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El primer filme uruguayo respira

Almas de la costa, dirigido en 1923 por Juan Antonio Borges, está reconstruyéndose en la Cineteca Nacional de México

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21 de junio de 2013 a las 19:34

Hace 90 años se filmaba la primera película uruguaya que llegó a exhibirse en salas comerciales. Esa película se llamó Almas de la costa y su director fue Juan Antonio Borges.

La película se estrenó el 25 de agosto de 1923 en el cine Ariel de 18 de Julio y se mantuvo en cartelera por varias semanas.

Según algunas crónicas de la época, no le fue nada mal en la taquilla: se presentó en más de 50 salas en Montevideo y el interior, según un artículo publicado por Fabián Escandel en la edición 2012 del Almanaque del Banco de Seguros.

En 1963, el Cine Club del Uruguay le hizo un homenaje a Borges en el 40º aniversario del filme.

Luego, los rollos originales estuvieron bajo el cuidado de Cinemateca Uruguaya, que realizó copias de seguridad e intentó reflotarlo.

Por estos días, nueve décadas después, en la Cineteca de México un uruguayo, Nelson Carro, se encuentra recuperando el celuloide y digitalizando las imágenes para que Almas de la costa se vuelva a ver.

Se puede decir que, después de años de estado vegetativo, el primer filme uruguayo vuelve a respirar.

El restaurador

Hace 37 años que Carro vive en México. En Montevideo, trabajaba en Cinemateca Uruguaya y llegó a México a la Filmoteca de la UNAM, donde estuvo 10 años. Durante otros 20 se dedicó a la crítica de cine y actividades conexas y desde hace siete es el programador de la Cineteca Nacional de México.

Pero el proyecto de restauaración de Almas de la costa comenzó en realidad hace cuatro décadas.

“Yo había armado una versión de la película en Cinemateca, en 1974, con los recursos que había en ese momento. Hace unos pocos años, un estudiante tenía Almas de la costa como tema de tesis y la hija del director, Elsa Borges, me contactó para ser entrevistado. El proyecto, que incluía la edición de un DVD, se detuvo en el camino. Hace dos años, la Cineteca mexicana organizó un seminario de restauración, y yo estaba en la organización. Se me ocurrió entonces que Almas de la costa sería un buen proyecto para trabajar en el seminario. A partir de ese momento volví al viejo asunto. Estuve trabajando en la investigación y hace unos meses pudimos traer los materiales originales a México, para ser escaneados”, explicó Carro a El Observador.

El trabajo que ha realizado Carro hasta ahora ha sido la digitalización de todos los materiales, para tener todo protegido en el formato high definition.

Para armar la película había que ver qué tanto sería necesario restaurar digitalmente y luego de tener una versión digital de la versión definitiva, intentar volver al material cinematográfico, es decir, imprimir desde los archivos digitales una copia de formato 35 milímetros. “Esta es quizá la parte más costosa del proceso”, dijo Carro.

El proyecto de reflote de Almas de la costa presenta algunas dificultades. “Hay negativo y positivo de nitrato coloreado, pero no parece ser parte de una copia porque hay algunas escenas repetidas. Todo el material que existe está desordenado. Por eso, la labor de rearmar la película no es para nada sencilla”, explicó Carro.

La duración original de la película se acerca a los 60 minutos porque en los programas impresos el espacio de la función es exactamente una hora.

Otro de los eventuales problemas en la reconstrucción es que no existe un guion formal en el que basarse. Solamente existe una sinopsis breve del filme y los intertítulos originales, que no existían cuando Carro trabajó con la primera versión, sino que aparecieron luego entre documentos que poseía el director Borges.

Esos intertítulos reproducen los diálogos de los personajes, en una película que es muda y de la que no se tiene demasiada información sobre su música.

La idea de fondo de todo el proyecto es conseguir una versión que pueda se exhibida. Carro no tiene muy claro cuándo podría realizarse esto, pero está convencido de que se puede lograr una versión recuperada. “La idea es armar algo que se pueda mostrar y que resulte lo más coherente posible”, dijo el restaurador.

El cineasta autodidacta

Como sucede muchas veces, todo comenzó con una historia de amor. La del niño Juan Antonio Borges yendo a ver películas de Chaplin y de Keaton a un viejo cine con su tía. La del estudiante de medicina que debe trabajar como periodista para ganarse la vida. En el mundo del boxeo montevideano conoce a algunos pugilistas importantes de la época y se le ocurre la idea de filmar una película llamada Puños y nobleza, pero que desbarrancó el primer día de rodaje por una pelea con el productor.

Como futuro médico, Borges se involucra con las clases más pobres, sus problemas y sobre todo sus enfermedades más comunes, por ejemplo la tuberculosis.

De ese trabajo y de su amistad con Antonio de la Fuente (un mozo de La Giralda fanático del cine) surge la idea de escribir Almas de la costa, según narra el artículo de Escandel.

El filme narra la historia de una mujer con un hijo que vive en un barriada de la costa, cerca de los arenales de Malvín y Buceo, y que es acosada por un pescador.

Llega al barrio un muchachito que la defiende, pero ella se enferma de tuberculosis. Deben internarla en un hospital y finalmente los médicos logran salvar su vida.

“Durante las jornadas de rodaje el menú consistía en refuerzos de salame y queso acompañados por un poco de vino”, dice el relato de Escandel.

Actores y crew se trasladaban en tranvía hasta los escenarios naturales. Como entonces no había actores de cine, se recurrió a profesionales del circo como Remigio Guichón, que hacía el papel del “pescador malo”.

El productor de la película, el sastre Lisandro Cavelieri, tuvo un romance con la actriz principal, Luisa von Thielman, a quien dejó embarazada, y con quien tuvo que casarse de apuro. Las últimas escenas de Almas de la costa se rodaron intentando disimular la incipiente panza de la mujer.

Manuel Martínez Carril, exdirector de Cinemateca Uruguaya y crítico vinculado a Borges, a quien entrevistó varias veces, asegura que lo que está disponible de la película corresponde a un 40% o 50% del original.

“Hay imágenes fijas, fotos, que recuperan algunas imágenes que se han perdido”, dijo Martínez Carril.

Si bien hoy no existe un guion, sí están completos los intertítulos en orden cronológico. Antes de que Borges muriera se intentó con el propio director un ordenamiento de las escenas, “pero no tenían nada que ver con las imágenes”, dijo Martínez Carril.

Lo pintoresco es que estos intertítulos y otros materiales relativos al filme estaban guardados dentro del aljibe de una chacra que era propiedad de Borges.

Realismo social

Para Martínez Carril la importancia y el interés de Almas de la costa reside en “ser la primera construcción dramática en el cine que se realizó en Uruguay”.

“Además se trata de una película con un alto ingrediente de crítica social, con una intención de mostrar actitudes de vida de gente humilde”, acotó Martínez Carril, quien dijo que Borges, como estudiante de medicina y como universitario, tenía entonces un compromiso con la sociedad.

De todos modos, el crítico y especialista opina que Borges pretendía hacer un cine enfocado en los problemas de la sociedad, no un cine con pretensiones estéticas.

“(Almas de la costa) Era un tema afín a sus intereses, el tema de los tuberculosos, porque su real vocación fue la medicina. Luego que se recibió, fue durante muchos años médico rural. Más que neorrealismo, creo que es un filme con intenciones de realismo social”, opinó Martínez Carril.

Al momento de premiar a Borges en 1963, los críticos Ildefonso Beceiro y José Carlos Álvarez habían enfatizado que “Borges con Almas de la costa se adelantó a su tiempo con respecto al neorrealismo italiano”.

Según las crónicas, las ganancias de la película, en una época absolutamente amateur del cine nacional, fueron suficientes para recuperar la inversión.

Pero el director autodidacta se retiró del negocio: egresó como médico y unos años después de filmar la película se casó con Elsa Fernández, quien llegó luego a ser legisladora por el Partido Colorado.

“No era raro en la década de 1920 que hubiera películas con fines benéficos: la recaudación se donaba a determinada institución o causa”, dijo Martínez Carril, quien resaltó que toda esta operación de restauración de Almas de la costa responde al esfuerzo individual de dos instituciones privadas, como Cinemateca Uruguaya y la Cineteca Nacional de México.
“Del Ministerio de Educación y Cultura uruguayo solo recibimos una ayuda de carácter moral”, se quejó el exdirector de Cinemateca.

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