12 de julio de 2015 5:00 hs

A José Luis Coutinho, "Pepe", le gusta arreglar instrumentos y equipos de música con sus manos. Es diestro y como todos los diestros utiliza la guitarra con el brazo apuntando hacia la izquierda de su cuerpo. Pero Coutinho no toca la guitarra, no de forma experta al menos. Aunque sabe algunos acordes, incursionó en la música con otro instrumento: el piano. Luego conoció el bajo. Las teclas y las cuerdas fueron su iniciación, pero fue todo lo que se esconde y sucede detrás de ellos lo que le brindó una atracción para toda la vida. En lugar de aprender sobre acordes aprendió sobre circuitos. Coutinho es técnico y es el mejor de Uruguay en lo que hace.

Esa afirmación es común oírla pero no dicha por él, sino por los músicos que lo conocen desde hace 20 años o más. Hoy a Coutinho se lo conoce por ser el dueño y director de Coutinho Music, una casa de venta y reparación de instrumentos ubicada en la calle San José, a pasos de la Plaza de Cagancha. Allí es común ver a varios intérpretes profesionales de la escena nacional, desde los más jóvenes hasta los de mayor trayectoria. Es que, gracias a su labor y su carisma, sin quererlo Coutinho se convirtió en una suerte de figura paternal para los músicos uruguayos, quienes confían en su asesoramiento y conocimiento al momento de entender qué hace a un instrumento sonar como suena.

Pepe me aclaró dudas, me hizo sentir seguro cuando era más joven y me recomendó cosas para mejorar la calidad de mi trabajo y de mi sonido". Guzmán Mendaro, Guitarrista de Estado Natural y exguitarrista de Hereford Pepe me aclaró dudas, me hizo sentir seguro cuando era más joven y me recomendó cosas para mejorar la calidad de mi trabajo y de mi sonido". Guzmán Mendaro, Guitarrista de Estado Natural y exguitarrista de Hereford

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Un talento innato

Coutinho tiene 59 años pero su profesión empezó cuando tenía 19, según cuenta. Estudió electrónica en el liceo y viajó a Venezuela para trabajar en una compañía que vendía órganos electrónicos. Al regresar a Uruguay escuchó que el Palacio de la Música, de 18 de Julio y Paraguay, promocionaba la llegada de unos nuevos teclados Farfisa. Se presentó allí y explicó que había trabajado con esos teclados como técnico electrónico en otro país y ofreció sus servicios. Ante el pedido, los empleados hicieron ir al dueño de la empresa para que lo atendiera. Este le preguntó: "Señor, ¿usted sabe tocar?". "Sí, sé tocar", contestó Coutinho. "Toque", replicó el dueño. La imprevista audición fue exitosa y el dueño le confesó que no necesitaban un técnico, pero sí un vendedor.

El entonces joven Pepe empezó al otro día y enseguida vendió un órgano. Sus colegas no contaban con su talento con las teclas y esto le favoreció para las ventas, asegura mientras recuerda el episodio. Trabajaba como vendedor en la tienda y, cuando no lo hacía, reparaba órganos electrónicos y sintetizadores. Así pasó 10 años.

La sensación de reparar algo es una de las más satisfactorias en su vida, ya sea hace diez años u hoy, explica Coutinho "Para el verdadero técnico, es una batalla. Vos estás luchando contra alguien y nunca sabés bien contra quién, hasta que te adentrás y comenzás a investigar", narra.

Una vez que renunció a Palacio de la Música, se instaló en un pequeño local en el tercer piso de la galería London París, ubicada en la calle Río Negro, a unas cuadras de su anterior trabajo. Con él se fueron varios clientes que día a día le llevaban sus problemas musicales.

La oficina, que en realidad era un viejo apartamento, no tenía luz, y allí Pepe reparaba teclados. Luego se especializó en el arreglo de equipos y amplificadores. La composición interna de equipos de marcas como la inglesa Laney lo tenían fascinado desde el punto de vista técnico. Tanto que se contactó por correo con los dueños en el Reino Unido. Ese acercamiento fue una de las curiosas acciones que permitieron que el negocio de Coutinho fuera creciendo cada vez más.

El fundador de la compañía, Lyndon Laney, simpatizó con el tono del uruguayo y sus cartas y, tras visitar Uruguay con Coutinho como guía turístico, aceptó que comercializara sus equipos. Pero antes de que llegara, por vergüenza a que viera el pequeño local donde trabajaba, José logró mudarse rápidamente a uno más grande y un piso más abajo en esa galería.

Con los años, y mientras los músicos se adentraban en el edificio en busca del hombre que tuviera las soluciones a sus dilemas, la escena musical nacional fue mutando. Desde el apogeo del rock posdictadura hasta el nuevo renacimiento después de los años 2000, reflejado en los populares Pilsen Rock y en el éxito fuera de fronteras de bandas como La Vela Puerca y No te Va Gustar, Coutinho asegura que lo ha vivido todo.

En el medio de esos vaivenes, la crisis económica que azotó al país también golpeó a los aficionados a la música, indica Coutinho. "No venía nadie. Nadie. A veces venía algún muchacho, preguntaba por el precio de una cuerda, se lo decía y luego se iba", rememora.

Lo único que lo salvó, asegura, fue una corazonada que le indicó que había llegado la hora de abandonar la galería. Comenzó a buscar otros locales y allí se topó con el lugar de la calle San José, que se volvería su sede más popular hasta hoy, en parte también gracias a su particular logo: una momia con una guitarra digna de una banda de heavy metal colgada entre sus vendas.

Estampada en varios estuches y equipos de músicos de Montevideo, la calcomanía de Coutinho con la frase "Violas eternas" se volvió parte de la identidad del negocio, cuyo dueño asegura nunca haber promocionado. "Este negocio funciona boca a boca. Nunca hice publicidad. No ponía en la dirección, quería que las personas la averiguaran, se interesaran", cuenta, al tratar de justificar esa "locura" comercial.

Es una persona sincera. Ha sabido ganarse la amistad de casi todos los músicos de Uruguay en base a su trabajo, su talento como vendedor y como músico". Christian Cary, cantante y guitarrista de La Triple Nelson Es una persona sincera. Ha sabido ganarse la amistad de casi todos los músicos de Uruguay en base a su trabajo, su talento como vendedor y como músico".


El afán por el arreglo

Coutinho está instalado en la calle San José desde 2003. Todos los días se levanta y camina unos metros desde su apartamento hasta el local, que abre todos los días antes de la hora 10 para estar funcionando ya a esa hora. Allí se lo puede encontrar detrás del mostrador o de su escritorio, rodeado con fotos con sus empleados a lo largo de los años y otros recuerdos, como su primer dólar ganado en el trabajo y un poema que le dedicó Fernando Cabrera.

Hoy Coutinho vende principalmente guitarras, bajos, pianos, instrumentos clásicos y equipos, todos vinculados al rock. Es que no cree que este género y la cumbia puedan convivir en el mismo hábitat.

Su rutina está bastante clara. Tras abrir y chequear que los instrumentos estén bien dispuestos, se dispone a atender la otra faceta del negocio, la virtual. Dice que internet lo ha convertido en "un esclavo", pero igual lo disfruta.

Primero mira las cotizaciones en los bancos y luego trata de responder cada una de las preguntas que le hacen sus contactos, ya sea por correo electrónico o en la página de Facebook.

Después, mientras sus empleados o los futuros compradores tocan y prueban guitarras con canciones de Led Zeppelin o algo más folklórico, Coutinho se encarga del resto de las labores de la empresa.

Además de vender instrumentos, Coutinho Music es célebre por su servicio de calibración de guitarra, que involucra el ajuste del tensor, la altura de las cuerdas y la entonación del instrumento, entre otros aspectos.

Antes, hace mucho, Coutinho calibraba las guitarras él mismo. Sus cualidades como técnico le brindaron historias insólitas como algunas bandas que averiguaron dónde vivía para llevarle un equipo o instrumento necesitado de un arreglo rápido antes de un concierto en plena medianoche. Sin enojarse, siempre accedía a darles una mano.

Pero una vez que Coutinho Music no dio abasto con la cantidad de guitarras a reparar, tuvo que encontrar una solución: solo calibrar las guitarras que se vendieran en su local.

"Un instrumento es un pedazo de un músico. No es un mueble, no es un pedazo de madera. Yo sé el valor que tiene para un músico. Ellos tienen una sensibilidad diferente, ven la vida de una forma menos mercantilista", explica.

En su libreta de contactos, Coutinho guarda los números de todos los músicos afines a la tienda, desde Rúben Rada y Cabrera hasta integrantes de Buitres, Hereford, La Vela Puerca y No Te Va Gustar, entre otros.

Basta con tirar un nombre y él confirma que pasó por allí. Recuerda historias de ellos de jóvenes y tampoco es raro que su nombre aparezca como parte de los agradecimientos en varios discos.

Con él siempre hay un intercambio de información muy enriquecedor (...). Entiende la sensibilidad que tiene un instrumento para nosotros". Popo Romano, bajista uruguayo Con él siempre hay un intercambio de información muy enriquecedor (...). Entiende la sensibilidad que tiene un instrumento para nosotros". Popo Romano, bajista uruguayo

De hecho, Coutinho guarda en un depósito los discos que los músicos le obsequian, ya que en su casa no tendría tanto lugar. "Guardo todos los discos que me regalan. Tengo la historia del rock de Uruguay. Algún día la escribiré", aventura.

Con casi 60 años, Coutinho asegura que está cada vez más laxo. Antes en su tienda sólo se escuchaba música uruguaya, pero desde hace cuatro meses deja que sus empleados escuchen bandas extranjeras.

Ha pensado en el retiro, aunque no sabe qué le deparará después de Coutinho Music. Fuera de la música, le gusta la pesca, la instancia más tranquila de su vida, sin riffs ni rock and roll. Solo el ruido del agua. Él y el mar.

"La vida es un ciclo. Hay un momento en que te tenés que retirar. Estoy cercano a terminar", dice. En tal caso, cree que probablemente vuelva a hacer lo que le gusta más: reparar cosas con sus manos. "Lo haría sin fines de lucro. Me iría a un local más chico, como antes. Sería feliz".

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