12 de febrero de 2014 18:27 hs

De niña, en la casa de su abuela en la campiña rumana, a Nadia Comaneci le gustaba colgarse de las ramas de los árboles y hamacarse hasta el hartazgo.

Según la madre de la futura estrella absoluta de la gimnasia, la primera carne que ingirió la niña fue de pájaro, fruto de la dura vida rural de ese país bajo la dictadura comunista de Nicolae Ceaușescu. “Quizá eso lo explique todo”, escribe Ana Laura Lissardy en Contra viento & marea, un libro de crónicas periodísticas editado por Aguilar donde se retrata a varias personas de diversa notoriedad que en diferentes contextos y en circunstancias distintas pudieron cumplir su sueño vital: una vocación que se mezcló con un destino y un talento desarrollado que se superpuso con una porfía que sumó para que la ecuación se transformara en un nombre que dice mucho o poco pero que detrás tiene una historia digna de contarse.

Comaneci fue una golondrina complicada. Para convencerla, Lissardy contó a El Observador que a través de una amiga le mandó una carta que hizo traducir al rumano. La exgimnasta vive hoy en una ciudad de Oklahoma con su esposo y su hijo. Allí tiene una escuela de gimnasia artística y una fundación. Hasta allí viajó la autora para entrevistarla cara a cara. Otros fueron más accesibles. Además de esta etapa en Estados Unidos, el viaje para realizar el libro tuvo escalas en Bélgica, Italia, Colombia, Venezuela y Eslovenia. De esta forma, entre cada anécdota de cada personaje se genera un camino invisible, geográfico e histórico, porque los contextos determinaron en muchos casos la vida de estos hombres y esta mujer.

El capítulo de Jaime Roos, por ejemplo, se centra en un capítulo de la vida del músico no tan conocida: sus viajes a Europa y la grabación de sus primeros discos, a caballo entre París, Ciudad de México y Montevideo.

La intención de la autora es integrar elementos de la ficción en el clima narrativo de cada historia. La escena donde Roos lucha y tironea con el técnico de sonido francés la cinta donde tiene grabadas sus cuatro primeras canciones, en un suburbio parisino, es uno de los puntos altos del libro. A pesar de vivir de robado, de estar en problemas ecónomicos y creativos, el tipo estaba convencido de que allí, en esas cintas que luego trajo entre su ropa desde México hasta Montevideo atravesando las Américas, estaba la llave que reformularía la música popular uruguaya de fin del siglo pasado.

El sueño que persiguieron hasta un horizonte que alcanzaron les llegó en momentos diferentes de sus vidas. Para algunos fue en la adolescencia, para otros en la entrada a la madurez, incluso para algunos fue ya de grande, pero todos debieron luchar para quebrar una serie de obstáculos que les impedían la concresión. Ahí es donde hinca el diente la autora.

Como en el guión de un película, cada vida tuvo su punto de quiebre. Para Marc Herremans fue un accidente de bicicleta. Para José Antonio Abreu fue la renuncia a su trabajo de economista. Para Julio Bocca fue una llamada de teléfono.

También la vida y las circunstancias particulares de la autora determinaron el libro. Lissardy, hoy con 38 años, comenzó su carrera como periodista a finales de la década de 1990 en El Observador, realizó una pasantía en El País de España, donde se despertó su interés por el periodismo narrativo, que luego desembocó en estudios en el norte de Italia, adonde llegó en busca de las raíces de su abuelo materno, a quien considera “la persona más influyente” de su vida. Mira por dónde, dijera Savater.

Para financiarse estos estudios en Letras, Lissardy contó que trabajó recogiendo uvas, en la cosecha de la aceituna, en una librería, en los bares como moza, y que esto produjo un acercamiento a la gente común. Luego las circunstancias de su vida la trajeron de regreso a Uruguay en 2008, donde comenzó a escribir una novela aún inédita.

Sin saber “nada de fútbol”, dos días después de que concluyera el Mundial de Sudáfrica, Lissardy comenzó a escribir Vamos que vamos, una serie de entrevistas a los jugadores de la selección uruguaya, donde cada uno contó su historia personal. Con las ganancias de ese libro, que se publicó a mediados de 2011 y aprovechó el envión extra de la Copa América ganada en Argentina, Lissardy comenzó a financiar Contra viento & marea (cuyo precio en librerías es de $ 440).

La máquina interna de Lissardy no para. Escribió los textos para un libro sobre personajes de la historia del Mercado Agrícola, que se publicará en breve. El mundo está lleno de cuentos potenciales. El arte de narrar discrimina solo cuáles son las dignas de contar.

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