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El canciller alemán Olaf Scholz, anfitrión de la cumbre del G7

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El G-7 se reúne a pocos kilómetros de una guerra sangrienta y con final incierto

Los compromisos de avanzar en descarbonizar la energía quedan aplazados en el actual escenario bélico

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25 de junio de 2022 a las 05:01

Entre el domingo 26 y el martes 28 se verán las caras los mandatarios de algunos de los países más poderosos del planeta, salvo China, los más industrializados. En efecto, el canciller alemán Olaf Scholtz será el anfitrión de los mandatarios JoeBiden de Estados Unidos, Boris Johnson de Gran Bretaña, Mario Draghi de Italia, Pedro Sánchez de España, Emmanuel Macron de Francia y del primer ministro de Japón FumioKishida.

El encuentro será en “un castillo de cuento de hadas”, el de Elmau, en Baviera, el sur alemán.

Habrá invitados de otras naciones, entre ellas Argentina, porque su presidente Alberto Fernández es presidente de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y Caribeños (Celac), así como de Indonesia, Senegal y Sudáfrica.

Los mandatarios del G-7 llegan a Baviera –a apenas 1700 kilómetros del escenario de la guerra- después de la reciente aceptación por parte de la Unión Europea de la solicitud de Ucrania de ser socio del club comunitario.

En el contexto de la guerra, buena parte de los propósitos planteados como temario del encuentro quedará al menos postergado. Por caso, la emisión de gases de efecto invernadero –principal problema del calentamiento de la Tierra- requiere de la disminución drástica del uso de combustibles fósiles. La meta de “descarbonizar” la energía para 2050 es un camino largo y los plazos que se plantearon en el Acuerdo de París de 2016 van a un paso muy lento.

Los Estados Unidos, los países de la Unión Europea y Rusia suman la mitad de las emisiones de carbono. La guerra plantea escenarios inmediatos donde la “descarbonización” invierte el rumbo. En efecto, Alemania, país anfitrión, fue por años comprador del gas de Rusia. El gas es contaminante, pero menos que el gasoil y por supuesto que las naftas. A su vez, el carbón mineral es más contaminante.

En las actuales circunstancias, a falta de gas para el próximo invierno europeo, es muy probable –salvo que la guerra dure poco y se restablezcan los circuitos entre Rusia y Europa- que las minas de carbón sean explotadas para suplir el faltante de gas.

En vez del camino para la descarbonización, esta cumbre deberá abordar –sin poder de tomar resoluciones- la crisis civilizatoria que plantea el escenario bélico, las tensiones por los desplazados, las hambrunas, la suba de las tasas de interés y la creciente venta de armas y militarización de distintos lugares del planeta.

Para tomar dimensión de las tensiones –y la falta de diálogo- el canciller alemán Olaf Scholtz, que lleva apenas seis meses en el cargo, acaba de declarar que el G 7 “debe garantizar que los planes de (Vladimir) Putin no prosperen”. Más allá de cualquier valoración, lo cierto es que los consensos que espera el anfitrión van por el lado de consolidar el papel de Ucrania en el teatro de operaciones.

Sin embargo, el propio VolodomirZelensky es muy crítico respecto de la “lentitud” de los apoyos a sus fuerzas militares por parte de las potencias llamadas occidentales. Lo cierto es que el juego geopolítico es mucho más complejo que enviar misiles o armas tácticas a las fuerzas ucranianas.

Para calibrar el mundo actual debe tenerse en cuenta que el viernes se reunieron los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica), un club de países importantes, sobre todo China que además puso en marcha la potente nueva Ruta de la Seda, que atraviesa todos los continentes salvo la Antártida.

A su vez, si Rusia no le envía gas a Europa el cliente natural es precisamente China, que consume mucha más energía de la que produce. La alianza entre Rusia y China, más allá de los odios o simpatías- habla de un mundo en el que la prevalencia de Estados Unidos y sus aliados del G 7 pierde impulso ante otros ejes y alianzas transnacionales.

Hablar de multipolaridad en un escenario tan complejo y cambiante es quizá prematuro. Será también parte del temario de los mandatarios que se reunirán en Elmau, “un castillo de un cuento de hadas”.

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