En este momento, el músico, productor y DJ de origen británico Mark Ronson está haciendo bailar a millones de personas en Estados Unidos. Próximamente lo hará en el resto del mundo. Su canción Uptown Funk es responsable de ello. Hoy está en el primer puesto del ranking Billboard y lo hace con motivos. Con la voz cantante del hawaiano Bruno Mars, una letra tan lúdica como pegadiza y una instrumentación que exuda funk por todos lados, Ronson le otorgó a 2015 su primer gran hit bailable.
Pero atrás de todo gran éxito musical se esconde una interrogante: ¿vale la pena acceder a escuchar un álbum entero por una sola canción? En el caso de Uptown Special, el cuarto y más reciente disco de Ronson, la respuesta es un enérgico “sí”.
Ronson se ha hecho conocido en la industria musical por su trabajo como productor. Fue el responsable de otorgar el sonido que convirtió a Amy Winehouse en una de las nuevas estrellas de la canción y ha trabajado con artistas tan disimiles como Paul McCartney, Adele, Bob Dylan, Rufus Wainwright, Lilly Allen y Lana del Rey. La lista se extiende a unos cuantos nombres más.
A nivel individual, el músico también ha sabido desplegar su talento como multiinstrumentista y conocedor del hip hop y el sonido motown (típico de la música pop negra de los años ‘70), una faceta influenciada por su crianza en Nueva York, lugar donde inició su carrera como DJ profesional.
Como solista, entre 2003 y 2010 publicó tres discos recomendables: Hot Fuzz, Version y Record Collection. Ronson demostró, respectivamente en cada álbum, su talento para la confección de beats agitados, su capacidad de reinventar canciones de artistas como Coldplay, Britney Spears y The Smiths, así como su agudeza para componer canciones originales con su banda The Business Intl.
Una reunión talentosa
Para Uptown Special, Ronson volvió a hacer lo que bien sabe hacer. Abrazando la estética y espíritu retro de barrios neoyorquinos como Harlem, se convirtió en el maestro de ceremonias de una reunión musical que recorre diferentes facciones del soul, el R&B y el funk, a lo largo de once canciones.
Para ello, volvió a reunir a un tándem de colaboradores talentosos entre los que se encuentran Mars (con el que había trabajado en su megahit Locked out of Heaven), la leyenda musical Stevie Wonder, el rapero Mystikal y los cantantes Kevin Parker de Tame Impala y Andrew Wyatt de Miike Snow.
Esta vez, sin embargo, Ronson no buscó ayuda exclusivamente a nivel sonoro. Para la composición de la mayoría de las letras de Uptown Special, reclutó la pluma y colaboración del escritor Michael Chabon, autor de la novela Las asombrosas aventuras de Kavalier y Clay (Mondadori), libro del que Ronson se proclama fanático.
El resultado de esta colaboración heterogénea es una colección de canciones disímiles, que si bien utilizan y proponen diferentes instrumentaciones y ritmos, se mantienen dentro de una misma línea musical que decide renovar viejos géneros musicales bajo una impronta pop.
Como cualquier reunión, Uptown Special es un álbum que atraviesa por varios momentos, algunos más efervescentes y mejores logrados que otros. Más allá que la impronta del productor es notoria a lo largo del disco, son los artistas invitados los encargados en brindar cada uno el toque que le corresponde. En Summer Breaking y Daffodils, temas en el que canta Parker, Ronson da rienda suelta a la voz aguda del cantante para desplegar una serie de temas de un funk psicodélico con roces de surf y space rock.
El rapero Mystikal y los músicos Jeff Bhasker y Andrew Wyatt protagonizan canciones más “clásicas” en la huella retro del álbum. En los temas Feel Right, Crack in the Pearl e In Case of Fire los espíritus de James Brown y Marvin Gaye son invocados, mientras se realizan guiños musicales al propio Stevie Wonder. El legenario músico aporta su pequeña cuota como no se podía esperar de otra forma: a través de su distintiva armónica que abre y cierra el álbum de manera elegante.
Aunque no haya otro hit como Uptown Funk, tonada cuyo único pecado podría ser el de ser demasiado buena para el álbum, vale la pena concebir y adentrarse en este último trabajo de Ronson como una nueva bienvenida a aquellos ritmos viejos que nunca tendrían que haber dejado de sonar.