Tenemos energía cara en este país y eso afecta nuestra competitividad internacional. Por ejemplo, el riego con agua a presión (pívots, cañones) aquí no ha avanzado. La razón no es que no resulte conveniente para bajar riesgos y poder usar paquetes tecnológicos más potentes (con más semillas y más insumos por hectárea) que generan rendimientos mayores. Aquí el riego no se ha expandido porque resulta muy caro regar, a causa del costo de la energía, sea eléctrica o gasoil.
El costo de agregar un milímetro de agua por hectárea se ubica en unos US$ 3; si hay que agregar 100 milímetros por hectárea, el costo se va a US$ 300, equivalente en orden de magnitud a toda la renta de la tierra.
Como no podemos regar, no somos buenos productores de maíz por ejemplo, cultivo que necesita para lograr costos por tonelada producida bajos, aplicar un paquete tecnológico de alta potencia, que garantice rendimientos superiores a 10 toneladas. Entonces las industrias dependientes del maíz, como las avícolas y porcinas, no logran alcanzar una franca competitividad internacional porque en el costo de producción de un kilogramo de carne blanca más de 70% es el grano, esencialmente maíz.
Por otro lado, el gasoil es clave para la producción rural y cada vez lo es más porque los paquetes tecnológicos se intensifican. Además el gasoil representa cerca de la mitad del costo de transporte de mercaderías por camión, que en Uruguay debe ser el más alto del mundo en tonelada por kilómetro.
Para tener una referencia, el gasoil en Uruguay cuesta $ 40 por litro, en Brasil un productor lo paga $ 21 y en Argentina $ 18. Mover una tonelada a lo largo de un kilómetro de carretera en Uruguay cuesta cerca de 18 centavos de dólar; en Brasil como máximo 10 (bajando a 3 cuando es por tren) y en Argentina 12.
A causa de esto los márgenes que quedan libres son menores, se invierte menos, se generan menos puestos de trabajo y los salarios reales son menores de lo que podían ser; en definitiva se crece menos y también se recaudan menos impuestos.
Mucha gente se confunde pensando que esto no debe ser cierto porque crecimos muy bien en la última década. Pero el asunto no es comparar cuánto crecimos contra nuestro pasado bajo otras condiciones internacionales totalmente opuestas, sino cuánto pudimos haber crecido con estas condiciones internacionales.
Veamos el mejor año de crecimiento del PIB de Uruguay dio un 7,5% en ese ejercicio, Paraguay creció 14,5%. ¿Entonces nuestro 7,5% fue muy bueno o bastante pobre, comparado con lo que debimos haber crecido? En mi opinión, fue bastante pobre y las razones son varias; una es nuestra falta de competitividad que, a su vez, tiene varias aristas y el costo de la energía es una de ellas.
Ahora bien, para bajar el costo de la energía hay dos caminos: reducir impuestos y bajar costos de generación eléctrica. Con respecto al último punto el gobierno saliente ha avanzado en la buena dirección: expandir la eólica, instalar la planta de gas licuado, aceptar la generación privada de biomasa, promocionar el uso de energía solar para calentar agua. También ha empujado en serio la exploración del territorio y la plataforma continental buscando petróleo y gas.
Con respecto al tema impuestos es cierto que la ciencia tributaria manda cargar de impuestos a los bienes de demanda inelástica porque se recauda mucho alterando poco la asignación de recursos. El combustible tiene una demanda muy inelástica y por eso está bien que sea una buena fuente de renta fiscal.
Pero eso es válido para el combustible de uso familiar, no para el combustible de uso productivo, porque en esta área los altos impuestos afectan la competitividad. Es por esta razón que muchos países en el mundo tienen un gasoil a un precio para uso familiar y otro gasoil con otro color y otro precio más bajo para uso productivo y de transporte.
Cuando el FA hablaba del “gasoil productivo” era razonable pensar esto; en realidad lo que sucedió fue que el gasoil que siempre había valido la mitad que la nafta pasó a valer igual para todos los usos.
Con respecto al tema del gasoil es imprescindible una reforma a fondo que lleve su precio para la producción a valores competitivos internacionalmente. Lo primero, obviamente, es adaptar el precio interno al internacional del petróleo: la paramétrica de ANCAP se hizo con el petróleo a US$ 110 por barril y ahora está a menos de US$ 80. Vamos rápido a traspasar esa baja por favor. En segundo lugar hay que estudiar la forma de sacarle impuestos al gasoil de inmediato.