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El ejemplo del Vasco Ostolaza: besaba la camiseta antes de devolverla

Una recorrida por la utilería de Wanderers permite descubrir historias que marcaron al bohemio

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22 de mayo de 2017 a las 05:00

El amistoso terminó. Los jugadores regresan al vestuario. En el recinto sagrado se vive lo de siempre. Gritos de aliento, revuelo, y mientras algunos toman agua y otros se sacan las vendas, un jugador tira la camiseta al suelo y arranca para la ducha.

En el preciso momento en que Cani, utilero de Wanderers, se agacha para levantar la camiseta y depositarla en el canasto correspondiente a la ropa para lavar, es sorprendido.
El Vasco Ostolaza lo toma del brazo y le dice: "No, no, pará". Cani lo mira asombrado. El Vasco llama al jugador y le dice: "La camiseta se saca, se dobla, y se le da en la mano porque es la que te da de comer".

Cani no lo olvida. Fue una enseñanza que marcó a fuego el vestuario de Wanderers. Desde aquella vez la utilería de los bohemios impuso un código que se trasmite de generación en generación. Tirar la camiseta al piso es motivo de multa.

Cani Gallardo revela a Referí que no fue el único gesto de Ostolaza. "Nunca vi a un jugador hacer lo que hacía este tipo. El Vasco se sacaba la camiseta, la doblaba, le daba un beso y te la daba. Siempre le daba un beso a la camiseta. Un señor".

El utilero de los bohemios agrega: "Tremenda enseñanza. Imaginen aquella generación, de Dadomo, Eguren, el Chapa (Blanco) con un tipo campeón del mundo como él que les marcó un sentido de pertenencia de la camiseta. Acá no te dejan tirar la camiseta al piso. El que la tira contra el piso se multa. Eso lo marcó el Vasco".

La utilería de Wanderers es distinta a todas. Se lleva en la sangre. Se trasmite. Doña Gloria fue la pionera que trasmitió sus enseñanzas a su hija Ivonne y su nieto Cani. Y ahora están los sobrinos Diego, de 20 años, y Nachito, el más chico que ya le tomó el gusto. Todos se criaron en el Viera. "Es familia esto, el club mismo es familia. Vine acá a los 4 años en 1980 a pasar unos días con mi abuela (Doña Gloria) y no me fui más. Me crió mi abuela, mi madre, vivíamos acá mismo", comenzó rememorando Cani.

A su lado uno de los actuales referentes del plantel como Adrián Colombiano acota: "Una familia de estas, tas loco...".
"A Adrián lo conozco desde los 13 años y así como él hay otros que ahora están subiendo que los conozco de niños", dice el utilero bohemio.

Y se registra un intercambio sumamente pintoresco.
Colombino no duda en decir que en la utilería del Viera le enseñaron a andar por la vida.
"A mi prácticamente me educaron. Yo no sabía nada lo que era la vida, no sabía hablar. Era un plancha maldito y ellos me fueron ayudando. No sé lo que sería sin lo que me inculcaron ellos".
Cani revela el día que llegó el volante al Viera. "¿Saben lo qué era esto? (Risas). Imagínatelo, gorrito rosado de visera, pantalón deportivo hasta las rodillas, venía y te decía: '¿Qué hacés, ñeri? Que te prendo y te apago las luces'. Y lo fuimos puliendo. El vestuario mismo los obliga a cambiar a los que vienen de abajo vestidos a la moda plancha".

Si usted va al Viera y pregunta por Leonardo Gallardo seguramente nadie sabrá responder. Por cualquier rincón de la cancha de Wanderers alcanza con preguntar por Cani. No es para menos. Era un niño y ya andaba correteando por la cancha.

"Arranqué con 14 años en juveniles y hacía Cuarta, Quinta, Sexta y Séptima. Bah, hacía entre comillas, porque jugaba Wanderers en la cancha de Salus y mi madre era la que miraba todo, porque yo era un gurí y me ponía a jugar a la bolita. Cuando subió Antoria, yo subí porque mi tío, que estaba encargado de la utilería se fue".

"La primera generación es la de mi abuela que vino bajo la presidencia de Mateo Giri, luego viene mi tío que se fue porque siguió jugando, llegó a Nacional y dejó a un conocido. Laburó Álvaro Mariño, un amigo del barrio, y cuando él se fue me subieron a trabajar con Cacho Antoria. Voy a cumplir 41 años y sigo acá", dijo Cani.

Doña Gloria


Para adentrarse en la historia de la utilería bohemia Referí consultó a uno de los referentes del club como Jorge Walter Barrios.

"Doña Gloria... Pahhh, que recuerdos... Una madre para nosotros, nos supo educar, nos supo dirigir porque cuando fui coordinador de juveniles ella veía bajar del ómnibus a los botijas y te decía: 'Chifle, ese es bueno, aquel dejalo de lado'. Tenía un ojo bárbaro. Para mí una de las mejores. Tengo un cariño especial por toda la familia porque yo estuve con todos. Gloria, Ivonne, Carpincho que hay que recordarlo, el Cani, pero Doña Gloria fue un monumento".

La sucesión

Cani no camina solo por la utilería bohemia. Su madre anda supervisando todo. Y ahora lo ayuda su sobrino.

"A mi sobrino (Diego) lo traje a trabajar conmigo. Es bravo meter a una persona acá, tenés que ser selectivo para meter a alguien acá. Ellos (los jugadores) vienen, dejan el celular, las cadenas, billeteras, todo tirado y nadie toca nada. Entonces no podés meter a cualquiera", dice Cani.

Y acota: "Ellos se ríen porque cuando jugamos en otro lado yo no salgo del vestuario. Porque si me falta un teléfono hay que pagarlo ¡Y justo estos que tienen los Iphone último modelo!".

Y concluye: "Sí, me abuelo marcó acá. Nos marcó a nosotros y con las generaciones más viejas es conocida pero igual no te lo valora nadie. Los jugadores sí, Daniel (Carreño), el Loco Acosta, el Chifle, Alfredo (Arias), el Canario García. Con el Canario García tengo trato hasta ahora. Hablamos muy seguido. El Canario se quedaba a dormir acá conmigo. Eran las 12 de la noche y tomábamos mate dulce porque no podía dormir".

El hombre abre el baúl de lo recuerdo para rememorar viejas historias.
"Los técnicos son casi todos de la casa. Empecé con Ramón Antoria, y estuve con Falero, el Bebe Castelnoble... El Bebe era el que más me hacía calentar porque yo era chico y en mi primer viaje, que fue a Rosario, me presentaba como su hijo y yo me calentaba. Al Chifle lo tuve como jugador y como técnico. Daniel (Carreño) Diego Aguirre, otro fenómeno. Tito Goncalves, Capitano. Ángel Varela que se quedó cuando se fue Luis Garisto".

El encargado de la utilería bohemia dice que con Alfredo Arias salía a la cancha de mascota. "Salí dos veces. Hasta que una vez salimos, perdimos 6 a 0 con Sud América, y no salí nunca más".
Bajo la conducción de Alfredo Arias el equipo realizó una de las mejores campañas de su historia. Wanderers ganó el Clausura de la temporada 2013/2014 y definió el Uruguayo con Danubio.

Alfredo pregonaba el buen juego y adoraba pegar mensajes motivadores en las paredes del Viera.
Y Cani se prendió. "Después le pedí permiso para pegar algunos carteles y ahora les lleno las paredes de mensajes", reveló.

Wanderers se caracteriza por ascender muchos jóvenes de la cantera. Eso permite tener un mayor conocimiento con los jugadores, a los que ven desde que dan sus primeros pasos en el fútbol profesional.

Cani dice que el inicio de la relación con la utilería y sus costumbres es un poco complejo. Pero todo se acomoda rápidamente. "Acá la diferencia es que son todos de la casa, vienen de juveniles para acá. Los tenés que andar puliendo cuando vienen de Cuarta y Quinta para ordenarlos un poco. Los primeros días les tenés que hablar un poco mal, pincharlos un poco, o hablarles feo para que aprendan".
Por eso no llama la atención que, los que se fueron, cuando andan por Montevideo, pasan de visita por el Viera.

"Los de la selección me regalaron la camiseta, el Nando Muslera viene, con Eguren también pasa por acá. Leo Burián llega en estos días, Riolfo me llamó que van a venir. Vienen a tomar unos mates. Es porque el club mismo es una familia", dice el utilero.

A propósito de jugadores con recorrido, nadie olvida el pasaje de Antonio Pacheco por el Viera.
Cani lo definió como un señor. "Uno que no lo conocía tenía una imagen diferente porque lo tenía de rival adentro de la cancha. Pero me ha pasado con varios. El Pepe Herrera había venido de Italia para acá y yo dije, pah, este viene de Italia que están acostumbrados a que les dan hasta lo imposible. Pero el Pepe tenía una humildad, como el Gaby Cedrés. Y vos pensás, pah viene para acá, ¿cómo los manejas a estos tipos? El Tony que llegaba de Peñarol, acá se encontraba con otro vestuario, y tenía una sencillez admirable". Cani acota: "Acá no les falta nada. Vienen con las llaves del auto nada más".

La dinastía de la utilería bohemia parece estar garantizada. Hace unos días Cani se aprestaba a armar la utilería cuando apareció Nacho, su sobrino más chico. "Tío, ¿me dejás armar?", le pidió.
"Y empezó a acomodar los zapatos, la ropa, todo solito, y no se equivocó en nada. Ese se los come a todos. Y tiene carisma". Un carisma que se trasmite de generación en generación.

Anécdotas


El ñeri Pacheco

Cuando Pacheco estaba en Wanderers subieron a Adrián Colombino. "Yo era un plancha", dice Adrián con su despilfarro para hablar. Y cuenta: "El primer día que llegó vengo y estaba el Tony sentado ahí y le digo: '¿en qué anda, ñeri?'. Y se da vuelta y me mira con ojos sorprendido. Y le digo: '¿No me saludas, ñeri?' Al rato fue a hablar con Ivonne (la mamá de Cani e hija de Doña Gloria). Tony fue y le dijo Ivonne, podés creer que Adrián me ve y me dice '¿en qué anda, ñeri? Tiki. O que me prende y me apaga las luces, ¿qué es eso, por favor?'. Un crack el Tony".

Ivonne y Gastón

Allá por 2014 cuando Wanderers ganó el Clausura, Referí fue al Viera para conocer por dentro al plantel. Fue Ivonne la que reveló: "El peor de todos es el Gastón (Rodríguez). Es fatal. El otro día en la concentración andaban tirando cohetes y me dejaron todo sucio. Los voy a matar", decía.

Lo que aportan

El capitán Sergio Blanco reveló un secreto que marca la condición de Wanderers como club. "Cuando se me escapa algún detalle del plantel tengo al Cani (utilero) atrás que lo ve, o la Flaca (Mamá de Cani) que te lo hace recordar. Es un plus. Tienen más experiencia que todos nosotros. El Cani nos aporta cosas adentro y fuera de la cancha, y de pronto alguna puteada de la Flaca (sobrenombre de Ivonne) te hace caer en la realidad. Wanderers es así".

Un plato de comida

Jorge Walter Barrios recordó que la utilería de Wanderers se manejó siempre como una familia. "Los jugadores le debemos mucho a esa familia. Hasta un plato de comida nos dieron, un refresco, un consejo, un desahogo cuando los técnicos te sacaban o un rezongo. Doña Gloria no andaba con vueltas, cuando te tenía que decir las cosas te las decía", expresó a Referí.
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