15 de agosto de 2013 20:09 hs

Gehad El-Haddad, vocero de los Hermanos Musulmanes, resumió en una frase el estado en el que se encuentra Egipto, al día siguiente de la peor matanza de los últimos años y la mayor de la era democrática. Según sus palabras, que pronunció desde un lugar desconocido y que sirvieron para atizar un fuego que ya arde desde hace días, la ira “está ahora fuera de control”.

“Después de los golpes, los arrestos y los asesinatos a los que estamos haciendo frente, las emociones están demasiado elevadas como para guiarnos. Está fuera de control. Siempre ha existido ese miedo. Y con cada masacre, se incrementa”, reconoció el guía del partido político al que pertenecía Mohamed Morsi, el presidente elegido después de la Primavera Árabe y derrocado por un golpe de Estado militar hace un mes y medio.

Ayer Egipto amaneció tranquilo y como desierto debido al toque de queda y estado de emergencia declarado por los militares. Pero con el paso de las horas la violencia volvió a ser protagonista de la jornada, después de que el miércoles los militares arrasaran con topadoras en el campamento que habían hecho los seguidores de Morsi. Ayer estos, impulsados por los Hermanos Musulmanes, hicieron protestas en todo el país y en algunos casos hubo fuego y muerte. El peor incidente fue el de Giza, a las afueras de El Cairo, donde los islamistas incendiaron un edificio oficial y murieron al menos nueve policías y militares.

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Ante esta violencia protagonizada por los islamistas, el ministerio del Interior dio instrucciones a sus fuerzas para que usen munición real cuando consideren necesario enfrentar algún ataque contra las instituciones o los funcionarios. Los oficiales ya fueron equipados con armas y balas, detalló el Ministerio. La prerrogativa de usar armamento real es una de las atribuciones del régimen durante el “estado de emergencia” en el que está el país por tiempo indefinido.

Y en el día en que se contaban los 578 muertos que hubo la jornada anterior (otros tantos seguramente han fallecido pero todavía no fueron reconocidos), no cuesta creer que los oficiales egipcios no tendrán problemas en apretar el gatillo si lo consideran necesario.

Obama no se decide

Barack Obama, presidente de Estados Unidos, convocó a una conferencia de prensa para explicar la posición de su país, que apoya con US$ 1.300 millones al año a un ejército que no solo protagonizó un golpe de Estado sino que aplanó manifestantes y ahora pregona que disparará sin piedad.

Entre la espada de unos militares violentos y la pared de unos islamistas que le generan desconfianza, el mandatario anunció que cancelaba la celebración de los ejercicios militares conjuntos previstos para el mes que viene.

Obama pidió a los estadounidenses que abandonen el país y condenó “rotundamente” la violencia contra los civiles, pero no llegó a criticar a los militares al frente del gobierno. De hecho, evitó hablar de “golpe” y dejó en claro que no tomaba partido “por ningún partido o figura política”.

Algo menos diplomático, el secretario de Defensa de EEUU Chuck Hagel, advirtió al líder militar egipcio Abdel Fatah al Sisi que “la violencia y los pasos inadecuados hacia la reconciliación están poniendo en riesgo elementos importantes” de la cooperación en Defensa. Pero la última palabra la tendrá Obama, que todavía parece servir a dos señores.

Los europeos fueron más enfáticos en sus críticas y varios países llamaron a los embajadores egipcios en su territorio para expresarles cara a cara el rechazo a la violencia.

A pedido de Francia, el Reino Unido y Australia, además, el Consejo de Seguridad de la ONU se reunió de emergencia en Nueva York para evaluar la situación. No trascendió nada del encuentro, pero se estima que los 15 países miembros fueron informados al detalle de la situación.

La que sí habló, pero desde Ginebra, fue la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, que le pidió a las dos partes salvar al país del inminente desastre.

“El número de personas muertas o heridas, incluso teniendo en cuenta las cifras oficiales, muestran un excesivo, incluso extremo, uso de la violencia contra los manifestantes”, atacó Pillay, que pidió una investigación “independiente, imparcial, efectiva y creíble sobre la conducta de las fuerzas de seguridad”.

También al otro bando, el de los islamistas, dirigió un reproche cuando dijo que los ataques a los edificios públicos e iglesias cristianas son “extremadamente preocupantes” y que los responsables tienen que ser llevados también ante la Justicia.

“La violencia y la incitación a ella desde cualquier bando no son una respuesta a los retos de Egipto. Lo que es necesario es una genuina y completa reconciliación”, pidió la diplomática.

El problema es que ninguna de las dos partes está dispuesta a ceder. Hoy, cuando a las seis de la mañana termine el toque de queda, empezará un nuevo día en el que nadie sabe lo que puede pasar. Por lo pronto, cada bando anunció sus movimientos. El de los Hermanos Musulmanes, con la ira “fuera de control”. Y el de los militares, con la prerrogativa de disparar balas reales.

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