13 de mayo de 2011 21:39 hs

Con la pizarra de la cotización del dólar a la vista –que perdió 6% de valor en lo que va del año– y las gráficas que muestran el ascenso de los precios, el gobierno no dudó en inclinarse por contener la inflación, aunque tampoco descuida los movimientos de la divisa. Desde comienzos de año las autoridades tomaron varias medidas, algunas complementarias entre sí, para acotar el Índice de Precios al Consumo.

Respecto al dólar, el Poder Ejecutivo decidió pegarse a lo que ocurra en Brasil y moverse al ritmo que imponga el líder de la región. Por eso, si el billete verde sube en Brasil, acá también subirá; y si Brasil devalúa, Uruguay hará lo mismo casi en forma simultánea aprendiendo de la lección de 1999 cuando Brasil devaluó y Uruguay se demoró en tomar ese camino. En aquel entonces las exportaciones eran más “Brasil dependiente”, lo que dimensionó las consecuencias negativas.

Los analistas privados estiman ahora que el dólar cerrará 2011 sin grandes sobresaltos con relación a su valor actual. De acuerdo a la última encuesta del Banco Central, los privados adelantaron que el dólar estará en diciembre a $ 18,88.

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El presidente José Mujica expresó públicamente su preocupación por lo que ocurra en Brasil con el dólar –algunos en el gobierno disienten con esa posición–, ya que ese mercado es el principal para las exportaciones uruguayas, sobre todo de productos con valor agregado, y es el único destino con el cual Uruguay gana en competitividad.

Para la inflación, la responsabilidad la tiene el Banco Central que actúa en consulta con el Ministerio de Economía, conductor de un país con expansión de su PBI por octavo año consecutivo luego de cuatro anteriores de recesión. El año 2010 terminó con un crecimiento de 8,5% del Producto Bruto Interno y el panorama positivo se complementa con otros datos alentadores como el desempleo en 6,4% en marzo y con exportaciones en niveles récord de US$ 6.762 millones, según el Instituto Uruguay XXI.

En el gobierno reina el optimismo y se observa que se padecen los “dolores del crecimiento” que en la vida diaria se traducen en precios más altos de productos de la canasta básica, falta de mano de obra capacitada y carencias de infraestructura para mover la producción.

La inflación fue definida como “prioridad” por el Poder Ejecutivo e incluso en abril hubo dos consejos de ministros donde el tema fue analizado con detenimiento.

Batería

La expectativa de inflación de los analistas privados para fin de año es 7,5% en la mediana de las respuestas a la encuesta del BCU divulgada este viernes.

Para contener los precios y hacer que la inflación –que está en 8,34% anualizada a abril– calce dentro del rango objetivo (4% a 6% a partir de junio), las autoridades tomaron una serie de medidas cuyo impacto aspiran que se note en el corto plazo.

A saber, se agilizaron los trámites en el Ministerio de Ganadería y Agricultura necesarios para importar frutas y verduras. De esa forma se intentará compensar eventuales carencias en el mercado que empujarían al alza los precios que paga la población. La efectividad de esa medida depende también de los precios que se consigan en la región para que valga la pena la importación.

Y con el repunte inflacionario, hasta Presidencia de la República expresó su malestar por las subas reiteradas que a comienzos de año tuvo la carne –aumentos que causaron gran disgusto en la población–, otro de los productos que incide en el Índice de Precios al Consumo.

El escenario conformado con presiones inflacionarias por factores locales e internacionalesllevó a Mujica y a sus ministros a considerar “acuerdos de precios” con las grandes superficies y la cadena de producción para evitar subas que generan más inflación.

Según se informó a El Observador, esa medida está en el menú de opciones aunque aún no fue activada. De todos modos, se dejó en claro que de recurrirse a ese instrumento serán “acuerdos” y no habrá “control de precios”.

Otra decisión que tomó Economía fue retrasar aumentos de tarifas públicas, sobre todo la de los combustibles de ANCAP, que repercute inmediatamente en los costos productivos y son trasladados a la ciudadanía.

Paralelamente, el Comité de Política Monetaria (Copom) aumentó en marzo la tasa de referencia llevándola a 7,5%, buscando contraer la liquidez del mercado.

El Copom tiene agendado volver a sesionar en junio y puede ajustar al alza la tasa, medida que recomendó Pablo Rosselli, analista de la consultora Deloitte.

La última decisión antiinflación del Banco Central fue anunciada el miércoles y significó aumentar los encajes bancarios y crear el encaje marginal para los nuevos depósitos, tomando como base el promedio de abril.

Ni las autoridades bancocentralistas ni los analistas consultados por El Observador saben cuánto ayudará esa medida a bajar la inflación. De todos modos, a nivel privado aseguran que es razonable que el BCU busque retirar dinero del mercado para intentar contener el consumo interno.

Las cuentas hechas por los técnicos del BCU dan que con el aumento de encajes US$ 480 millones saldrán de plaza, más lo que aporte el encaje marginal que no está contabilizado en esa cifra.

El presidente del BCU, Mario Bergara, comentó que “los agregados monetarios, como la tasa de interés, son instrumentos más flexibles para el manejo de metas de inflación”.

La decisión de aumentar los encajes se ve como una medida “complementaria” a la suba de la tasa de referencia.

Con lo hecho hasta ahora las autoridades esperan que la inflación se desacelere.

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