11 de julio de 2014 19:41 hs

Ha sido históricamente el rubro más importante para la economía uruguaya. Quizás opacada en los últimos dos años por el boom de la soja, pero está lejos de ser relegada. Con una reputación respecto a su calidad, acrecentada con la incorporación de la trazabilidad de todo el rodeo vacuno, la carne bovina uruguaya accede hoy a los mercados más exigentes y que mejor pagan por esa proteína. A nivel doméstico, los criadores lograron pasar la tan anhelada barrera de los 3 millones de terneros la pasada zafra, un volumen alentador teniendo en cuenta que la faena en los últimos años se movió en el eje de los 2 millones.

Sin embargo, este panorama “color de rosas”, comenzó a opacarse poco a poco desde fines del año pasado producto de algunas “fallas” que mostró el libre mercado. El precio por el ganado gordo que ofrecían la industria y el nivel de faena no convencían a los ganaderos y al Ejecutivo. Para los frigoríficos había llegado la hora de recomponer las pérdidas que, a su juicio, habían soportado en los meses anteriores por pagar un precio por el novillo gordo que superó la barrera de los US$ 3,8 el kg (en abril de 2013), mientras que el valor medio de exportación de la tonelada vacuna permanecía estable en el eje de los US$ 3.700.

Una fuente de la industria –que prefirió el anonimato– reconoció a El Observador que esto se dio porque hubo frigoríficos “que jugaron a fundir a otros”, pagando un precio por el ganado que no correspondía con la realidad del mercado internacional. Dijo que esto llevó que durante 17 meses, la industria perdiera US$ 50 millones. Agregó que luego esa empresa –que estaba pagando un precio “desmedido”– abandonó esa práctica.

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Pero este cambio en las condiciones para determinar el precio de la hacienda, llevó a que el valor del novillo gordo tocara un mínimo de US$ 3,2 por kg a mediados de diciembre. El titular del Instituto Nacional de Carnes, Alfredo Fratti, y el propio presidente de la República, José Mujica, comenzaron a poner en la palestra pública este tema por las señales que se estaban transmitiendo al eslabón más débil de la cadena: la cría. El gobierno estaba dispuesto a “intervenir”, pero las gremiales que integran el Inac (Federación Rural y Asociación Rural) optaron por no tocar el “libre mercado”.

Las aguas se calmaron a principios de enero cuando el precio del ganado mostró un leve repunte, pero sería por un breve lapso. Sobre fines de marzo el ganado mostró una tendencia bajista y llegó al mínimo que había alcanzado en diciembre de US$ 3,2 kg para los novillos, y con una valor aún más deprimido para las vaca que rondó los US$ 2,8 por kg. A esto se sumaba la preocupación por los niveles de faena que manejaba la industria que –a juicio de los productores– no era suficiente para aliviar los campos antes de la entrada del invierno. Con este contexto de fondo, la controversia volvió a marcar un nuevo punto de ebullición. El Ejecutivo ordenó a la Comisión de Defensa de la Competencia iniciar una investigación de oficio para determinar si la industria incurre en colusión para controlar la faena y así deprimir los precios del ganado.

En paralelo, las gremiales agropecuarias (FR y ARU) vienen manteniendo una serie de reuniones con los frigoríficos buscando una solución de fondo a este problema. De todas formas, mientras la FR apoya una iniciativa del Inac para fijar un “precio de referencia” para el mercado de hacienda, la ARU es partidaria de mantener el “libre mercado”. La industria, por su lado, respondió esta semana con una contrapropuesta donde planteó que el precio del ganado gordo esté asociado al valor del ternero. La controversia no está cerrada ni mucho menos, por lo que seguramente habrá nuevos capítulos en las próximas semanas.

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