Luego de ocho años, la Unión Europea (UE) y la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac) volvieron a sentarse a la mesa en Bruselas. La instancia tuvo un por qué y un para qué y de eso te propongo hablar en este nuevo En Suma.
Previo a la cumbre, junto a un grupo de periodistas de Argentina y Uruguay, me reuní con distintas autoridades de la UE en Bélgica; tuvimos la oportunidad de escuchar, preguntar y repreguntar sobre los asuntos geopolíticos que propiciaron este postergado encuentro entre ambas regiones. Además, pusimos especialmente el foco en el Acuerdo Estratégico UE-Mercosur y en los asuntos bilaterales con Uruguay.
1. La UE juega al “Catan” en América Latina (y el mundo)
¿Jugaste alguna vez al “Catan”? En cada partida de este juego de mesa los participantes reciben recursos para desplegar sobre el tablero. Pueden comprar o intercambiar bienes, como alimentos y animales, también construir infraestructuras, como puentes, caminos y pueblos. El objetivo es extender su alcance garantizando el acceso a los cursos de agua, los puertos y los alimentos, así como lo necesario para potenciar su desarrollo. “Catan” es un juego de estrategia, negociación e ingenio; si se quiere, una reversión del Monopoly.
Algo parecido sucede con la UE y su Global Gateway, un programa que promueve lazos estratégicos con distintas regiones del mundo, especialmente con América Latina y África. Salvando la metáfora ―que en los hechos puede aplicarse a cualquier país o bloque con miras a establecer lazos comerciales, políticos y culturales―, el objetivo de la UE es anclar una sociedad de mutuo beneficio en áreas estratégicas: derechos humanos y democracia, digitalización y desarrollo tecnológico, medio ambiente y desarrollo sustentable. En ese marco, destinará unos 50.000 millones de euros en 130 proyectos en América Latina en programas de cooperación y estudios estratégicos para promover inversiones.
¿Por qué la UE incentiva esto y por qué lo hace en este momento? El contexto es clave: la UE busca autonomía energética de Rusia e industrial de China. La Invasión a Ucrania terminó de erosionar el vínculo diplomático con el Kremlin, mientras la avanzada comercial y estratégica que China despliega hace décadas con su Ruta de la Seda despabiló a los países europeos, que ahora encienden motores en la misma dirección. Para la UE, América Latina y el Caribe es un socio natural, no solo por la conexión cultural, sino por la complementariedad comercial. Afianzar esos lazos es necesario y la UE lo explicita con transparencia.
La cumbre, posterior a la presentación del Global Gateway, es una forma de materializar esta nueva etapa, que busca alinear los intereses de ambas regiones. Un “Catan”, a su manera, con múltiples ganadores.
2. Dos décadas de negociaciones entre la UE y el Mercosur
AFP
El presidente uruguayo tuvo una reunión mano a mano con su par francés, Emmanuel Macron
Una negociación eficiente no solo implica beneficios para las partes, sino el timing propicio. Las tortas pasadas de horno no le saben bien a nadie. Sin embargo, tras 23 años de conversaciones el acuerdo entre la UE y el Mercosur parece haber ganado una nueva bocanada de aire en esta última cumbre, donde se alinearon los astros de la geopolítica y la necesidad. Es un nuevo mojón, pero está exigido a no quedar en la nada para que el instrumento y los interlocutores no pierdan credibilidad.
Seamos justos: el acuerdo político se había alcanzado en 2019 pero entonces Alemania y Francia, dos países que inclinan la balanza, no le dieron prioridad a cristalizar las intenciones en un documento final. Alemania estaba enfocada en sus asuntos internos y Francia en defender sus intereses, adoptando una postura proteccionista. Entonces, la UE puso peros y sumó condiciones.
Además, el expresidente brasileño Jair Bolsonaro era considerado una figura “tóxica”, dijo una fuente de la UE en Bruselas. Con la llegada de Luis Inácio Lula Da Silva al sillón presidencial del gigante sudamericano, los ánimos y los incentivos cambiaron. La UE presentó un documento adicional, llamado side letter, que incluía condiciones medioambientales, especialmente en lo que respecta a la deforestación en la Amazonia, y en línea con nuevas leyes europeas que a partir de 2024 vedarán importar bienes fabricados en países que no apliquen normas sustentables. Es decir, las naciones que no se alineen con esos objetivos quedarán, más temprano que tarde, embretadas en términos comerciales y perderán ese mercado.
Esto no le simpatizó a Brasil. Entre líneas, a Lula no le gustó que le impusieran desde Europa lo que debe hacer, menos aún cuando su campaña electoral contempló la deforestación en la Amazonia y su ministra de Medio Ambiente es Marina Silva, reconocida y galardonada ambientalista. Argentina, como Brasil, puso peros al documento, pero accedió a avanzar tras descartar perjuicios.
Lula, que no confirmó su presencia a la cumbre hasta último momento, finalmente asistió y llevó bajo el brazo la contrapropuesta del Mercosur a la side letter de la UE, cumpliendo con las expectativas de los europeos pero especialmente de sus socios más pequeños en el bloque sudamericano. “¡Uruguay está listo para firmar! También Paraguay”, dijo un técnico de primera línea de la UE a los periodistas en Bélgica, semanas antes de la cumbre.
La cancillería uruguaya siempre se manifestó en la misma línea. “Por Uruguay no va a ser que no avance el acuerdo”, me dijo el vicecanciller Nicolás Albertoni antes de viajar, y agregó que Uruguay no le quita el cuerpo a los asuntos ambientales porque los tiene asumidos como “política de Estado”.
“Basta de palabras, de 25 años de negociación”, dijo el presidente uruguayo Lacalle Pou en Bruselas este martes. El mandatario, sin pelos en la lengua, reclamó acción y celebró que las conversaciones se retomen. De acuerdo con la agenda, las negociaciones volverían a activarse en agosto, con evaluaciones sobre los planteos que realizó el Mercosur.
Pero habrá que ver cuánto avanza el walk the talk al que se refirió Lacalle Pou. Lo cierto es que existe una ventana de tiempo para que el acuerdo se concrete, que está pautada por las elecciones en la Unión Europea que tendrán lugar el próximo año, a lo que se suma el corsé de un pormenorizado proceso burocrático cuando se acuerde el texto. Lo que todos esperan es la foto de un nuevo acuerdo político entre la UE y el Mercosur, para luego avanzar con las ratificaciones necesarias. Si se llega a ese punto, habrá suspiros de alivio. ¿Probabilidades? 50% y 50%.
3. Uruguay, amén del Mercosur
Uruguay es visto por la UE como el alumno ejemplar de la clase, con buen rendimiento y buena conducta. Un socio estratégico, con quien el diálogo está aceitado. Más allá de la negociación comercial que se plantea a nivel del Mercosur, la UE busca avanzar con Uruguay en la renovación de acuerdos de cooperación que estaban vigentes desde la década de los años noventa y que requieren un aggiornamento.
De Bruselas, Uruguay se trajo una mención especial: un memorándum de entendimiento en materia energética, con énfasis en hidrógeno verde, un recurso en el que tienen especial interés los países europeos para consolidar su autonomía energética basada en la sostenibilidad.
El compromiso es neutralizar las emisiones de carbono para el año 2050 y promover la llegada de inversiones europeas en el rubro a Uruguay, catalogado como un país con sello verde por el alto componente de renovables en su matriz energética.
En suma, una nueva partida se reinicia en términos de diplomacia comercial. El tiempo dirá si las cartas fueron buenas y los jugadores desplegaron su mejor estrategia. Nos leemos en dos jueves.