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El hombre que leyó todos los libros

Real de Azúa. Una biografía intelectual, de Valentín Trujillo, recupera e ilumina la figura de uno de los pensadores más importantes del país

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17 de julio de 2017 a las 05:00

Patricio, fascista, católico recalcitrante, mal escritor de estilo retorcido y barroco, tartamudo, homosexual o ridículo, fueron algunas de las caricias que recibió Carlos Real de Azúa a lo largo una vida signada por sus constantes piruetas ideológicas, una visión crítica de todo lo que lo rodeaba y una producción intelectual sobresaliente.

Como no podían con él, solo quedaba el recurso del golpe bajo, al que solía responder con una sonrisa y una réplica de 25 páginas donde redoblaba la apuesta. Como señala Trujillo en el prólogo de esta biografía amena y minuciosa: "Real de Azúa se animó a entrar en territorios sagrados de la conciencia colectiva nacional y salir airoso. Analizó a Rodó, a Herrera, a la clase alta, a los caudillos, los poetas, los presidentes, los partidos políticos, los guerrilleros, los liderazgos y la secreta conformación del poder".

El gesto más audaz, la prueba más fehaciente de su fuerza librepensadora, es sin duda El impulso y su freno, un libro en el que ataca al Uruguay batllista de principios del siglo XX y a su principal impulsor, José Batlle y Ordóñez. Si bien hoy se lo ve como un golpe desmedido a la figura personal del presidente, también se reconoce la profundidad del análisis de Real y su absoluta actualidad, ya que la matriz batllista aún está presente en el país.

La biografía encara en profundidad este y otros temas, y lo hace aportando documentos de todo tipo, desde extractos de ensayos, artículos de prensa, discursos y cartas a sus padres, hasta himnos como el de la Falange española. Además, está la opinión de muchas personalidades que hablan sobre Real, fruto de las más de 60 entrevistas que realizó el autor.

Este aporte documental adquiere mayor relevancia cuando es analizado por Trujillo, que no se limita a reproducir sino que interpreta, aclara y reflexiona sobre el texto en cuestión cada vez que la situación lo amerita. Gracias a ese compromiso intelectual logra que el lector no se vaya a dormir con más dudas que certezas.

El libro es entonces, también, un recorrido apasionante por las diversas corrientes filosóficas, políticas y sociales del siglo XX, que tanto interesaron y marcaron a Real de Azúa, que comenzó siendo falangista, pasó luego por el Partido Colorado, después por el Partido Nacional y terminó adhiriendo al Frente Amplio poco antes de morir en 1977.


Lo curioso es que, a la vista de los enormes y constantes cambios que marcaron el siglo pasado, siempre se le reprochó su carácter camaleónico, sus idas y vueltas ideológicas, cuando lo insensato parece ser lo opuesto, o sea, permanecer inconmovible ante los cambios y ser siempre del mismo cuadro político, pase lo que pase.

Real tenía claro que una cosa era la política y otra el fútbol, donde sí es un pecado imperdonable cambiar de camiseta. Iba siempre a ver a su querido Peñarol al estadio, aunque también iba de tanto en tanto a ver a Nacional, para ver si perdía. Trujillo cuenta una anécdota al respecto, donde relata que en el entretiempo de un partido entre Nacional y Central Español, Real se encuentra con un amigo hincha de Nacional que le reprocha su presencia con un: "¿Qué estás haciendo vos acá?". Real responde: "Vine a ver si le sacábamos un puntito a Nacional..., pero veo que no será posible".

Este tipo de historias ayudan a construir un retrato más íntimo del personaje, dentro de una biografía que se esmera y se luce sobre todo en el análisis de la obra. A través de ellas, el lector logra ver al hombre detrás del personaje. Al hijo soltero que vivió siempre con sus padres en un apartamento alquilado, al profesor que dictaba cursos magistrales en liceos, en el IPA y en la Universidad sin distinciones de clase u abolengo, al abogado que odiaba la abogacía, al ensayista que era el terror de las imprentas ya que volvía una y otra vez para corregir, al temerario que salía a pasear por Nueva York de madrugada, al civil que destituyó la dictadura militar.

Solo contra todos

A Real de Azúa lo tenía sin cuidado el qué dirán, sobre todo en materia política. Atacaba a propios y extraños en el momento menos pensado y contra todo pronóstico. Por eso Trujillo no duda en señalar que lo suyo fue siempre una adhesión crítica, tanto a partidos como a ideologías. Un día podía ser el primero en la línea de defensa y al mes siguiente se alejaba de lo que había defendido con gran convicción y elocuencia.

En la década de 1930 se sintió atraído por el falangismo español y el fascismo de Mussolini, pero alcanzó una visita a la España de la posguerra para que volviera absolutamente decepcionado. En España de cerca y de lejos, su primer libro, plasmó los horrores del régimen franquista, y nunca volvió a defender esa causa.

Más adelante, siendo votante del Partido Colorado, atacó sin piedad a figuras de la talla de José Enrique Rodó o José Batlle y Ordónez. Cuando se pasó al bando blanco criticó a Herrera y apoyó a Benito Nardone (Chico Tazo) para luego largarse espantado del ruralismo. Luego se unió a otro disidente, como Enrique Erro, que se alió con el Partido Socialista para formar la Unión Popular.
La última pirueta sería acercarse al naciente Frente Amplio, compartiendo cartel con gran parte de sus colegas del semanario Marcha, lo que no lo frenó a la hora de atacar la postura y los métodos de los tupamaros.

Hay, en su revisionismo histórico, un algo que recuerda al método socrático para encontrar la verdad. A las nociones establecidas y ya aceptadas por todos como verdades absolutas les aplicaba una lupa gigante, las desmenuzaba en mil pedazos hasta que las contradicciones resultaran evidentes. Y si no era suficiente, hacía mil preguntas más. Lo hizo con Rodó, con Batlle y con Herrera, pero también le aplicó el método al país mismo y su historia.

Trujillo maneja toda esta información de manera ordenada y demuestra un dominio absoluto del tema, ya que, por ejemplo, en la página 200 es capaz de hablar de cosas que mencionó en la 75, relacionarlas y seguir adelante.

Profesor de literatura y estética, abogado, historiador, crítico literario, ensayista y escritor, también se reconoce hoy a Real de Azúa como el padre fundador de la ciencia política en Uruguay. Fue un hombre del renacimiento, en cuanto a erudición y capacidad para descollar en cualquier disciplina. Los 16 mil libros que tenía su biblioteca cuando murió, dicen, eran solo una parte de los que había leído.

Real de Azúa, una biografía intelectual
viene a llenar un vacío inexcusable y lo hace con brillantez, desde la honestidad y la pasión de quien se maravilla con todo lo humano, esté o no de acuerdo.

Real de Azúa. Una biografía intelectual
Editorial: Ediciones B
Autor: Valentín Trujillo
Páginas: 383
Precio:
$ 690
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