El Mundial termina el domingo con la esperadísima final Argentina-Francia, pero ya se puede hacer el balance de algunos hechos por los cuales recordaremos a Qatar 2022. Acá va una antojadiza lista.
A la FIFA le resbalan los escándalos
Es legendariamente conocida, pero no deja de ser increíble la capacidad de la FIFA para esquivar los escándalos. Los derechos de las mujeres, los obreros muertos, las ejecuciones en Irán… durante Qatar 2022 incluso amenazó a varias selecciones con amonestar a sus capitanes si usaban un brazalete en apoyo a los derechos de las minorías sexuales. No se inmutó y el mundial siguió su curso. Ahora el mundo está azorado por la posible ejecución de un futbolista profesional iraní, y aunque varios exigen protestas de las selecciones que quedan en carrera, y hasta proponen un boicot, ya se sabe que nada pasará. El magnetismo del Mundial es demasiado grande, y a prueba de todo.
¡Déjenlos descansar!
Con 29 días de competencia, Qatar 2022 fue el Mundial más corto de la historia desde que en 1998 empezó a jugarse con 32 equipos (esa vez fueron 33 días y desde allí nunca bajó de los 31). Usted dirá que son solo dos días de diferencia con el más corto y tres con el promedio, pero esa falta de un día de descanso fue demasiado para varios equipos, especialmente los que tuvieron menos de 72 horas de descanso entre la fase de grupos y los octavos, como Corea del Sur, que a los 36’ de su partido de segunda fase ya perdía 0-4 con Brasil, o Suiza, aplastado 1-6 por Portugal. Croacia, por ejemplo, llegó completamente agotado a las semifinales, también en parte porque rotó poco y jugó dos alargues.
En el Mundial 2026 se subirá a 48 equipos, lo que plantea la posibilidad de jugar una ronda más de dieciseisavos de final, en el verano norteamericano, y con seguramente una férrea presión de los clubes europeos para no expandir el calendario. Jugar, jugar y jugar, porque así lo exige el circo.
Hay que correr
Lo anterior no sería tan grave si no fuera por una característica del Mundial que confirma lo que se ve en el fútbol internacional de estos días: se ocupe el puesto que se ocupe, en promedio hay que correr (o caminar) en el entorno de 10 kilómetros por partido. Todos los delanteros bajan a marcar, todos los equipos defienden con los once detrás de la línea de la pelota y en propio campo si es necesario, y no se ponen colorados.
El renacimiento de Messi
Messi sabía lo del punto anterior. Se preparó los últimos seis meses -o el último año- para llegar al pico de rendimiento en Qatar, en el relativo silencio de la liga francesa, donde no descolló. Y por eso lo estamos viendo mientras consigue casi un milagro: recuperar el pique corto que tenía los 25 años, que sumado a su capacidad de controlar la pelota en velocidad lo hacía sencillamente indetenible. Lo mostró en el partido ante Croacia, especialmente en el tercer gol, donde dejó parado a un defensor como Gvardiol, 15 años más joven. En una constante de Messi en este Mundial, como lo era en sus mejores tiempos: antes de poder reaccionar, los rivales ya están un paso atrás, lo que en el caso del argentino significa un harakiri. Es su renovado estado físico, no su talento legendario y su mente siempre adelantada, el factor novedoso de Messi en Qatar. Y mientras otros (Cristiano, Suárez, Sergio Busquets) ven avanzar sobre ellos el ineludible devenir del tiempo, Messi se reinventa.
El VAR se desinfló
Iban menos de tres minutos de Mundial cuando se dio la primera polémica con el VAR, un gol anulado a Ecuador ante Qatar por un offside milimétrico, de esos que el ojo humano nunca vería pero sí la tecnología. A partir de ahí hubo varios en la fase de grupos: si lo sabrá Uruguay, que terminó quedándose fuera de octavos de final por un solo gol de diferencia y con un polémico penal en contra ante Portugal vía consulta de VAR. Alemania también se despidió por una jugada milimétrica en el partido Japón-España, del que no hubo ninguna imagen pública clara y definitoria.
Pero a partir de la fase final, el VAR casi que desapareció. Fue importante para decidir un penal en Inglaterra-Francia, pero casi nada más. Los jueces hicieron lo que deben; hacerse cargo de sus decisiones, sin la protección de aparatito. La tecnología es necesaria, la curva de aprendizaje también; esconderse atrás del VAR, no.
Una nueva visión de Argentina
Argentina luchador, Argentina sacrificado. Argentina humilde (sus jugadores). No es que otros equipos del vecino no hayan tenido alguna de esas virtudes, y tampoco que esta albiceleste sea un equipo picapedrero, ni mucho menos. Pero el equipo de Scaloni gira alrededor de Messi, en el buen sentido. No como forma de descansarse en él, sino como forma de sacar la cara por él, de jugarse por su líder en su última oportunidad de ser campeón mundial. Desde el punto de vista del sacrificio es una Argentina un poco uruguayo, pase lo que pase en la final.
La falta de identidad de Uruguay
No soy un fan del Maestro Tabárez, al menos el de los últimos cuatro o cinco años. Pero la participación de la celeste dejó una casi certeza: no tuvo identidad. No fue el equipo ofensivo y valiente de la eliminatoria -ante rivales del fondo de la tabla- pero tampoco el equipo defensivo pero difícil de pasar del Maestro. Lo peor es que cuando intentó salir a atacar mostró que la historia podría haber sido diferente.