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El hombre monstruo

Su cara fue irreconocible en la multitud, pues en la mayoría de las películas que hizo se ocupó de ser alguien más

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09 de agosto de 2017 a las 04:55

Su cara fue irreconocible en la multitud, pues en la mayoría de las películas que hizo se ocupó de ser alguien más, y de esa forma se ganó la vida. Una vida haciendo lo mismo, viviendo en el anonimato aunque su presencia generara millones de dólares en ganancias.

Haruo Nakajima acaba de morir a los 88 años de edad, y pocos han de saber quién es. Nakajima fue el hombre que se puso el traje de Godzilla en doce películas del monstruo japonés (se hicieron unas 30), que son hasta la fecha las más vistas de criaturas inclasificables con poder suficiente como para tirar abajo una ciudad.

Cuando Nakajima comenzó a ser el monstruo a principios de la década de 1950, el cine desconocía los efectos especiales generados por computadora que han arruinado al cine de aventuras de hoy, por lo que gran parte de las películas dependía de sus cualidades físicas para recrear o "inventar" lo que serían los supuestos movimientos de la enorme bestia de origen desconocido.

Nakajima debía ponerse un traje que en los comienzos era hecho en gran porcentaje de cemento y que pesaba más de 100 kilos y caminar de forma intimidante entre maquetas en miniatura que simulaban ser una gran urbe.

Su debut en el papel fue en 1954, en Godzilla, rey de los monstruos, dirigida por el genial Ishiro Honda (1911-1993), maestro de las películas tokusatu y kaiju(cine de ciencia ficción basado la mayoría de las veces en monstruos supernaturales), a quien el cine de hoy tanto y tan mal ha copiado.

Años atrás, en un libro que leí sobre la historia de las películas de Godzilla encontré un dato que me sorprendió: a Nakajima, los directores no le daban indicaciones precisas sobre los movimientos que debía hacer, simplemente le decían, póngase el traje y haga de monstruo lo mejor que pueda.

Nakajima se ponía el traje del rey indiscutido de los monstruos y hacía creer a todo el mundo que lo era. Su talento, nunca reconocido de la manera debida por la audiencia, fue notable y por eso llegó a ser imprescindible su presencia para que la insólita criatura tuviera credibilidad y aterrorizara a la audiencia. En lo suyo, Nakajima fue insuperable. Cuando el actor se retiró en 1972, Godzilla dejó de ser el mismo. Parecía que el alma lo hubiera abandonado.
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