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El dilema de la FED

Es una situación anormal para la sociedad moderna que transcurre en la actualidad 

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12 de julio de 2019 a las 05:01

A principios del mes en curso, la economía de Estados Unidos cumplió 121 meses de expansión ininterrumpida, el período más prolongado desde el año 1854. 

En el primer trimestre del año en curso, el PIB creció a una tasa inter anual del 3,2%, en alza respecto al 2,2% del año pasado, que había sido el mayor registro desde el 2015. 

La tasa de desempleo está en un mínimo histórico del 3,6% y el índice de inflación preferido por la Reserva Federal es del 1,6% anual, inferior a la meta oficial del 2 %. El precio de los activos y en particular el índice accionario está cerca de sus niveles más altos de los últimos años: con una suba del 17,3%, Wall Street acaba de cerrar su mejor semestre en dos décadas. 

La proyección para este año sigue siendo positiva, aunque con un menor ritmo de crecimiento que el de estos primeros meses del año: Así, la FED proyecta un 2,1%, en línea con el 2,3% que prevé el FMI, aunque por debajo del 3% anunciado por la Casa Blanca. 

El menor ritmo de crecimiento es en parte consecuencia de dos decisiones importantes del gobierno de Trump. Por un lado, es el retorno a un ritmo más normal después del impulso inicial provocado por la baja de impuestos del año pasado. Más importante aún, la guerra comercial y tecnológica con China ha derivado en un clima de incertidumbre adverso para la dinámica de la inversión privada. 

En este marco, en pocos meses la FED ha cambiado de posición sobre su política monetaria, desde la orientación restrictiva del año pasado hasta el anuncio de una posición más flexible con vistas al futuro. 

El mes pasado, poco después de mantener sin cambios a la tasa de interés, su presidente Jay Powell advirtió que los riesgos sobre el crecimiento de la economía mundial se han incrementado, en especial por las tensiones comerciales, con un efecto a la baja sobre la confianza empresarial. Por ello ha insinuado una preferencia por una acción “preventiva” más que “curativa” sobre la tasa de interés. 

Es una posición que no es compartida por una parte de la opinión especializada, porque si bien hay una moderación del crecimiento, el empleo y la inflación continúan registrando resultados muy satisfactorios. Ello además de que el nivel actual de la tasa de interés de la FED, entre el 2 y 2,25%, deja poco margen para un efecto muy significativo de una nueva baja de esta variable. 

Así las cosas, la reciente difusión de un dato de relevancia sobre el empleo pareció disipar las dudas sobre la decisión de la FED. En el pasado mes de junio, el empleo no agropecuario aumentó en 224 mil personas, sobrepasando la proyección previa de los especialistas pero más aún, marcando una fuerte recuperación con respecto al débil registro de 72 mil personas en el pasado mes de mayo, que fue el menor desde febrero y el segundo menor desde septiembre del 2017. 

Este resultado fue interpretado por la opinión especializada como una confirmación del buen momento por el que atraviesa la economía y, por lo tanto, a favor de postergar la consideración de una posible rebaja de la tasa de interés. Pero ya desde hace meses el proceso de decisión de la FED no solo está determinado por consideraciones técnicas sino, más que de costumbre, por el marco político. 

El presidente Trump tiene en la actualidad dos consideraciones políticas principales con respecto a las acciones de la FED. Por un lado ellas podrían compensar el efecto negativo del doble conflicto comercial y tecnológico con China. En adición, hay que tener presente que el año que viene Trump va por su reelección, a cuyos efectos sería muy útil una política monetaria expansiva que desde ya pudiera agregar un nuevo estímulo al funcionamiento de la economía en los próximos meses. 

Por todo ello desde hace ya tiempo que el presidente Trump viene presionando a las autoridades de la FED a favor de una rebaja de la tasa de interés. Hasta ha llegado a insinuar que podría cesar a Powell si no cumple con sus deseos. 

A fines del mes pasado este ataque se acentuó, al calificar a la política de la FED de “insana” y afirmar que su presidente estaba hacienda un “mal trabajo”. En adición, hace unos pocos días, Trump propuso a dos candidatos para integrar el directorio de la FED que han sido muy críticos con su orientación. 

Pero lo peor es que inmediatamente después de conocido el dato de empleo de junio, Trump salió a celebrarlo pero insistiendo en la conveniencia de una pronta rebaja de la tasa de interés. 

En este marco, la atención de los mercados apunta ahora a la decisión que podrá tomar la FED en su reunión de este fin de mes. A mediados de esta semana, los principales asesores de Wall Street predecían en forma mayoritaria una rebaja de un cuarto de punto a fin del mes en curso, aunque con opiniones divididas sobre las movidas posteriores hasta fin de año. 

Los ataques de Trump han puesto a la FED ante un dilema político. Si recorta la tasa de interés, pese al dato de junio, se considerará que ella renuncia a su independencia y permite que Trump dicte su política. Y si no lo hace, Trump arremeterá contra Powell con más dureza que antes, dejándole en una posición aún más desvalida. 

Es una situación institucional impropia de una sociedad moderna. 

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