24 de noviembre de 2011 18:19 hs

De entrada Habemus papa, la última comedia del italiano Nanni Moretti, tiene un planteo irreverente. En el cónclave cardenalicio que se realiza para elegir al nuevo papa, la votación termina favoreciendo de manera sorpresiva al ignoto cardenal Melville (Michel Piccoli). En el momento de la anunciación pública frente a una repleta Plaza de San Pedro y ante los ojos del mundo, Melville sufre un colpaso nervioso, un ataque de pánico, cuando se da cuenta de la responsabilidad que acaba de recaer en sus temblorosas manos. Entoces huye, se escapa y el nombramiento oficial no se puede realizar.

Moretti, quien dirigió comedias desde el inicio de su carrera a mediados de los 70, tuvo sin embargo su destaque con un drama familiar en La habitación del hijo (2001), película con la que obtuvo entre otros premios la Palma de Oro en Cannes.

Y con Habemus papa, Moretti intentó, más allá de la comedia, explorar a un personaje en concreto y sus dificultades para afrontar un destino grandioso. “Quise mostrar a un hombre frágil, que se ve inadecuado ante los ojos del poder y ante el rol que está llamado a desempeñar”, declaró Moretti al sitio Cineuropa cuando la película se estrenó en Italia, en abril de este año.

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Como también lo hace Woody Allen, con quien a veces se lo compara, Moretti actúa en sus filmes. En este caso, su papel es del doctor Brezzi, un psicoanalista a quien acude el Vaticano para que trate el delicado caso de Melville.
El psicoanalista se planta frente al Papa y le dispara a quemarropa: “Santo Padre, ¿está teniendo problemas con la fe?”Así comienza la terapia.

Hasta ahí, el doctor se comporta como un perfecto profesional. Pero mientras dura el “tratamiento intensivo” de Su Santidad, el personaje de Moretti organiza un campeonato de beach-volley dentro del convento donde los cardenales se encuentran enclaustrados. Es el típico “momento Moretti”, donde en el instante menos pensado surge un hecho que lleva a la película a un territorio casi surrealista, igual que los niños que dominan los teléfonos de las islas de Lipari en Caro diario, o el breve episodio musical del maestro pastero trotskista en Aprile.

Esas delirantes salidas sorpresivas son una marca registrada de la factoría Moretti, un director que no oculta ni su ateísmo, ni la intimidad de su familia –que actuó en un episodio de la película Caro diario–, ni su filiación política de izquierda moderada. En Aprile, coincidiendo con el nacimiento de su hijo, se superpone la victoria de la izquierda sobre la candidatura de Silvio Berlusconi.

Moretti autor/personaje sale a la calle en su Vespa blanca y se une a la caravana de los festejos como un militante más.

Lo político volvió a su obra con El caimán, de 2006, donde la crítica vio en el protagonista un retrato borroneado de “Il Cavaliere”, ya ahora en el gobierno. Por más que Moretti lo negara explícitamente (“este no es un filme sobre Berlusconi”, dijo en su momento) las similitudes entre la película y la realidad son grandes.

Y la política tampoco es ajena a Habemus papa, porque no olvidemos que El Vaticano también es un estado. La frutilla en la torta es la recuperación de un gran actor como Michel Piccoli, que desde sus películas con Luis Buñuel no tenía un protágonico tan exitoso.

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