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19 de junio 2022 - 5:00hs

Hace 7 años, Juan Pablo Tosar estaba en el Registro Civil como testigo en el casamiento de su hermano, cuando el funcionario a cargo de los trámites le preguntó su profesión. Tosar dijo con orgullo ¡científico! “Pero el término no ingresaba al sistema”, recuerda con una sonrisa. ¿Cuánto de esa anécdota habla de nuestra sociedad con respecto a sus profesionales de la ciencia? Esa pregunta la responde el profesor adjunto con dedicación total en la Facultad de Ciencias de la Universidad de la República, e Investigador del Institut Pasteur de Montevideo. Sus trabajos han merecido artículos destacados en publicaciones de primer nivel, como Nature. 

¿Qué le reveló aquel diálogo?
Me reveló que como país no veíamos en ese momento la ciencia como algo a lo cual la gente podía dedicarse. Creo que eso cambió y no estamos en ese mismo punto. Igual logré que figurara “científico” en las actas (risas).

¿Y qué es ser científico en Uruguay hoy?
Ser científico es algo universal. Es dedicarse a intentar contestar los grandes interrogantes de la vida en distintas disciplinas, es trabajar por conocer lo que no se conoce. Ser científico en Uruguay es un orgullo y es un privilegio poder serlo y hacerlo bien, pero después es igual a ser científico en cualquier parte del mundo porque la ciencia no conoce fronteras. Si hay una actividad globalizada, es la científica.

El mercado laboral para el científico es el mundo, entonces como país debe asumirse el desafío de retenerlos. El asunto es cómo. Suele apelarse a la metáfora futbolera, diciendo que tenemos a los jugadores que son disputados por los mejores clubes del planeta, mientras acá seguimos con canchas sin agua caliente en los vestuarios. 
Sí, lo veo así. Por un lado tenemos un sistema científico que debemos cuidar entre todos porque es de todos. No tenemos que mejorar las condiciones de nuestro sistema académico por nosotros los científicos sino porque es algo que como país tenemos, que costó mucho tiempo y mucho dinero construir y que no podemos darnos el lujo de perder. Pero por otro lado hay una frase que me gusta y es que no solo tenemos que apoyar a los científicos, sino que tenemos que apoyarnos en lo científico para dar un salto como país; y creo que eso no lo estamos visualizando aún.

“Cuando el propio país no te da las condiciones apropiadas para poder dedicarte laboralmente a la actividad científica, lo que vas a hacer es tomar un avión y vas a irte, porque el mundo te recibe de brazos abiertos”

¿Qué clic falta?
Creo que hicimos un clic cultural como sociedad, sobre que la ciencia es importante, pero todavía no hicimos el clic de qué queremos hacer con la ciencia, para qué la queremos usar.

¿Qué prejuicios hay que desarmar para que el debate sobre el rol de la ciencia sea productivo?
Yo creo que hay prejuicios desde ciertos sectores de la sociedad hacia la academia, pero también desde la academia. Creo que hay que desarticular prejuicios de ambos lados. Y arranco por casa: creo que con el paso del tiempo hemos ido abriéndonos un poco desde el punto de vista académico y creo que la pandemia nos cambió mucho a los científicos. No sé si cambió tanto al resto de la sociedad. Pero, por ejemplo, explicarle a la gente en un lenguaje accesible la importancia de lo que se hace. Y otro aspecto que estamos empezando a ver es que se necesita mucha más inversión en ciencia…, pero el Estado no puede ser el único inversor.

¿Cuál sería el mejor sistema de apoyos?
Necesitamos imperiosamente el apoyo del Estado porque los países que más invierten en ciencias así lo hacen, pero debemos fortalecer la inversión del sector privado y eso hoy día la comunidad académica ya lo entendió y se está hablando del tema. El asunto es cómo hacemos para que eso ocurra, porque hay una parte de la ciencia que en todas partes del mundo solo puede financiarla el Estado, que es la ciencia más básica y fundamental, que es la que se pregunta sobre los procesos de los seres vivos y que, por tanto, no es que no existan los horizontes de aplicación pero son difusos. Esa parte de la ciencia en cualquier parte del mundo la financian los Estados o entidades filantrópicas. Pero hay otra parte de la ciencia que tiene aplicaciones mucho más concretas, y es allí donde tenemos que buscar la manera de canalizar el financiamiento con fondos que no vengan necesariamente del Estado.

¿Y cómo se va hacia eso? Algunas ideas se han trabajado con estas posibilidades
Creo que si queremos realmente dar un salto en calidad, tenemos que pensar más en grande. Porque lo que es demostrable es que Uruguay tiene muy pocos científicos para el tamaño poblacional que tiene. Tampoco podemos pedirle a nuestro sistema académico cosas que no puede dar en función de su pequeño tamaño.

¿Cuál es la relación entre número de científicos y población? 
Debemos duplicar el número de científicos, que es lo mínimo que deberíamos tener como para poder empezar… Fíjate que hoy estamos en bastante menos de 100 científicos cada 100 mil habitantes

Lejos de ese mínimo de 200, debe darse un salto grande
Y es lo necesario si queremos realmente jugar en las ligas de aquellos países con mayor desarrollo humano. El asunto es cómo hacemos eso. Necesitamos empleos, no podemos estar formando más gente pretendiendo que su único lugar de inserción laboral sea el sistema académico. O sea, el sistema académico tiene que lograr formar gente, formar doctores; que algunos puedan mantenerse en el círculo académico para mantener esa rueda andando, pero la mayoría no. y el asunto es qué empleos tenemos que estén demandando conocimiento altamente calificado en Uruguay. 

“Hay que buscar la manera de que el aumento de la inversión pública en ciencia y tecnología arrastre un aumento en la inversión privada, que hoy es casi nulo”

La bióloga Magdalena Cárdenas aprovechó el lanzamiento de la Comisión de Futuros para dibujar un diagnóstico preocupante sobre la formación científica en Uruguay. Dijo que hacer una carrera acá es muy difícil y desmotivante porque el “sistema está desarticulado y mal financiado”, y por eso el país pierde gran parte de su capital intelectual ¿Cuánto de esto es necesario subrayar?
Comparto. O sea, quiero arrancar con una visión optimista de que en Uruguay se puede hacer ciencia de altos estándares internacionales y es algo importante decirlo para que todos lo conozcamos y podamos sentirnos orgullosos de los goles de la ciencia uruguaya como nos sentimos orgullosos de los goles de (Luis) Suárez. Dicho esto, es innegable que hay mucha adversidad en el hecho de hacer ciencia en Uruguay y mucha tiene que ver con cuestiones que no podemos resolver. El hecho de que casi todos los que hacemos ciencias experimentales debamos estar importando reactivos químicos del exterior porque no se producen aquí y demoran mucho tiempo en llegar… eso no vamos a solucionarlo fácil. Pero hay que pensar en solucionar trámites de importación de equipamientos y reactivos, porque tampoco podemos permitirnos que la burocracia termine siendo una barrera para el conocimiento. Lo que es cierto –y eso a veces nos cuesta verlo– es que ser científicos es una vocación, surge cuando alguien descubre que quiere dedicarle su vida, se enamora de la posibilidad de decidirse a resolver los dilemas de la naturaleza, y lo va a hacer porque es su vocación. Entonces, cuando el propio país no te da las condiciones apropiadas para poder dedicarte laboralmente a la actividad científica, lo que vas a hacer es tomar un avión y vas a irte, porque el mundo te recibe de brazos abiertos.

Javier Calvelo / AdhocFOTOS “Hay que buscar la manera de que el aumento de la inversión pública en ciencia y tecnología arrastre un aumento en la inversión privada, que hoy es casi nulo”

¿Es pertinente para la comunidad científica involucrarse en la discusión sobre la relación entre el conocimiento académico y las lógicas empresariales? 
Es algo que a los académicos nos cuesta un poco procesar, pero es un lenguaje que vamos a tener que empezar a incorporar porque la alternativa es contentarnos con un sistema académico ajeno a la realidad productiva. El problema que tiene es que es insostenible. Porque si estamos formando gente que no podemos emplear fuera de la academia, estamos formando gente para que se vaya del país a trabajar en otra parte.

¿Permitiría ampliar el campo para el desarrollo del conocimiento científico y tener mayor derrame a otros sectores?
Es que no todo el conocimiento científico tiene que estar en función de una aplicación concreta en salud o en tecnología. Yo creo que desde que el ser humano está sobre la tierra, mira las estrellas y se pregunta qué hay allí. O sea, forma parte de la naturaleza humana y eso no hay que perderlo. Lo subrayo porque me dedico a eso. Ahora, para poder dedicarme a eso, necesito financiación de parte del Estado y necesito que parte de la ciencia sí pueda dar lugar a productos que tengan una aplicación comercial o productiva que genere bienestar social…, que eso ocurra, porque la gente va a entender que es importante tener un sistema científico sólido y que es importante invertir también en esos aspectos de la ciencia que no nos están dando resultados en el corto plazo, pero sin los cuales no hay ciencia posible.

¿Quiénes toman decisiones tienen en cuenta el rol creciente de la ciencia? Sobre todo al considerar como referencia que se destina menos de medio punto del producto (PIB) a estos sectores
Yo creo que lo han visto y lo saben, pero están en el juego político del corto plazo, que es uno de los grandes problemas que deben tener todas las democracias, pero que sin dudas existe en Uruguay. Entonces, saben y reconocen que tenemos que hacer una transformación como país y sumarnos a la economía del conocimiento, porque, si no, vamos a ser cada vez más pobres, vamos a estar cada vez más rezagados y, aunque tengamos acceso a la tecnología que nos hará sentir que no somos tan pobres, no vamos a controlar a esa tecnología. O sea, vamos a estar como ahora, regalando datos e información a empresas que están en otras partes del mundo y que nos van a vender luego lo que generan con esos datos. Entonces, seremos cada vez más pobres, cada vez más dependientes, menos libres. Creo que eso ya todos lo entendieron, ahora el asunto es quién va a tener ese liderazgo político para sobreponerse a costos en el corto plazo y encauce al país en la senda que lo guíe en los próximos 20 o 30 años. Necesitamos liderazgo político y en ese sentido diría que estoy a la espera de ver quién va a levantar esa bandera.

¿Ese liderazgo se demuestra, por ejemplo, por los recursos que finalmente se decidan?
A mí no me gusta reducir la discusión del futuro empezando por una discusión presupuestal. Primero me gusta definir adónde queremos ir y qué necesitamos para ir. Ahora, después que generamos un consenso al respecto, no hay nada que se construya sin dinero o un presupuesto acorde. Si no terminamos hablando de presupuesto, al final estaremos hablando de ideas huecas. Entonces, a pesar de que no me guste empezar hablando de presupuesto, me gusta terminar hablando de presupuesto porque al fin de cuentas es la voluntad política concretada en políticas públicas. El país tiene que aumentar la inversión pública en ciencia y tecnología sí o sí, y necesitamos pensar en las formas más eficientes de hacerlo para conseguir ciertos objetivos.

“Estamos investigando la forma de introducir ARN a las células de forma más segura y eficiente”

¿Cuáles son los prioritarios?
Tienen que ir de la mano con un aumento sustancial en el número de investigadores, casi una duplicación. En 20 años debería duplicarse el número de investigadores cada 100 mil habitantes. Esa debería ser una meta concreta y alcanzable. Hay que buscar la manera de que el aumento de la inversión pública en ciencia y tecnología arrastre un aumento en la inversión privada que hoy es casi nulo, para que ese crecimiento sea realmente sostenible. Que lo público se ponga, de alguna forma, a traccionar la inversión privada.

Pero se escuchan quejas de los científicos sobre que el empresariado uruguayo no invierte en ciencias
Pero no tienen la obligación moral de hacerlo. La inversión privada en ciencias va a venir de la mano de un negocio. Y de alguna forma tenemos que generar las condiciones para que surjan negocios asociados a las ciencias. Eso ya ha pasado por ejemplo en la forestación, cuando vinieron empresas extranjeras que movilizaron a todos un sector, no solo en el agro sino también en la construcción. Y eso de alguna forma vino asociado a políticas de Estado que generaron inversiones públicas mediante exoneraciones tributarias o lo que fuera… Entonces tenemos casos de éxito y de transformación de nuestra matriz productiva. Ahora ¿quién está pensando en qué tenemos que hacer para que una multinacional farmacéutica se instale en Uruguay ya no para envasar productos, sino para poner un departamento de investigación y desarrollo que termine empleando a 100, a 500 doctores? ¿Quién está pensando realmente en eso? 

¿Y los emprendimientos que nacen de la propia academia?
Siempre va a ser al principio algo pequeño, que crece y que hay que dejarlo crecer. Pero en el mundo hay mucha demanda de conocimiento altamente calificado y de hecho están absorbiendo científicos uruguayos. Son gigantescas y actúan fuera de fronteras, por lo que cabe preguntarse cómo hacer para que alguna de ellas invierta aquí en conocimiento. Son preguntas que nos incomodan pero, si no empezamos a pensarlas, esto no se va a terminar concretando.

¿Cómo siguen en su equipo con la investigación sobre ARN? ¿Qué otros detalles pueden adelantarse de lo que sería una terapia con ARN?
Hoy día el uso terapéutico del ARN lo conocemos por las vacunas (covid), en una acción preventiva. Pero algo que todavía no ha explotado en su máximo potencial es el uso del ARN como un medicamento para corregir enfermedades, para curar, por ejemplo, diabetes o ciertos tipos de cáncer. En eso se está trabajando mucho y muy fuerte en el mundo y desde antes de la pandemia. Con la aprobación de las vacunas de ARN hay un redoblado entusiasmo porque ya se vio el impacto que puede tener. Podemos decir que estamos investigando la forma de introducir ARN a las células de forma más segura y eficiente; y no lo estábamos estudiando como una alternativa terapéutica dos o tres años atrás, cuando empezamos a estudiarlo. Ahora no podemos dejar de reconocer el interés y la aplicación potencial de esto. Estamos intentando aportar a esa nueva revolución terapéutica y biotecnológica que está en ciernes.

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