presidente podría tomar para frenar las importaciones, como barreras comerciales exclusivas para los vehículos autónomos y las autopartes, según varias personas enteradas del contenido.

Trump le había dado prioridad a una nueva ronda de conversaciones sobre el acuerdo comercial con los europeos como parte de sus acciones globales para negociar convenios en sus propios términos. Por desgracia, cuando el presidente amenazó con imponer aranceles en julio pasado, los estadounidenses y los europeos ni siquiera estaban seguros de llegar a un acuerdo para comenzar a negociar.

La noche anterior a la ceremonia del 25 de julio en el Jardín de las Rosas, Kudlow y Martin Selmayr, secretario general de la Comisión Europea,  se reunieron para tomar un refresco en el hotel Hay-Adams, cerca de la Casa Blanca. Kudlow se sintió optimista debido a ciertos intereses comunes de Estados Unidos y Europa, en particular una oferta de Europa de importar grandes volúmenes de gas natural y soja.

Al día siguiente, ambas partes trabajaron a todo vapor para afinar los detalles de una declaración en la que describían el alcance de su acuerdo comercial. Kudlow intercambió borradores de la declaración conjunta varias veces entre estadounidenses y europeos, que se encontraban reunidos a puerta cerrada en habitaciones distintas de la Casa Blanca. Los estadounidenses incluyeron el tema de la agricultura en su versión, pero los europeos lo eliminaron, según una persona involucrada en las conversaciones que no está autorizada para hacer declaraciones en público. Ambas partes convinieron al final en incluir la frase “mercados abiertos para agricultores y trabajadores” que, según los europeos, se refería únicamente a la oferta del bloque de comprar soja estadounidense.

Trump habló del problema de la agricultura durante su reunión con Juncker, según algunos de los presentes, que no quisieron ser identificados por no contar con autorización para dar información al público.

Pero cuando Juncker dejó claro que cualquier negociación que incluyera agricultura también tendría que incluir otros temas difíciles de resolver, el presidente accedió.

“Soy un hombre de resultados”, dijo Trump, con la esperanza de lograr una conclusión más rápida.

Se anunció el alcance del acuerdo, pero, casi de inmediato, los negociadores estadounidenses comenzaron a promover acciones de cabildeo para incluir de nuevo el tema agrícola.

Al día siguiente del anuncio, Lighthizer, el principal negociador comercial de Trump, le informó a un comité del Senado que no recomendaría negociar un acuerdo comercial con la Unión Europea que no incluyera productos agrícolas. “Desde nuestra perspectiva, las negociaciones se tratan de la agricultura y punto”, aseveró Lighthizer. “Es parte del proceso”.

El sector agrícola representa menos del 2% del producto interno bruto de la Unión Europea, pero recibe enormes subsidios. También es bien sabido que provoca emociones entre los votantes europeos y moviliza a la oposición pública.

Los agricultores son un grupo poderoso y agresivo, en especial en Francia, el mayor productor europeo de productos agrícolas y el mayor beneficiario de los subsidios de la Unión Europea.

El presidente francés, Emmanuel Macron, enfrenta manifestaciones masivas en contra de sus planes de reforma para la economía, y los agricultores ya están inquietos. Hace 15 días, se desplazaron por ciudades como Burdeos y Nantes en convoyes de tractores y bloquearon una intersección vial cerca de Lyon. Las manifestaciones fueron en contra de un acuerdo comercial que está en negociación con varios países sudamericanos y que, según algunas noticias, podría permitir más importaciones de carne de res. 
 

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