La reina de Inglaterra está sentada sola en el palco del Royal Opera House de Londres. En el escenario una mujer baila uno de los fragmentos de Giselle. El cuadro es de una exquisitez absoluta, capaz de cortarle la respiración a cualquiera. Incluso, también, a Isabel II. La reina mira –la mira– sin pestañear, con sus ojos que, por unos instantes, dejan de ser tan fríos. Ahora su mirada la descubre lastimada, vulnerable. Humana. La función termina y alguien le dice: "La señora Galina Ulanova quiere conocerla. ¿Le gustaría?". La reina de Inglaterra responde "No".
El fin del cuento de hadas
La segunda temporada de The Crown desciende a las profundidades de la vida privada de la realeza británica y muestra su faceta más humana