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El código Morse marca 175 años y contando

Todavía hay muchas razones para saber cómo utilizar el código telegráfico de puntos y rayas

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02 de junio de 2019 a las 05:00

Eddie King / The Conversation

 

El primer mensaje enviado por los puntos y rayas del código Morse viajó desde Washington DC a Baltimore el 24 de mayo de 1844, hace 175 años. Fue la primera vez en la historia en que se lograba comunicar pensamientos complejos entre lugares alejados entre sí de manera casi instantánea. Hasta entonces había que conversar cara a cara, enviar mensajes codificados mediante tambores, señales de humo y sistemas de telégrafos ópticos o leer palabras impresas.

Gracias a Samuel Morse, la comunicación cambió rápidamente, y desde entonces ha seguido cambiando cada vez más deprisa. Morse inventó el telégrafo eléctrico en 1832. Luego tardó otros seis años en normalizar un código para comunicarse a través de los cables telegráficos. En 1843, el Congreso de EEUU le concedió US$ 30 mil para que tendiese un cableado entre la capital del país y la vecina Baltimore. Cuando la línea estuvo acabada, el inventor hizo una demostración pública de la comunicación a larga distancia.

Morse no fue el único que trabajó para desarrollar una manera de comunicarse a través del telégrafo, pero la suya es la única que ha sobrevivido. Los cables, los imanes y las claves utilizados en la demostración inicial han dejado paso a las pantallas táctiles de los teléfonos móviles, pero el código Morse se ha mantenido esencialmente igual, y en el siglo XXI, quizá para sorpresa de algunos, conserva su relevancia. 

Envío fácil

La idea clave de Morse a la hora de elaborar su código fue la de tener en cuenta con qué frecuencia se emplea cada letra en inglés. Las más habituales tienen símbolos más cortos. La “e”, que es la que aparece más a menudo, se representa mediante un punto. Por el contrario, la letra “z”, que es la menos utilizada en inglés, se representó mediante el mucho más largo y complejo “punto-punto-punto (pausa) punto”.

En 1865, la Unión Internacional de Telecomunicaciones modificó el código para que recogiese las diferentes frecuencias de los caracteres en otras lenguas. Desde entonces se han hecho otros retoques, pero la “e” sigue siendo “punto”. La “z”, en cambio, ahora es “raya-raya-punto-punto”.
La relación con la frecuencia de las letras hace las comunicaciones extremadamente eficaces. Las palabras sencillas con letras corrientes se pueden transmitir muy deprisa. Las más largas también se pueden enviar, pero se tarda más.

Sin cables

El sistema de comunicaciones para el que fue diseñado el código Morse –conexiones analógicas por cables metálicos que transmitían muchas interferencias y necesitaban una señal de tipo encendido/apagado muy clara para ser oídas– ha evolucionado de manera significativa. El primer gran cambio se produjo pocas décadas después de la demostración de Morse. A finales del siglo XIX, Guillermo Marconi inventó el radiotelégrafo, que permitía enviar el código de su predecesor a través de ondas de radio en vez de cables. 

Al sector del transporte marítimo le entusiasmó esta nueva manera de comunicarse con los barcos que estaban en el mar. En 1910, la legislación de EEUU exigió a los barcos de pasajeros que navegaban por aguas del país que llevasen equipos inalámbricos para mandar y recibir mensajes. Tras el naufragio del Titanic en 1912, un convenio internacional obligó a designar a una persona para que estuviese permanentemente a la escucha de señales de socorro por radio. Ese mismo convenio estableció que SOS –punto-punto-punto raya-raya-raya punto-punto-punto– sería la señal de socorro internacional porque era un patrón sencillo fácil de recordar y transmitir. La Guardia Costera suspendió la escucha en 1995, y en 1999 se suprimió la obligación de los barcos de vigilar la entrada de señales de socorro. 

Los aviadores también lo utilizan para identificar las asistencias a la navegación automatizadas. Se trata de radiobalizas que ayudan a los pilotos a seguir las rutas y a pasar de un transmisor al siguiente marcado sobre las cartas de navegación aeronáutica. Estas balizas envían sus identificadores –como, por ejemplo, “BAL” para Baltimore– en código Morse. Los pilotos suelen aprender a reconocer los patrones recurrentes de los transmisores situados en zonas que sobrevuelan con frecuencia.

Asimismo, existe una floreciente comunidad de radioaficionados que también concede un gran valor al código Morse. Entre sus miembros, el código representa una preciada tradición cuyo origen se remonta a los primeros días de la radio. Antes, la Comisión Federal de Comunicaciones exigía a todos los radioaficionados autorizados que demostrasen su dominio del Morse, pero en 2007 dejó de hacerlo. 

Otros mensajes

Como sus señales son tan sencillas –on/off, larga/corta–, el código Morse se puede utilizar también con luces intermitentes. Muchas fuerzas navales de todo el mundo emplean esta clase de luces para comunicarse de barco a barco cuando no quieren utilizar la radio o el equipo de radiotransmisión se estropea. Actualmente, la Marina estadounidense está probando un sistema que deberá permitir al usuario mecanografiar palabras y convertirlas en luz intermitente. El receptor leerá los destellos y los volverá a traducir a texto. En 2017, estos conocimientos ayudaron a un hombre herido a comunicarse con su esposa de un extremo a otro de una playa utilizando solamente su linterna.

Quizá el uso más notable del código Morse en época reciente sea el que hizo el piloto naval Jeremiah Denton mientras era prisionero de guerra en Vietnam. En 1966, al cabo de alrededor de un año de un cautiverio que duraría casi ocho, Denton fue obligado por sus captores a participar en una entrevista televisada. Mientras la cámara le enfocaba la cara, parpadeó los signos para la palabra “tortura”, confirmando así por primera vez los temores de EEUU acerca de las condiciones en que se encontraban los militares presos en Vietnam del Norte.

Parpadear en código Morse es lento, pero también ha ayudado a personas con enfermedades que les impiden hablar o comunicarse por otros medios. Existen dispositivos –entre ellos los iPhone y los móviles Android– que se pueden configurar para que acepten entradas en código Morse de personas con movilidad reducida.

Sigue habiendo muchas maneras de aprender Morse y practicarlo, incluso por internet. En situaciones de emergencia puede ser la única manera de comunicarse. Aparte de eso, el código tiene algo de artístico, un ritmo y una fluidez musical en el sonido. Enviarlo y recibirlo puede proporcionar una sensación relajante y meditativa mientras la persona se concentra en el flujo de caracteres, palabras y frases. El caso es que, a veces, para conseguir lo que se pretende basta con el instrumento más sencillo. 

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