España ha sido desde su concepción el tema que ha obsesionado al escritor Juan Goytisolo, quien a pesar de ser un gran crítico del statu quo cultural y político de su país aceptó el Premio Cervantes que el estado español le concedió ayer, el galardón más importante de las letras en habla hispana, “por su capacidad indagatoria en el lenguaje”, según el fallo dado a conocer por el ministro de Cultura español, José Ignacio Wert.
Quizás ese entramado histórico entre la grandeza y la decadencia, entre lo épico y lo trágico, entre lo humorístico y lo terrorífico, tan absolutamente español, se presente de forma escrita en la obra de Goytisolo, nacido en Barcelona, viajero por el mundo y hoy, ya viudio, residiendo en la ciudad marroquí de Marrakesh.
El jurado, presidido por José Manuel Caballero Bonald, Premio Cervantes 2012, decidió conceder el galardón, dotado con 125.000 euros, a Goytisolo tras siete votaciones sucesivas.
Para Caballero Bonald, Goytisolo es “una de las cumbres literarias españolas desde la posguerra”, un escritor que evolucionó desde el realismo social a la indagación del lenguaje, lo que le ha llevado a ocupar “un lugar ineludible” en las letras hispanas.
Goytisolo, perteneciente a una familia burguesa catalana que también dio a otros dos escritores como sus hermanos Luis y José, tuvo siempre una relación conflictiva con su nacionalidad y con lo que esta representaba para su vida y su obra.
Su carrera literaria comenzó en la década de 1950, desde un realismo descarnado y social, donde se destacaron obras como Juego de manos, su debut, Duelo en el Paraíso y los relatos Fin de fiesta.
Vive un par de años en París, donde trabaja colaborando con la editorial Gallimard. Allí conoce a quien será su esposa, la francesa Monique Longe.
En 1961, escribe la crónica de viaje Campos de Níjar, sobre una región árida y muy pobre de la provincia de Almería. El libro representa una denuncia sobre un sector de la población española que quedaba por fuera del milagro económico de la dictadura de Franco.
A mediados de los años de 1960, la censura del régimen franquista lo obliga a trabajar como profesor de literatura en varias universidades de Estados Unidos.
A lo largo de los años, su obra se diversifica y pasa de la narrativa pura y dura al ensayo, a la reflexión teórica y también a la poesía, sin soslayar tampoco la crónica periodística y las columnas que publica semanalmente en el diario El País de España.
Así, publicó largos reportajes sobre las guerras en Yugoslavia, en Chechenia, en Argelia, y exploró el panorama cultural del Mediterráneo árabe y su idioma. También ha escrito varios libros de memorias y autobiografías.
Desde que enviudó en 1996 vive en Marruecos, donde ha sostenido algunos puntos de vista políticos que han producido polémica. En 2012, declaró que abandonaba la narrativa, porque ya no tenía mucho para decir, aunque sí publicó poesía.
Este escritor que tiene tanto mundo y tantas páginas encima a lo largo de las décadas mantiene una obsesión de heredoxo en España, de gran disparador de dardos sobre los algunos esquemas simbólicos de la milenaria cultura de su país, desde el pasado moro y la tradición de Cervantes hasta el presente, con el que se muestra bastante crítico.
En una entrevista publicada ayer en El País de España, Goytisolo se mostró tan rebelde y crítico como siempre y atacó la idea de la “Marca España” como un país adelantado en Europa y modelo, mientras mucha gente lo pasa mal en el costado más crudo de la crisis. También expresó su escepticismo sobre los premios y sobre su figura en el ámbito ibérico.
“Cuando me dan un premio, sospecho de mí mismo. Hace años me declararon persona non grata y ahora me premian”, dijo.