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31 de diciembre 2021 - 5:04hs

Haber sido el “presidente coronavirus” le dio a Luis Lacalle Pou una aprobación que no era imaginable y lo fortaleció.  La solvencia con la que se manejó en aquellas primeras conferencias de prensa en horario central, la creación del GACH, la defensa de la libertad que colocó al país en una situación de privilegio lo ubicaron en inmejorable posición para un recién estrenado en el cargo y habida cuenta del desafío que enfrentaba.

Cuando la situación sanitaria se complicó y las muertes por la pandemia se dispararon e hizo oído sordos a los reclamos de mayores medidas, en abril, mayo y junio de este año, todo hacía pensar que su aprobación se desplomaría. Pero no sucedió. Siguió teniendo una alta popularidad. Recién en agosto, según la medición de la consultora Opción, la desaprobación llegó al 26% y la aprobación al 46%, la medición más baja desde que asumió, nueve puntos porcentuales menos respecto a la medición anterior. 

Terminó el año con 50% de aprobación y con un 28% de desaprobación, según la última medición de Equipos presentada en Subrayado la semana pasada. 

Pasando en limpio, el mandatario mantiene un apoyo significativo de la población teniendo en cuenta que cosechó menos de un tercio de los votos en primera vuelta y ganó por escaso margen en la segunda. Según sostuvo la medición de Equipos, los juicios de los uruguayos sobre el presidente han mostrado más estabilidad que cambio.

Un presidente presente 

En la campaña prometió que sería un presidente presente. En entrevista con El Observador, el 1 de marzo de 2020, anunció que destinaría los viernes a recorrer el país y caer de sorpresa en ciudades y pueblos del interior, aunque luego no lo pudo cumplir por la pandemia. Su concepción de presidente “es estar en el lugar”, decía. “A mí me gusta, me mantiene vivo. Estoy en política por la gente y si me sacás la gente pierdo la razón de existir como dirigente político, en este caso como presidente. Quiero que el uruguayo sienta que cuando se levanta hay un presidente que le habla a la oreja, que lo quiere, que lo respeta, que está ahí”, agregó en esa entrevista.

En un estilo más similar al del presidente José Mujica o Jorge Batlle, cambió la pisada respecto a su antecesor que se sumergía en profundos y prolongados silencios, y desaparecía de la agenda pública por semanas.

Con la pandemia mantenida a raya, a partir de agosto el presidente volvió a moverse en la cancha en la que juega más cómodo, participando de todo tipo de actividades y rodeándose de gente. Las selfies que lo acompañaron durante toda la campaña volvieron a tomar protagonismo. 

Diciembre fue un buen ejemplo del presidente presente en todos lados: desde actos protocolares del gobierno hasta inauguraciones tanto en la actividad pública como privada, sin dejar de sorprender a algún vecino o niño que le escribió o le hizo alguna invitación. Ese fue el caso de una niña de la escuela 106 de San José, que le había enviado una carta para pedirle que la escuela no cerrara. "Viste que cumplí", le dijo Lacalle a la niña cuando se apareció de sorpresa en el centro educativo.

Facebook Luis Lacalle Pou El presidente Luis Lacalle Pou participó del encendido de la paella gigante en el puerto de Piriápolis

En materia de inauguraciones estuvo en un tramo vial entre la calle Siberia y el camino Cerdeña, del Municipio F de Montevideo, en la Plaza de Toros de Colonia, y esta semana en el lujoso edificio de Punta del Este Fendi Château, una inversión de US$ 150 millones desarrollado por un empresario argentino. También estuvo en la celebración de los 70 años de la empresa constructora Saceem y en los 30 años del Instituto de la Juventud (INJU), en la premiación a los exportadores y encabezó el inicio de la temporada turística en Piriápolis con la tradicional paella gigante.

Además de participar en actos protocolares, como la conmemoración de los 225 años de creación del Regimiento Blandengues de Artigas de Caballería; o la ceremonia de colación de grado de los alféreces en la Escuela Militar de Toledo,  participó de la graduación de egresados de la Universidad Católica del Uruguay, en donde hace dos décadas se graduó como abogado.

La más rimbombante de sus salidas fue la visita al Congo para pasar Navidad con los cascos azules, en donde pasó mensajes muy claros hacia las Fuerzas Armadas. 

Quienes lo cuestionan, señalan sus salidas y su contacto con la gente como un golpe de marketing, y sin duda hay algo de estrategia de comunicación pero también del estilo personal del mandatario. 

Presidencia En la localidad de Los Cerrillos (Canelones) en la entrega de tierras de Colonización a tamberos

Su intensa actividad coincidió con una conflictividad sindical que trepó y se mantiene latente en algunos casos como Ancap, el puerto y la educación. También coincidió con el duro revés –aunque esperable- de la confirmación del referéndum para derogar 135 artículos de la LUC que se someterá a votación a fines de marzo. Su buque insignia, ya anunciado en la campaña, fue defendido en toda oportunidad por Lacalle Pou -ha repetido como un mantra que la norma no ha generado ningún perjuicio y en seguridad ha sido un espaldarazo para la Policía- y está en su derecho de hacerlo siempre que no participe de actos partidarios.

Un presidente accesible y que eligió rival

La Torre Ejecutiva también ha visto desfilar este año a dirigentes de todo pelo y color, así como deportistas y empresarios. Y aunque en algún momento fue cuestionado por su elección de recibir a unos y no a otros (como sucedió cuando se reunió con la candidata opositora del SMU y no a la representante de la oficialista Fosalba que resultó ganadora, o su decisión de nunca convocar al entonces presidente del FA, Javier Miranda, con quien notoriamente se llevaba mal), tanto él como el secretario de la Presidencia Álvaro Delgado recibieron, más tarde o más temprano, a casi todo el que pidió un encuentro.

Estratégicamente eligió rival al mantener línea directa y varios encuentros “pico a pico”, como suele decir, con la intendenta Carolina Cosse. Luego de que la jefa de Montevideo enviara una carta poniéndose a disposición para tomar medidas para enfrentar la pandemia, Lacalle Pou la convocó a la Torre Ejecutiva sobre final de 2020. En abril volvieron a reunirse aunque esta vez lo hizo junto a los intendentes frenteamplistas Yamandú Orsi (Canelones) y Andrés Lima (Salto). En mayo y en junio tuvieron un nuevo encuentro en la Residencia de Suárez. Esta semana la volvió a recibir por el préstamo del BID que tramitó para obras.

Camilo dos Santos El presidente y la intendenta Cosse en plaza Independencia

Este jueves fue el turno de Fernando Pereira, recientemente electo presidente del Frente Amplio.

Un presidente con aspiración internacional

El control de la pandemia le permitió en setiembre cumplir con su primera gira por el exterior. Empezó por México, dónde participó de un foro creado por la izquierda latinoamericana, y lanzó un discurso confrontativo con Cuba, Venezuela y Nicaragua, lo que lo llevó a un enfrentamiento directo con Nicolás Maduro y Miguel Díaz Canel y lo convirtió temporalmente en un ícono del eje anti castrista-chavista en toda la región. Luego participó de la Asamblea General de la ONU, en Nueva York, donde tuvo un nuevo gesto con Israel al confirmarle a las autoridades de la B'nai B'rith internacional que Uruguay no participaría de la cumbre de Durban, una conferencia de la ONU que Israel califica de "antisemita".

También aprovechó el viaje a Estados Unidos para enviar algunas señales políticas a Washington, a pocos días de haber anunciado el comienzo de un estudio de factibilidad con China para un eventual Tratado de Libre Comercio (TLC) bilateral. Se reunió con jerarcas del gobierno de Biden y ratificó que también puede ser un socio para los intereses geopolíticos de Washington, replicando una política exterior de balance entre los dos poderes que inspirada en algún antecesor.

Más cerca, con sus socios del Mercosur se aferró a una estrategia de presión y enfrentamiento con Brasil, que hasta ahora no ha mostrado resultados, aunque aún es temprano para sacar conclusiones. Por lo pronto, Uruguay aparentaría estar algo más aislado del bloque que cuando asumió hace casi dos años.  

Capacidad de decisión

No dudó en sacar ministros o jerarcas que no estaban en sintonía con el tono político que pretende darle a su gobierno, así fue que en mayo destituyó a Pablo Bartol del Mides, pese a haber hecho campaña exhibiéndolo como su gran apuesta. También le pidió la renuncia a Carlos María Uriarte de Ganadería. Se le complicó más con la salida de Germán Cardoso de Turismo, donde quedó mal parado al defenderlo primero, y luego dejó el tema en manos de sus socios colorados para que se ocuparan del asunto.

Defendió a rajatabla algunas decisiones cuestionadas de su gobierno como el acuerdo con Katoen Natie -respaldó a los jerarcas que firmaron el documento y se hizo cargo-, y cumplió con el veto a la ley forestal aprobada por el Frente Amplio y sus socios cabildantes, con quienes existió notoria molestia.  

Los desafíos para 2022: año bisagra para el mandato

El primer escollo que tendrá en 2022 será el referéndum. El presidente confía en que la aprobación de su gestión se traducirá en una victoria del No. Un análisis de Opción consideraba que la "intención de voto según aprobación de gestión confirma esta presunción, mostrando un claro efecto escalera: a medida que se incrementa la desaprobación de gobierno, crece la intención de voto en favor de la derogación de la ley".

Si gana será será momento de concreciones, como le anunció este miércoles a los ministros en el último consejo del año. Si pierde, será un golpe duro para el gobierno, pero con más razón estará obligado a revertir rápidamente la derrota. Se acercará la mitad de su mandato, por lo que asentado su liderazgo será momento de mostrar resultados tangibles para los votantes, mientras que deberá seguir articulando internamente para extender la salud de la coalición la mayor cantidad de tiempo posible antes que arremeta el nuevo tiempo electoral. 
 

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