28 de julio de 2011 21:40 hs

Tres personajes centrales: el sicario que lo va a matar, el artista que lo va a pintar, y Artigas, el político, recrean la historia del origen de la nacionalidad oriental. En el marco de la serie Libertadores, un proyecto de Televisión Española en conmemoración del bicentenario de la independencia latinoamericana, que consta de ocho largometrajes, se presenta Artigas, La Redota, una realización del codirector de la película uruguaya El baño del Papa y reconocido director de fotografía, César Charlone.

“En este país se venera un prócer, una figura muy curiosa que es reivindicada por los grupos más opuestos. Nosotros creemos que debe haber una imagen de Artigas por cada uruguayo”, dice César Charlone, a propósito de La Redota, que esta noche llega a las salas uruguayas, la primera en hacer foco sobre Artigas con importantes estándares de producción audiovisuales. “Constatamos durante el rodaje que en algunos lugares del interior nos decían “usted sabe que Artigas se hospedaba aquí, en este campo. Todos tenían algo que contar sobre Artigas y no faltó alguno que apareciera con un objeto de su abuela atribuido a él. Así nos dimos cuenta de que hay un Artigas en la cabeza de cada uruguayo”, cuenta el director.

Ante esa cuestión, Charlone cuenta que lo resolvieron realizando entrevistas y lecturas hasta generar “un Artigas nuestro, al que (el escritor) Pablo Vierci le llama el ‘conductor conducido’”. “En un parlamento de la película, un hombre enviado a matar a Artigas, simulando ser un periodista, le dice que debe consultarlo sobre ciertos asuntos, y él le contesta: ‘A mí no, hable con ellos. Yo soy lo que ellos quieren’. Ese concepto lo apliqué también en mí, haciendo una película que tiene mucho aporte de todos; hasta en la elección de Jorge (Esmoris), escuché a la gente. Yo vivo en Brasil y era muy atrevido de mi parte, después de vivir tanto afuera, tomar esas decisiones solo. La vestuarista Alejandra Rosasco, por ejemplo, reprodujo la obra de Blanes. El cuidado con que ella descoloría los azules de los uniformes hizo que después el trabajo fuera muy fácil; yo sólo tenía que hacer ‘clic’”.

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A propósito de Blanes, Charlone explica su decisión de enfocar la película a través de la historia de esa pintura clásica que conocen todos los uruguayos: “Cuando estábamos en el proceso de escribir el guión, surge la anécdota de que Máximo Santos, para calmar un Uruguay donde estaban matándose lavallejistas y riveristas, propone establecer una figura unificadora y representarla, porque todas las grandes naciones tienen una. Blanes pinta a Artigas por medio de frases, lo único que tiene de él son pensamientos, trata de imaginárselo y lo inventa. En un momento de la película, Blanes le dice “Su excelencia, es muy difícil hacer un retrato con frases”, y Santos lo autoriza a inventarlo. Es muy curioso, porque mucha gente me dice que Esmoris no se parece a Artigas y cuando yo les pregunto cómo saben, todos me contestan que lo vieron en el cuadro de Blanes, una imagen que él inventó. Esta idea nos gustó mucho”. El director aprovechó también para defender la presencia del actor: “Cuando hacés una película, te abstraés de lo que el actor hizo antes. Esmoris, por ejemplo, fue elegido por lo que rinde en la pantalla. En el caso de Luciano Supervielle, que hizo la música, ya había trabajado conmigo en El baño del Papa. Es muy serio, y sabía que él iba a investigar. La música no es de época pero es muy acorde a la historia. Teníamos una preocupación grande de presentar un personaje de época tratado contemporáneamente”.

Charlone, de destacadísima trayectoria en el exterior, confesó que siempre quiso hacer una película uruguaya para ser vista en el exterior. “Me propuse mostrar el Uruguay y lo hice con la excusa del viaje del sicario, que va desde Montevideo al Ayuí a matar a Artigas, pasando por Lavalleja, Rocha y otros lindos paisajes”.

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