14 de junio de 2015 23:34 hs

La recesión de este año en Brasil y el incierto crecimiento magro pronosticado para los dos siguientes agravan, en el mediano plazo, las perspectivas de la economía uruguaya, que ya sufre el impacto de una sostenida caída exportadora. El gobierno de la presidenta Dilma Rousseff enfrenta el riesgo de que el aumento de las tasas de interés para controlar la inflación y el severo ajuste fiscal en marcha para reducir el déficit del Estado agudicen aun más la recesión. Pese al anuncio de un paquete de US$ 64.000 millones en concesiones a inversores privados para reactivar la economía con obras de infraestructura, la predicción oficial admite una contracción del 1,2% en el Producto Interno Bruto (PIB) en 2015 y modesto crecimiento del 1% el año próximo y 1,8% en 2017. Economistas privados son más pesimistas, estimando un déficit de 1,8% este año y un crecimiento de apenas el 0,6% en 2016.

Se ignora hasta cuándo Brasil podrá atraer cuantiosos capitales privados, locales y externos, en momentos en que la eventual suba de las tasas de interés en Estados Unidos retraerá la inversión en los países emergentes. Este panorama se ensombrece por la eliminación de exenciones tributarias a la industria y aumentos de impuestos, parte de un ajuste fiscal que incluye también reducción de jubilaciones, de seguros de desempleo y del gasto público. El ministro de Planificación, Nelson Barbosa, que comparte con el de Finanzas, Joaquim Levy, el peso de los intentos de recuperación, sintetizó la política oficial en la necesidad de aumentar la demanda, la inversión y la productividad.

Levy ha señalado que, para generar confianza que atraiga masiva inversión privada, se procura este año un superávit fiscal primario, antes del pago de intereses de la deuda pública, del 1,2% del PIB, luego de haber sufrido el país el año pasado el primer déficit primario en 10 años. Pero por ahora todo son apenas esperanzas, que enfrentan además el obstáculo del fragmentado sistema político. El Parlamento incluye una vasta gama de partidos que, aunque en general respaldan la necesidad del ajuste fiscal, discrepan en el alcance de muchas medidas que golpean a una población con altos índices de pobreza.

Más noticias

Los efectos sobre Uruguay son tan ominosos como inevitables. Ya nos castigó la desesperanzada decisión brasileño-uruguaya de esfumar un pronto acuerdo de libre comercio con la Unión Europea, al descartar su anterior decisión previa de avanzar por su cuenta sin Argentina. El cambio estuvo guiado presumiblemente por razones de imagen de unidad política del descalabrado Mercosur, costoso error por la imposibilidad de que el gobierno kirchnerista deponga el obstruccionismo proteccionista con que ha trancado las negociaciones con Europa.

La economía uruguaya está claramente mejor que el desorden en Argentina y la retracción en Brasil. Pero la industria automotriz y otros importante rubros de exportación ya sufren caídas considerables de ventas a nuestro principal socio comercial. Al agregarle la baja de precios internacionales a nuestras exportaciones del agro y la caída del 0,4% en la producción industrial, excluyendo las plantas de celulosa y la refinería de ANCAP, se torna más imperativo ajustar al máximo la prudencia fiscal que ha prometido el gobierno. Es la única forma de abatir el acrecido déficit fiscal y contrarrestar en algo el impacto adverso de nuestros alicaídos vecinos.

Te Puede Interesar

Más noticias de Argentina

Más noticias de España

Más noticias de Estados Unidos