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El Río de la Plata en época de coronavirus

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27 de mayo de 2020 a las 07:24

En el marco del ingreso del coronavirus en el Río de la Plata, en Argentina, el presidente Alberto Fernández del Frente de Todos decretó una cuarentena de carácter obligatorio para toda la nación, mientras en Uruguay, el presidente Luis Lacalle Pou de la coalición multicolor concluyó que no se determinaría una cuarentena total ni obligatoria para la pequeña república.

Así, desde el día 20 de marzo, en una fase calificada de “aislamiento estricto”, en Argentina se ordenó cerrar las fronteras del país, suspender todo tipo de espectáculos deportivos y artísticos, suspender las clases en todos los niveles educativos, prohibir que los habitantes de toda la nación circulen por las calles, exceptuando aquellas salidas de primera necesidad para lograr el autoabastecimiento de los insumos más básicos, y prohibir todas las actividades económico-comerciales (excluyendo aquellas relacionadas con el sector alimenticio, de insumos para la salud, ferreterías, farmacias) y la atención del sector sanitario.

Por su parte, en Uruguay, se determinó desde el 13 de marzo, en una fase calificada de “riesgo de propagación”, cerrar las fronteras del país, suspender todo tipo de espectáculos deportivos y artísticos, suspender las clases en todos los niveles educativos, pero no prohibir salir de sus casas a los ciudadanos uruguayos, sino exhortarlos a quedarse cumpliendo con el aislamiento voluntario y responsable; tampoco se ordenó suspender las actividades económico-comerciales sino que se persuadió a la población a que, en lo posible, permanezca en sus casas, trabajando desde sus hogares para evitar la aglomeración y que se pueda expandir el virus.

Mucho se ha debatido durante los últimos días sobre la excelente performance sanitaria que ha mostrado el país uruguayo en el marco de las naciones de la región, ya que la pandemia rápidamente parece haber entrado en una fase donde la curva de contagio del virus se encuentra aplanada, al mismo tiempo que Uruguay mantuvo desde un comienzo un tipo de cuarentena voluntaria, que le permitió manejar en una suerte de sintonía fina la necesaria articulación entre salud y economía.

Los resultados obtenidos desde el Ministerio de Salud de la Nación Argentina y desde la Universidad de Medicina Johns Hopkins de Maryland, Estados Unidos, al día 24 de mayo nos muestran los siguientes indicadores: con una población de 44.560.000 habitantes, Argentina registra 12.076 personas infectadas por coronavirus (0,027% del total de la población), 452 personas fallecidas a causa del virus (3,74% del total de infectados) y 3.732 personas que ya lograron recuperarse (31% del total de infectados). En cuanto a Uruguay, donde reside una población de 3.449.300 de habitantes, se pueden identificar a la misma fecha, 764 personas infectadas por coronavirus (0,022% del total de la población), 22 personas fallecidas a causa del virus (2,88% del total de infectados) y 616 personas que ya lograron recuperarse (80,62% del total de infectados).

Los datos hasta la fecha muestran que la cantidad de personas infectadas y de personas fallecidas es relativamente similar en ambos países, mientras que el porcentaje de personas recuperadas del covid-19, arroja resultados notoriamente más alentadores para el país uruguayo.

Argentina a partir del 11 de mayo ingresó en una cuarta fase, calificada de “reapertura progresiva” que implicó la flexibilización de la cuarentena para todas las provincias, con la correspondiente apertura de negocios y comercios, con importantes controles y protocolos para evitar el contagio del virus.

Mientras que la zona del Área Metropolitana de Buenos Aires (AMBA) debió mantenerse en la fase anterior, de “segmentación geográfica” con algunas flexibilizaciones en torno a la apertura paulatina de ciertas actividades comerciales y salidas muy acotadas de niños durante el fin de semana. En la última conferencia de prensa, el 23 de mayo último, Alberto Fernández, volvió a comunicarnos como continuaremos con nuestra cuarentena fase 5. Básicamente, permaneceremos sin grandes cambios respecto a la fase anterior. Al mismo tiempo, se anunció que ciertas actividades industriales-comerciales que se habían flexibilizado en algunas provincias y localidades podrán retroceder por la escalada del virus, mientras en la zona del AMBA volverán a desactivarse dichas actividades en determinados barrios y calles que concentran mayor cantidad de población. Los niños por el momento podrán continuar con sus paseos breves los fines de semana, y quedarnos en nuestras casas parece seguir siendo la regla número 1, frente a un sistema de salud que no se fortaleció lo suficiente. Respecto al sector educativo, se definió mantener la suspensión de las clases en todos los niveles, y como aval de esta definición, el 21 de mayo último, la Cámara de Diputados dio media sanción y ya envió al Senado, el proyecto de ley que habilita la educación a distancia en todos los niveles educativos. Dicho proyecto autoriza la educación a distancia a menores de 18 años.

Por su parte, Uruguay, que viene logrando controlar la proliferación del virus, definió que recomiencen a funcionar las diversas actividades comerciales e industriales (que no habían sido prohibidas por ley, pero que funcionaban con limitaciones, debido a la exhortación del gobierno a quedarse en sus casas y a las pérdidas económicas de los comerciantes que abrían sus negocios, pero no recibían prácticamente clientes). Respecto al sector educativo, el gobierno uruguayo aprobó el comienzo de clases en escuelas rurales desde el 22 de abril último (con asistencia voluntaria), y desde el 21 de mayo último, el presidente Lacalle Pou confirmó que las clases presenciales para el resto del país recomenzarán en tres etapas (el 1°, el 15 y el 29 de junio). La propuesta incluye una reincorporación gradual a las aulas, una combinación entre clases presenciales y virtuales, y se estableció que los alumnos irán dos veces por semana a la escuela, divididos en grupos, para evitar la concentración de niños y adolescentes en los centros educativos. El retorno será voluntario.

Continuando con esta suerte de similitudes o contrastes entre ambos países, cabe destacar dos de los focos de mayor aglomeración y circulación masiva de personas que representan los espacios de mayor riesgo para contraer el coronavirus; me referiré específicamente a las cárceles y los barrios marginales.

Respecto a las cárceles, un informe que presentó el Ministerio de Justicia y Derechos Humanos sobre el sistema penitenciario en Argentina arroja que para el año 2017 (último año que se realizó dicha medición), Argentina duplica el promedio que venía registrando desde hace dos décadas, aunque mantiene de todas maneras una de las tasas más bajas de América. Así, mientras Argentina muestra una cifra de 194 presos cada 100 mil habitantes, Uruguay arroja una cifra de 321 presos cada 100 mil habitantes, ocupando el 5to lugar en la región estudiada.

En relación a los barrios marginales, en Argentina, según datos estadísticos realizados por el relevamiento del Gobierno Nacional, en conjunto con el RENABAP (Registro Nacional de Barrios Populares) en 2018 se pudo constatar la presencia de 4.228 barrios populares donde habitan más de 3.000.000 de personas (6,73% de la población). En Uruguay, según el último relevamiento de asentamientos informales realizado por la ONG TECHO (organización presente en 19 países de América Latina), también en 2018, se contabilizó la cantidad de 656 asentamientos informales, donde habitan 192.096 personas (5,57% de la población). Tales estudios y sus respectivas mediciones pueden demostrar que en ambos países existe un número relativamente similar de personas habitando en barrios marginales.

Un dato que puede afectar los diferentes resultados obtenidos hasta el momento en ambos países. En Argentina, mientras nos quedamos en nuestras casas (aquellos que tenemos casa) los epicentros de contagios masivos no fueron atendidos en tiempo y forma (cárceles, barrios marginales y geriátricos). En un informe matutino del día 4 de mayo realizado por el Ministerio de Salud argentino, se comunicaba que desde el inicio del brote epidémico se habían efectuado 67.920 test de diagnóstico en Argentina, el equivalente a 1.496,8 de muestras por cada millón de habitantes.

Por su parte en Uruguay la cifra de testeos diarios equivalía al día de la fecha a 6.316 muestras cada millón de habitantes, encontrándose este último entre los máximos estándares de Sudamérica respecto a realización de testeos.

Los últimos días Argentina empezó a testear masivamente en las zonas de grandes aglomeraciones y se encontró con un panorama fatídico: la cantidad de personas con covid-19 es elevadísima.

Dos países hermanos con distintas dimensiones geográficas, pero con importantes focos de aglomeración de personas, con hábitos y costumbres tan similares pero tan diferentes, nos muestran dos modos distintos de enfrentar a esta pandemia.

Por el momento, Uruguay viene haciéndole frente al virus con mucho más oxígeno. El final está abierto, y los diarios del lunes argentino y uruguayo, nos dirán en un futuro incierto, quién pudo salir menos lastimado en esta guerra contra el vertiginoso coronavirus.

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