No es fácil manejar una de las diez economías más grandes del mundo y contentar a 206 millones de personas. No es fácil ser mandatario de Brasil, ni aún teniendo la mayor selva del mundo, una gran reserva petrolera y más de seis millones de turistas anuales visitando tus tierras.
Es innegable que el encarcelamiento el sábado en Curitiba de Luiz Inácio Lula da Silva, condenado a más de 12 años de prisión por corrupción, genera un clima de inestabilidad y tensión, ya que era el máximo candidato a presidir nuevamente el país. Sin embargo, su privación de libertad es una perla más del collar de escándalos y problemas que han rodeado a los habitantes del Palacio de Planalto.Lea también: Una tragedia al ritmo de samba
El suicidio de Getulio Vargas
El caso más trágico es el de Getulio Vargas, presidente entre el año 1930 y 1945 y luego nuevamente entre el 1951 y 1954, momento en que cortó su mandato con un balazo.
Vargas, uno de los más importantes políticos del siglo XX, puso fin a su vida el 24 de agosto de 1954 en la casa presidencial, dejando una carta al pueblo brasileño donde explicaba los motivos de su suicidio.
"Les di mi vida. Ahora les ofrezco mi muerte", rezaba sobre el final la carta de despedida.
Los mandatarios "golpeados"
Siete años después del deceso de Vargas, asumía la presidencia Janio Quadros, un extravagante mandatario que mezcló medidas conservadoras con otras comunistas, por lo que sin apoyo de ningún lado, debió renunciar apenas a los 7 meses de asumir.
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Tras 15 días de presidente interino y un cambio de régimen por el cual el parlamento pasaba a tener potestades habitualmente reservadas para el Poder Ejecutivo, asume Joao Goulart, apodado Jango.
Luego de dos años de mandato, Goulart logra con un plebiscito volver al régimen presidencialista e impulsa algunas medidas socialistas.
Sin embargo, a la oposición de derecha, a Estados Unidos y a las fuerzas armadas no le caían en gracia sus medidas -en especial las referidas a política exterior-, por lo que dieron un golpe de estado en el año 1964 comenzando con una dictadura que duró dos décadas.
Una vez concretado el golpe, Goulart se exilió en Uruguay por nueve años, hasta que Perón lo invitó a residir en Argentina, nación en la que falleció en 1976 por un presunto ataque al corazón, aunque hay teorías que sostienen que fue envenenado.
El mal reciente: la corrupción
Si se toma desde la vuelta a la democracia en el año 1985, casi todos los presidentes se han visto salpicados por algún grave escándalo.
El primer presidente electo en el retorno a la democracia fue Tancredo Neves, pero falleció antes de comenzar su mandato, y fue José Sarney quien cumplió los cinco años en el palacio presidencial. Varios años después, ya en 2017, el fiscal general de Brasil, Rodrigo Janot, lo denunció formalmente por esta causa a él y a otros dirigentes de su Partido del Movimiento Democrático Brasileño (PMDB), en el marco del Lavajato.
Luego de Sarney, Fernando Collor de Mello fue quien en el año 1990 tomó la banda presidencial verde y amarilla y estableció un régimen de corrupción basado en favores políticos a cambio de sobornos y contratos ilícitos, descriptos por su propio hermano Pedro Collor de Mello.
El parlamento comenzó a investigar, y el día antes de que el parlamento votará su destitución por Impeachment (juicio político), el mandatario del Partido Laborista Cristiano renunció. Pese a su alejamiento, el 30 de diciembre de 1992 el Congreso aprobó el Impeachment concretando su destitución y colocándolo como inelegible por los siguientes ocho años.
Tras Collor de Mello y el mandato de su vice, Itamar Franco, llegó el turno de Fernando Henrique Cardozo, quizá, el único que no ha protagonizado escándalos – al menos hasta este momento. En marzo, el exmandatario aseguró que en su mandato "hubo corrupción" pero aseguró que él no participó, ni sabía, ni era favorable.
Desde la empresa Odebrecht -la constructora que estableció la red de sobornos que ha causado un "terremoto" en el sistema político- se lo implicó como parte la madeja por recibir pagos ilícitos no declarados para campañas electorales. La causa fue archivada porque los posibles hechos delictivos ya habían prescrito.
En 2003 asume Luis Inácio Lula Da Silva, con final ya conocido. Dos mandatos de presidencia con los más altos porcentajes de votantes para luego dejarle su lugar a su compañera de partido Dilma Rousseff.
La dirigente del Partido de los Trabajadores fue destituida por el Congreso tras el proceso de Impeachment acusada de haber manipulado las cuentas públicas en 2016 en su segundo mandato.
Quien asumió tras el juicio político fue su vicepresidente, Michel Temer, quien cuenta con una popularidad del 5%. El actual mandatario fue acusado dos veces en 2017 por corrupción, pero por el momento está protegido por la inmunidad presidencial.