6 de octubre de 2021 5:02 hs

Por Andrew Hill.

La forma en la que reaccionas cuando el gobierno despliega soldados en la calle depende de dónde vives y de lo que estás experimentando.

El despliegue de la Guardia Nacional en EEUU suele ser controvertido. En Alemania, las actividades internas de la “Bundeswehr” (la organización de defensa federal alemana) están circunscritas por la ley. Pero cuando esas fuerzas se envían para ayudar a hacer frente a las catástrofes naturales, como las recientes inundaciones en Alemania, debe ser tranquilizador ver a personal uniformado capacitado ofreciendo ayuda.

Yo, sin embargo, tengo una respuesta diferente ante el más reciente llamamiento del gobierno del Reino Unido para que se desplegara personal militar. La petición del gobierno al ejército para que ayudara a aliviar una evitable crisis, por la falta de conductores de cisternas de gasolina, simplemente señala que alguien en la cadena de mando civil cometió un error.

Las fuerzas armadas son una “póliza de seguro”, señaló el teniente coronel Langley Sharp, director del Centro de Liderazgo del Ejército en la Real Academia Militar de Sandhurst (RMAS, por sus siglas en inglés). El gobierno puede recurrir a ellas en caso de pandemia, de inundación y, según parece, en caso de altercados en las estaciones de servicio debido a la escasez de gas.

Sin embargo, el ejército, la fuerza aérea y la marina tienen cualidades disponibles que las compañías, y el gobierno, deberían haber desarrollado ellos mismos: preparación, ingenio, flexibilidad, decisión.

El uso de personal militar de cisternas para suplir las carencias de la cadena de suministro de gasolina en el Reino Unido probablemente no figurará en la bandera de ningún regimiento. Se trata de una escaramuza menor comparada con el papel que han desempeñado miles de hombres y mujeres en servicio como parte de la Operación Rescript, abordando la pandemia de coronavirus construyendo hospitales temporales; instalando centros de pruebas y dotándolos de personal; y apoyando a los trabajadores sanitarios.

Pero la petición de ayuda es un recordatorio de cuán mediocre es este gobierno en el manejo de las consecuencias predecibles — de hecho, previstas — de sus anteriores decisiones, especialmente la del Brexit. En cambio, prepararse para las consecuencias, incluso las inesperadas, y actuar con rapidez para afrontarlas, es precisamente para lo que las fuerzas armadas están mejor entrenadas.

Es útil que el personal militar “no esté sujeto a una jornada laboral de ocho horas, no hay que pagarles las horas extras, y que trabajan los fines de semana”, señaló Trevor Taylor, un investigador profesoral asociado del Instituto de Servicios Reales Unidos (RUSI, por sus siglas en inglés). Pero él señaló que las fuerzas armadas del Reino Unido, a diferencia de algunas de sus fuerzas homólogas, también son “proyectables”; están equipadas para partir hacia destinos desconocidos y llevar a cabo una variedad de misiones.

Las habilidades intercambiables que necesitan son útiles durante las crisis civiles. En los últimos 20 años, el personal militar del Reino Unido ha servido de sustituto a los bomberos en huelga; ha prestado asistencia durante el brote de fiebre aftosa; y ha suplido el déficit de personal de seguridad capacitado de la compañía G4S durante los Juegos Olímpicos de Londres.

Sharp ayudó a desarrollar el programa de entrenamiento del ejército para esa misión de 2012. En un nuevo libro sobre liderazgo militar, The Habit of Excellence (El hábito de la excelencia), él escribió sobre otra habilidad fundamental en este tipo de operaciones. Se trata de “la capacidad de los líderes para forjar equipos cohesionados a partir de personas y organizaciones que a menudo se estarán conociendo por primera vez”.

Él citó a la brigadier Lizzie Faithfull–Davies, quien acababa de asumir el cargo de comandante de la Brigada Logística 102 del ejército cuando se desató la pandemia del coronavirus en marzo de 2020.

Trabajando con civiles y con colegas militares para apoyar el nuevo programa de pruebas de covid-19, ella dividió al equipo en “pensadores”, “realizadores”, “coordinadores”, “conciliadores”, los cuales tenían “habilidades emocionales y blandas”, y “disruptores”, los cuales podían plantear retos constructivos. Una vez identificados sus puntos fuertes, ella les dio el poder de “añadir valor y marcar la diferencia”, y ellos rápidamente se movilizaron para resolver los problemas.

Los ejecutivos me cuentan historias similares sobre cómo manejaron la pandemia. Muchos descubrieron que los empleados que no podían desempeñar los roles precrisis dominaban las nuevas tareas; sus habilidades eran intercambiables. Otros mencionaron a personal que demostró tener un don para la rápida toma de decisiones, mientras que los gerentes de “tiempos de paz” se desmoronaban.

La diferencia es que los militares entrenan a su personal específicamente para estas situaciones, y aplican un enfoque de “mando de misión” que delega el poder a los que están en el frente.

Las compañías y los gobiernos deberían revisar sus respuestas ante las crisis como los soldados, para quienes aprender de los errores es una necesidad de vida o muerte.

Los hombres y las mujeres en el servicio militar reconocen su deber de prestar apoyo en casa. La participación en Rescript fue “enormemente gratificante”, comentó uno de ellos. Al mismo tiempo, las respuestas impulsivas ante los errores autoinfligidos simplemente les irritan. Taylor, de RUSI, comentó que a algunos oficiales superiores también les preocupa que un excesivo despliegue dentro del país comprometa la capacidad militar de lo que ya es una fuerza cada vez menor.

El gobierno debería tomar nota. Todo el mundo sabe dos cosas sobre el seguro. Está ahí para el momento en que la preparación y la vigilancia no logran prevenir un accidente y, si sigues reclamando indemnización de la póliza, el costo de las primas pronto se vuelve impagable.

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