La victoria de Mauricio Claver-Carone en la carrera por la Presidencia del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), impulsado por el presidente estadounidense, Donald Trump, habla más de la incapacidad de una América Latina desunida y sin liderazgo, que de los buenos oficios de la Casa Blanca.
Lo más conveniente ahora es dejar de penar por un hecho inexorable y pensar acerca de cómo se puede aprovechar una gestión que proyecta aumentar el crédito en la región en áreas clave como infraestructura, educación y salud.
La elección de Claver-Carone, un abogado de 45 años, nacido en Miami, de madre cubana y padre español, como director ejecutivo del BID, quebrantó la tradición de que el presidente del principal banco de fomento de la región sea un representante de América Latina y que el vicepresidente responda a Estados Unidos (EEUU).
El ensimismamiento de los presidentes de los países de la región debido a la brutal crisis que desencadenó la enfermedad de la covid-19, la fragmentación política y la incapacidad para coordinar acciones conjuntas -que a esta altura ya es un hábito-, engendraron un ambiente diplomático que favoreció el avance del postulante de Trump.
El gobierno de EEUU informó a su par brasileño de sus intenciones, quien inmediatamente retiró la postulación de Ricardo Xavier y anunció el apoyo a Claver-Carone, que también recibió el respaldo entusiasmado del gobierno colombiano de Iván Duque.
La ausencia de una estrategia común latinoamericana quedó más al descubierto con la postulación aislada de la expresidenta de Costa Rica Laura Chinchilla y el interés de Argentina de promover a Gustavo Béliz, un estrecho colaborador del mandatario argentino, Alberto Fernández.
Ante la fortaleza del aspirante estadounidense, Chinchilla retiró su candidatura y Argentina nunca llegó a formalizarla.
Claver-Carone obtuvo en la elección virtual del sábado 12, una clara mayoría: 67% de apoyo, incluido 23 de los 28 países de la región, según informó él mismo. El presidente uruguayo, Luis Lacalle Pou, respaldó al candidato estadounidense.
Pese al amplio apoyo que recibió el candidato de EEUU, que asume el próximo 1° de octubre, hubo voces de protestas en América Latina y en Europa por dos cuestiones: la ruptura de una regla no escrita y su cercanía a Trump, quien puede perder la elección presidencial el próximo 3 de noviembre ante el contrincante demócrata, Joe Biden, muy crítico de la postulación de Claver-Carone.
El nominado titular del BID es visto con suspicacia por ocupar el cargo de Asesor Especial de Trump y director de asuntos del Hemisferio Occidental del Consejo de Seguridad Nacional y ser una de las voces más radicales contra Cuba y Venezuela.
Pero, además, este exrepresentante de EEUU en el FMI y exfuncionario del Departamento del Tesoro, dirige una agencia gubernamental que canaliza inversión privada en infraestructura en la región, un asunto que se propone fortalecer desde el BID, así como elevar los préstamos anuales de US$ 12 mil millones a unos US$ 20 mil millones para avanzar en la región y quitarle protagonismo a China.
Es cierto que Claver-Carone genera incertidumbre, pero también es justo reconocer que tiene condiciones de sobra para liderar una gestión en la que EEUU preste más atención al desarrollo de América Latina.