Recién ahora, sobre el cierre de esta semana, las lluvias dejan paso a un despeje de unos 15 días que ofrece una ventana para acelerar las labores: levantar la soja y liberar las chacras para la siembra de invierno, que arriesgan a empezar demoradas si no se logra avanzar rápidamente una vez que el barro se vaya y haya “piso” para las cosechadoras.
Preocupante achique en la producción de soja
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Con barcos ya alineados para cargar soja en los puertos de Nueva Palmira y Montevideo, distintos actores de la cadena agroexportadora esperan una producción de entre 1,8 y 2,2 millones de toneladas de soja, aproximadamente la mitad de los 4 millones de la zafra pasada.
La producción se mueve al son de El Niño, de La Niña y de las lluvias que reciben las chacras.
Oficialmente se contabilizó el año pasado una producción de 3,84 millones de toneladas producidas con base en un rendimiento inédito de 3.121 kilos por hectárea a nivel nacional, que por primera vez superó al de Argentina.
En los últimos 12 meses se exportaron 3,624 millones de toneladas por US$ 1.443 millones a un promedio de US$ 398 por tonelada precio FOB.
Este año, con una producción del entorno de 2 millones de toneladas, la facturación por exportación caerá a algo más de US$ 800 millones, es decir 600 millones menos que el año pasado, que se harán notar en los datos de PBI del próximo semestre y en la facturación por servicios relacionados.
Números en rojo para los agricultores
El rendimiento promedio este año, en un área que Urupov calcula en 1,25 millones de hectáreas sembradas, será de entre 1.450 a 1.600 kilos por hectárea, de acuerdo a las estimaciones de empresas y cooperativas agrícolas.
La productividad promedio estará por debajo del rendimiento de equilibrio proyectado de 1.800 a 2.500 kg/ha, dependiendo del pago de renta, lo que supone números en rojo para los productores.
En Soriano las primeras chacras cosechadas esta semana arrojaron entre 1.300 y 1.400 kg/ha, algo que “mejora hacia las partes bajas y empeora en las zonas altas”, dentro de los márgenes de la estimación previa que se situaba entre 1.200 y 1.500 kilos por hectárea, indicó un productor.
En zonas de Colonia que recibieron muy pocas lluvias la estimación previa a que las cosechadoras entren en los próximos días es dispersa y muy modesta: entre 800 y 1.400 kilos por hectárea, la tercera parte que el año pasado.
Mientras tanto, más al norte, en la zona de Young se logran 1.800 kg/ha y en Paysandú las diferencias se hacen más notorias con rendimientos que llegan a ubicarse entre 3.000 y 3.500 kg/ha, y un promedio departamental que podría superar los 2.500 kg/ha.
Al sur del río Negro los rendimientos son muy bajos para suelos de buen potencial: la falta de lluvias en el llenado de grano y el exceso de agua en el último tramo se expresaron en cultivos que a la hora de la cosecha presentaron plantas secas, otras reverdecidas, enmalezamiento y hongos en el fin de ciclo por el combo de alta temperatura y humedad, donde los lotes en mejor estado fueron tratados con funguicidas y el resto fue menos atendido, indicó un técnico referente de la zona.
También se hace especialmente pronunciada la diferencia entre soja bajo riego y soja de secano: los cultivos regados tienen un piso de rendimiento de 3.500 kg/ha con una estabilidad mucho mayor y son comunes las chacras de 5.000 kilos.
En Colonia se cosecharon sojas de primera bajo riego con rindes de 4.000 kilos por hectárea, aun con dificultades para administrar el riego.
Sobre el cierre del ciclo del cultivo un repunte de precios, que de los US$ 370 pasaron al eje de los US$ 400 por tonelada, permite bajar un poco el rendimiento de equilibrio, como para que productores que logran 1.500 kg lleguen a un empate, que en muchos casos es el segundo consecutivo luego de la zafra de invierno.
Pagar las cuentas, conservar muy poco en el bolsillo y seguir buscando la revancha en el próximo cultivo es la lógica de los productores que arriendan la tierra, entre 60% y 70% de la agricultura sin riego en Uruguay.
Efecto guerra en los precios, ¿hasta cuándo?
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La soja fue presupuestada a entre US$ 360 y US$ 365 la tonelada previo a la siembra y la comercialización hasta ahora ha sido lenta por las dudas sobre el volumen que se producirá, por lo que es probable que una proporción importante se coloque en cosecha a valores que hoy se sitúan entre US$ 395 y US$ 400, las referencias más altas desde julio de 2024.
El precio de la soja julio en la Bolsa de Chicago, referencia para la cosecha de Uruguay, se instaló arriba de US$ 430 por tonelada en la última semana de febrero, el nivel de valores más alto desde marzo de 2024.
La guerra en Medio Oriente afirmó los precios, que en el último mes se han movido en la franja de US$ 430 a US$ 440 por tonelada, sostenido por el aumento del aceite que se disparó a un precio excepcional de US$ 1.600 por tonelada esta semana, en sintonía con el incremento del precio del petróleo.
El interrogante es qué pasará en el mediano plazo, cuando pase el efecto guerra y eventualmente se haga más expresiva la influencia bajista de factores de oferta y demanda, como la cosecha récord en Brasil estimada entre 177 y 180 millones de toneladas, la buena producción en Argentina y la estabilidad de China como comprador que en 2025 alcanzó un récord de 112 millones de toneladas que podrían marcar el final del crecimiento de ese país como importador.
La oferta viene superando a la demanda y la suba de precios de los fertilizantes nitrogenados estimula a la siembra. Esto se visualiza por ejemplo en el crecimiento de superficie del 4% en Estados Unidos a 34,2 millones de hectáreas en la siembra que está en curso por ahora a buen ritmo. Lleva un avance de 12% frente al 7% de igual momento de 2025 y al 5% promedio de las anteriores cinco campañas.
Lo que pasa con el mayor productor del mundo
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En Brasil la cosecha alcanzó el 88% del área sembrada informó la Compañía Nacional de Abastecimientos (Conab) el miércoles 22, por debajo del ritmo del año pasado que era de 92,7% en la misma fecha.
Los retrasos se concentran en el sur, por exceso de lluvia, con 50% de los 6,6 millones de hectáreas de Rio Grande del Sur pendientes de ser cosechadas.
La producción de soja de Brasil en la campaña 2025/26 sería récord con 179,15 millones de toneladas según la Conab que revisó al alza en abril su previsión de producción desde 177,85 millones de toneladas en marzo.
La Compañía agregó un millón de toneladas a su previsión de exportaciones que ascendió a 115,4 millones de toneladas, seis millones más que en 2025. El USDA proyecta por ahora 180 millones de toneladas.
El año pasado la producción brasileña ya había sido récord en 172,5 millones de toneladas. Un crecimiento que por ahora parece imparable.
Por su parte, la Asociación Brasileña de Industrias de Aceites Vegetales (Abiove) proyecta un volumen de exportaciones también récord de 113,6 millones de toneladas de soja en 2026, dos millones de toneladas más de lo proyectado en marzo y 5,7% más que en 2025.
China pone más presión
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China reducirá en 2026 sus volúmenes de importaciones de soja (-6,1%), carne vacuna (-3,9%), carne de cerdo (-8,2%) y productos lácteos (-4,2%) según las Perspectivas Agrícolas de China 2026-2035, un informe oficial del Ministerio de Agricultura publicado el lunes 20 de abril.
Las importaciones de soja caerían en 6,8 millones de toneladas, lo que supone el primer descenso en los últimos años, afirmó el director de monitoreo agrícola y tecnología de alerta temprana del Ministerio de Agricultura y Asuntos Rurales, Xu Shiwei.
China se ha fijado un objetivo claro para reducir su dependencia de la soja importada durante la próxima década, y para el año 2035 el gobierno espera que las compras de soja caigan en casi 30 millones de toneladas respecto a los volúmenes del año pasado, hasta 82,55 millones de toneladas, una disminución de 26%.
Es prudente esperar. China ya se había fijado objetivos similares, pero no los alcanzó. En 2022, el gobierno proyectó que la producción de soja llegaría a 23 millones de toneladas para 2025 pero se ha mantenido por debajo de los 21 millones de toneladas.
En todo caso, la voluntad de disminuir el volumen de importaciones es concreta y una baja notoria en la demanda del principal importador mundial podría ser relevante para los precios de las materias primas, los flujos comerciales y la estabilidad de los ingresos agrícolas.
China importó un promedio del 61% de la oferta mundial de soja disponible durante los últimos cinco años y por los enfrentamientos comerciales con Estados Unidos ha concentrado embarques desde Brasil donde en 2025 compró 85,4 millones de toneladas de soja, el 79% del total exportado por el país.
En el primer trimestre de 2026 los embarques de Brasil a China bajaron 5% en volumen, de 16,9 a 16,2 millones de toneladas, en particular en marzo por problemas con las certificaciones sanitarias.
Si China avanza en esos objetivos y ejerce presión sobre los precios, la cotización de la soja podría volver a la línea de US$ 350 por tonelada, lo que hará difícil conseguir márgenes cuando los años no sean productivamente perfectos.
Mucha soja en el planeta
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La revancha de la reducida zafra 2026 está a la vuelta de la esquina.
Los pronósticos de un Niño fuerte en la próxima primavera-verano pueden ser un estímulo para apostar a plantar, con el riesgo de tener problemas a la cosecha como en 2016, o de repetir los muy altos rendimientos de la zafra 2025/26.
El desafío de la soja en Uruguay es de mediano plazo. Mientras China anuncia planes para bajar las importaciones Brasil sigue creciendo como exportador. Los saldos de Brasil, que eran cinco años atrás menores a las necesidades de China ahora superan largamente a las importaciones del gigante asiático. Una presión sobre los precios que puede ser estructural y que en este año es disimulada por la guerra y el aumento que ha generado en el precio de los aceites.
Cinco reflexiones finales
- Lo que no puede disimularse es la fragilidad del rendimiento en Uruguay con suelos que acumulan menos agua que en los países vecinos y lleva a oscilaciones fuertes en la producción.
- Los márgenes de la soja se estrechan y obligan a pensar el mediano plazo de la oleaginosa que está desafiada a competir con los países vecinos en un contexto de récord de stock mundial.
- El pilar de la agricultura de verano parece destinado a moverse muy cerca del empate cada año ya sea por bajos rendimientos algunos años o por precios más modestos en otros.
- Sin mayores alternativas para las tierras de menor potencial destinadas a cultivos de verano, el área de maíz crece, pero su costo se dispara.
- Esta cosecha de soja sintetiza las presiones de competitividad que atraviesa la economía uruguaya, la mayoría estará con sus márgenes muy finos y unos cuantos terminarán en rojo.