13 de octubre de 2012 21:15 hs

El viento frío y punzante corta de lado y de costado a través de las ventanas y puertas que ya no son tales; el aspecto de deterioro, dejadez y destrozo, representados en paredes derribadas y otras que dejan ver sus ladrillos, en escombros desparramados, representan un lugar poco amigable para cualquier emprendimiento. Sin embargo, hay quienes lo van a intentar. El icónico parador del Cerro, símbolo del barrio y de la noche montevideana durante décadas, quiere volver a respirar.

Impulsados por el cariño hacia la zona, Nicolás Machado y Waltara Escope comenzaron hace dos meses a moverse para revitalizar un espacio que, a simple vista, está más para el derrumbe que para el reciclaje. Rápidamente, montaron un plan de acción: confeccionaron los planos y los enseñaron en la Intendencia Municipal de Montevideo (IMM). Fueron hasta la chacra del presidente José Mujica en el Cerro y lo esperaron hasta que salió para convencerlo del proyecto. El mandatario los escuchó y le encantó la idea.

Hoy presentarán, ante el barrio y su gente, la futura reapertura del parador del Cerro, que debería volver a trabajar en un año, con un programa que abarca de las 10 a las 21 horas e incluye la actuación de 18 grupos musicales y de danza.

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El lanzamiento se realizará en el mismo lugar por el que pasaron grandes figuras de la música como Joan Manuel Serrat, Astor Piazzolla, Los Olimareños o Alfredo Zitarrosa. Artistas que disfrutaron de un lugar único en Montevideo, a 40 metros de la Fortaleza del Cerro y con una vista esplendorosa de la bahía.

El parador del Cerro fue inaugurado en la década de 1960 y cerró sus puertas a principios de 2000; funcionaba como restaurante y contaba con un escenario para las presentaciones musicales. Su mejor época transcurrió entre las décadas de 1970 y 1980.

Hoy solo queda un piso con numerosas baldosas rotas o directamente sin ellas. Las paredes blancas llevan los signos del paso del tiempo y el vandalismo, con múltiples boquetes. No hay ventanas, ni marcos, ni puertas. Los grafitis llegan a los techos percudidos, y se pueden ver las vigas que los cruzan. En la cocina quedan apenas unos azulejos y un sótano tapeado por escombros.

Al cerrarse este representativo espacio social y cultural, el barrio perdió más que un restaurante donde se pasaba bien y se comía mejor. Se marchaba el emblema de la zona. El Cerro se quedó sin un lugar donde salir de la rutina y del que sentirse orgulloso. Ahora, Machado y Escope, un matrimonio con dos hijas, pretenden devolver ese lugar al barrio. Para ello, irán por etapas. Lo primero, será concientizar a quienes viven en la zona de que el parador también les pertenece y habrá que cuidarlo. En el evento de hoy explicarán lo que van a hacer, cuáles son los objetivos del proyecto, qué ideas tienen para el barrio.

“Esa es la diferencia con otros emprendimientos. Otros van y construyen, nosotros les mostramos antes lo que vamos a hacer”, dijo Escope a El Observador. “Buscamos que se valore lo que tenemos y protegerlo”, añadió. Machado coincide. “No queremos hacer nada antes de concientizar a la población. Queremos mostrarle nuestro plan de acción, nuestro plan multicultural para el parador del Cerro”, aseguró.

Ambos están seguros de que esto “funcionará” y confían en la colaboración de la gente del entorno, conflictivos algunos y trabajadores la mayoría. Por lo pronto, los habitantes del asentamiento ubicado entre la fortaleza y el parador colaboraron con cortar chilcas y yuyos que habían invadido los alrededores del edificio y dejaron un espacio en condiciones para la actividad de hoy.

Machado y Escope decidieron vivir en el Cerro pese a que trabajan en Punta Carretas. El es fotógrafo y tiene su estudio en el barrio, ella es maestra y las hijas asisten a un colegio también en ese barrio. Van y vienen todos los días. El deseo de renovar el parador nació porque entienden que “no hay ofertas culturales” en el Cerro, dijo Nicolás.

Por eso además de generar un lugar donde poder comer fuera de casa, se implementará una variada oferta cultural para todo el barrio. Para ellos es fundamental “darles herramientas, brindarles el acceso a la información”. El renovado parador del Cerro se presentará como un “espacio multicultural”.

La pareja prevé realizar la construcción en tres etapas, más el tiempo que lleve el papeleo. Esperan ver en funcionamiento el renovado parador dentro de un año y reinaugurarlo durante el fin de semana del Patrimonio de 2013. Afirman que existen interesados privados para financiar el emprendimiento y que es un tema sobre el que están trabajando. Tienen la convicción de que la intendencia les dará la adjudicación del lugar y no llamará a licitación como sucedió en el pasado. Hubo un momento en que se pensó utilizar el local como hogar del Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) y en otro cederlo a una agrupación lubola.

Los emprendedores se proponen que allí funcione por un lado un restaurante y por otro un espacio cultural. Las ventanas y paredes serán totalmente vidriadas, con el objetivo de “dejarse ver”. “Con el vidriado, con esa transparencia, queremos dar una imagen de integración con el entorno”, aseveró Escope.

Esa iniciativa incluye una escuela de arte, en la que habrá clases de música, fotografía, cuidado personal, baile y teatro; también funcionará una escuela de cocina internacional (criolla, china, gallega, eslovena, italiana, mexicana, griega y armenia, con platos típicos de cada lugar). Por último, se instalará una productora audiovisual en la que se enseñará publicidad así como programas de entretenimiento y miniseries. l

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