En la uva, como en todos los ciclos de la naturaleza, los elementos se coenctan. La acumulación de sol en la pasada primavera, la ausencia de lluvias en esas mismos meses, una incidencia de los ciclos lunares y un enero con algunas lluvias y noches frescas crearon un contexto que afectó de tal modo la producción de uva de los viñedos en Uruguay que el resultado fue un adelantamiento de unas dos semanas en la vendimia.
Esas noches frescas y los días con abundante calor generaron una diferncia de temperatura de entre 15 y 20 grados centígrados, especial para la salud de los racimos.
La uva este año está más dulce y bien formada, y en algunos casos llega a tener 15% de volumen alcóholico.
El Observador hizo un recorrido por cuatro bodegas de la zona de Canelones y conversó con los enólogos responsables sobre beneficios y eventuales problemas de una vendimia tan precoz, y cómo puede llegar a repercutir en la añada de vinos 2015.
Las manos en la masa
Analía Lazaneo es, junto a Valentina Gatti, uno de las enólogas responsables de la bodega Artesana, ubicada en la región de Las Brujas, muy cerca del río Santa Lucía.
Al llegar a la bodega, Lazaneo estaba colocando levadura en un balde para agregarlo a un tanque donde hay mosto de merlot cosecha apenas unos días atrás. Como una auténtica cocinera, el color violáceo de sus manos delata el trabajo que en estas fechas se produce en una bodega tipo del Uruguay.
Artesana produce solo tres cepas. “El orden de la vendimia cambió un poco este año y ya cosecharon todo el merlot, parte del tannat y está demorado el zinfandel”, explicó Lazaneo. Esta última cepa es clásica de la bodega.
Control minucioso
Desde muy temprano, el enólogo Marcelo Laitano controla la vendimia en la bodega Pizzorno, ubicada en las afueras de Las Piedras.
“A finales de enero y principios de febrero el fruto en las plantas había llegado a su punto de maduración, dos semanas antes que el promedio anual aproximadamente”, dijo Laitano.
Laitano camina por el viñedo y prueba las uvas que todavía no se han cosechado. Analiza el color de la cáscara y el color y gusto de la semilla. “El color de la raquis indica la madurez”, dice mostrando una semilla amarronada. “Ya está pronta”, concluye. Luego de recogida la uva, el trabajo se juega en los tanques y en las sucesivas pruebas y controles que realiza el enólogo.
De las mejores cosechas
A Santiago Deicas, jefe de producción de Establecimiento Juanicó y Familia Deicas, la sonrisa no le entra en la cara cuando habla de la cosecha 2015.
La vendimia que todavía en marcha será, dice, una de las mejores de la historia junto a la 2011 y la 2013.
Las condiciones son tan favorables que la mayoría de las parcelas de sus viñas dieron uva para vinos superiores a lo normal. La empresa, contó Deicas, selecciona la fruta de sus distintos campos en Uruguay para elaborar vinos finos de al menos cuatro calidades. Pero este 2015 se empecinó en subir un escalón y el más modesto de los vinos promete ser mejor de lo normal.
En una recorrida matinal con El Observador, Santiago Deicas mostró algunos de los secretos para lograr uva de extrema calidad para sus vinos más distinguidos. En Progreso, donde la arcilla reina en el suelo terroso y húmedo, el tannat se mueve como pez en el agua. Por eso, los Deicas decidieron agregar la máxima dedicación en el manejo de la vid para tener joyitas como los vinos que se presentan luego en la línea Atlántico Sur o el suculento Massimo Deicas, un vino ícono que se elabora con 100% Tannat.
Como se ve en la foto en esta página, la bodega sacrifica más de la mitad de la uva en la práctica del raleo, pero además mutila de forma temprana los racimos puntiagudos del tannat para que haya mayor aire entre los granos.
Debajo de la planta, además, cubren el suelo con un nailon grueso y prolijamente colocado para evitar acumulaciones de agua, y también una malla para que los pájaros no se tienten con ese manjar.