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24 de mayo de 2012 20:37 hs

Un año después Diego tocaba el cielo con las manos. Uruguay coronaba un ciclo largamente soñado conquistando la Copa América de selecciones en Argentina.

Es cierto que Luis Suárez le robó el protagonismo de ser el mejor, pero Forlán apareció en el momento indicado: en la final, con dos goles.

Por aquellos tiempos de dulzura había una situación que lo incomodaba: su club.

Las cosas no estaban bien en Atlético de Madrid. El desgaste de los años en la institución pasaba factura. Las peleas con los habitantes de la platea generaban broncas.

La última perla del collar fueron las diferencias con el entrenador. Y fue tiempo de cambio. Atrás quedaron años de felicidad y gloria con los colchoneros, incluida la histórica Europa League de 2009-2010.

Diego tomó la valija y se fue a Milán. Cambió de ciudad y de idioma. Italia se transformó en una ilusión. El Inter de Moratti lo arropaba y una legión de extranjeros, muchos argentinos conocidos, pasaron a formar parte de su vida cotidiana.

Del sueño a la pesadilla
Pero Forlán pasó de la ilusión del cambio a la pesadilla de convivir con la incertidumbre. Las lesiones, algo que jamás estuvo en su libreto, lo fueron relegando de un equipo que no espera. En Inter estás o quedás afuera. Es que tienen tantos jugadores que sacan y toman otro.

En los primeros cinco meses en Italia padeció tres lesiones. Una de ellas la heredó de la selección, lo que genera celos y malestar en el club que abona el salario.

Y a partir de ese momento el camino soñado se transformó en un camino de espinas.

Diego perdió protagonismo. De la titularidad pasó al banco, de entrar en algunos encuentros pasó a no ser convocado. Y el final de la historia es que su futuro se transforma en una verdadera incógnita.

¿Motivos? Inter salió al mercado y contrató al argentino Cristian Palacio.

Entonces se plantea la disyuntiva: ¿hay lugar para Forlán? Todo apunta a que la nueva dupla ofensiva será albiceleste: Milito-Palacio. Y como primer alternativa otro argentino: Mauro Zárate. Pero Inter suma a su cartel de jugadores interesados a Ezequiel Lavezzi, una cuenta pendiente para Moratti, que hace rato quiere llevarlo a Milán.

Se quiere quedar
¿Qué dice Diego a todo esto? Tiene contrato por un año más con Inter y quiere revancha.

Pero claro, el tema ahora pasó a no depender de él. Vistas las cartas el técnico de turno puede dejarlo relegado. La bala que le queda a Diego es la selección. La celeste puede significar su trampolín, su relanzamiento.

El hecho es que la incertidumbre que se vive con el futuro de Forlán despertó el interés de varios equipos por tenerlo en su plantel.

Es que el apellido Forlán sigue siendo sinónimo de peligro y de gol. Málaga, São Paulo, América de México, Atlético Mineiro y hasta Peñarol esperan ilusionados el final de la historia.

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