23 de julio 2013 - 17:20hs

Cuando el ginecólogo real Marcus Setchell, ex ginecólogo de la reina Isabel entre 1990 y 2008 y caballero de la Real Orden Victoriana, el súbdito encargado de sacar al niño de casi cuatro kilos desde el vientre hinchado de Catalina hacia el mundo exterior, sucedieron varias cosas al mismo tiempo.

La reacción se magnificó desde esa sala de parto en el hospital Saint Mary’s del barrio londinense de Paddington, hacia Gran Bretaña y al mundo entero de forma inmediata. Canales de televisión, medios digitales y redes sociales reprodujeron la noticia al instante.

En la tarde de ayer, los felices padres emergieron del hospital y mostraron unos instantes a su retoño frente a las cámaras del mundo. Incluso, a Guillermo le dio el tiempo de bromear diciendo que el niño tiene más pelo que él, refiriéndose a su incipiente calvicie.

El mundo vio al niño 24 horas después de su nacimiento. A lo largo de la historia, este parto privado es bastante nuevo. Hasta el siglo XIX, los partos reales eran públicos y había mucho celo en ver que no se maltratara al niño y ni se cambiara por otro.

Pero a las cuatro de la tarde (hora de Londres) del lunes pasado también se produjo una modificación en la línea sucesoria de la corona británica. Luego de la reina Isabel II, de 87 años y ahora convertida en bisabuela por este niño varón del que aún no se conoce públicamente su nombre (aunque sí se sabe que su título nobiliario será Príncipe de Cambridge), la línea sucesoria al trono sigue a la cabeza con Carlos, el príncipe de Gales, el nuevo abuelo. Luego viene el príncipe Guillermo, también príncipe de Gales. El tercero en la línea sucesoria ahora es este recién nacido. Al cuarto puesto quedó desplazado su tío Harry, quien en una posible trama shakespearana ya podría estar tramando encerrarlo en la Torre de Londres para llegar a ser rey.

Chistes aparte, según los cambios introducidos en la legislación real en octubre de 2011, aunque el hijo de Guillermo y Catalina hubiera sido una niña también hubiese tenido esa posición en la línea sucesoria. El cambio implica que una hija mayor a cualquier hermano varón tiene derecho a ser reina antes.

Este cambio es una variante de la ley anterior, que entre otros aspectos le impidió a la princesa Ana, única hija mujer de Isabel II, tener una mejor posición en la línea sucesoria frente a sus hermanos menores Eduardo y Andrés.

Los curiosos de los detalles se podrían preguntar cómo sigue la línea sucesoria después del fiestero y jovial Harry. Con el número 5 en la espalda viene Andrés, el duque de York, (“el principito”, según el general argentino Mario Menéndez, gobernador de las Islas Malvinas en la guerra de 1982). Al momento de nacer, en 1960, Andrés tenía el número 2 en la lista. Pero desde entonces ha visto sus intereses decaer con cada nuevo nacimiento de los hijos de su hermano Carlos. El bebé real lo hace bajar un nuevo escalón. Luego vienen Beatriz, de 24 años, y su hermana Eugenia, de 23, hijas de Andrés con la polémica Sarah Ferguson, su ex esposa.

Pero como ya se ha visto, esta lista de herederos es muy flexible y está sujeta a cambios imprevistos. Basta recordar el famoso suceso de 1936, cuando el legítimo heredero al trono, Eduardo VIII, abdicó ante la sorpresa del mundo y el escándalo de la clase gobernante de su país, para casarse con la plebeya estadounidense Wallis Simpson. De esta manera llegó a ser rey Jorge VI, hermano menor de Eduardo y quien hasta ese momento había vivido a su sombra, con un perfil claramente bajo.

Nadie esperaba que Jorge se convirtiera en rey, pero cuando el amor triunfó por sobre la herencia real y las convenciones monárquicas, de pronto quedó encima del tan ansiado trono.

Su nombre oficial fue Jorge VI y ostentó la cabeza de la monarquía británica entre diciembre de 1936 y febrero de 1952, cuando murió joven (no tenía todavía 60 años), producto de un cáncer de pulmón por su irremediable hábito de fumar mucho.

De esta forma dejó el trono a su hija mayor, Isabel. La llegada al trono sólo la hubiese detenido un hermano varón que sus padres, para felicidad de ella, nunca tuvieron.

Aquella hija sonriente y con cáracter que asumió en 1952 se ha transformado con el correr de las décadas en la segunda más longeva en el trono, con 61 años de reinado, dos menos que los de la primera Isabel, la admiradora de William Shakespeare.

Hoy el heredero es Carlos, su primogénito, el abuelo del príncipe de Cambridge.

Quienes ostentan el número uno en la lista sucesoria reciben en inglés la denominación de “heir apparent”, que se podría traducir como “heredero natural”, aunque su traducción literal de “aparente” también funciona. Porque nadie sabe qué puede pasar con el destino de estos hombres y mujeres que reciben un cargo que podrá para muchos parecer anticuado o incluso meramente simbólico pero que mueve fama, dinero e influencias a escala global.

Si Carlos muere antes de que lo haga su madre, entonces Guillermo quedará en puertas del reinado.

Si muere Isabel, entonces Carlos se sentará en el trono y los otros deberán esperar. Si mueren Carlos y su madre entonces será Guillermo quien acceda al trono. Dependiendo de una larga serie de hechos, algún día el niño que nació el lunes y del que todavía no se sabe el nombre podrá ser rey. Parafraseando a los Beatles: es “un camino largo y sinuoso”. Si eso sucede o no, ya es cuestión para otro artículo.

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