El amistoso terminó. Los jugadores regresan al vestuario. En el recinto sagrado se vive lo de siempre. Gritos de aliento, revuelo, y mientras algunos toman agua y otros se sacan las vendas, un jugador tira la camiseta al suelo y arranca para la ducha.
El ejemplo del Vasco Ostolaza: besaba la camiseta antes de devolverla
Una recorrida por la utilería de Wanderers permite descubrir historias que marcaron al bohemio