Damián miró la bolsa con poco interés. Mientras su madre, que había estado en Montevideo por el funeral del abuelo Bertolino, se iba de la cocina, él se acercó a revolverla. Empezó a escarbar sin ganas, como siempre, sabiendo que allí iba a encontrar lo usual: la misma ropa usada de sus primos que su tía les mandaba como herencia. Por eso, Damián hundió las manos esperando encontrar tela, pero encontró otro tipo de resistencia. Pensó que era una caja, algún par de championes viejos de sus primos. Pero, cuando sacó el objeto, descubrió un libro.
El escritor que salió del asentamiento Kennedy y se lee en Latinoamérica
Desde su barrio de Punta del Este, el autor reconstruye el camino que lo situó entre los nombres más promisorios de la narrativa local contemporánea

