11 de agosto de 2011 19:55 hs

Parece que las revoluciones o levantamientos debieran tener siempre una banda musical por detrás. Algo que dé legitimidad, sentido o por lo menos que oriente al resto del mundo que mira de lejos y con cara de circunstancia. Pero, ¿la dinámica entre causa y consecuencia es siempre la misma?

En los disturbios que desde hace varios días azotan a Inglaterra esto no termina de quedar del todo claro, pero al menos persiste la duda. ¿Es la música la que espolea y aviva el fuego de quienes salen a romper media ciudad o lo que suena es consecuencia de lo que se ve en la calle? La respuesta varía en cada caso o es combinada. Pero siempre hay actores que comparten un tiempo histórico. Hace algunos días, O2 mostraba algunas viejas canciones en las que no se puede evitar pensar al ver las riots londinenses. Con los días, nuevos referentes comenzaron a ser señalados por los medios. Son los que hoy ponen la banda de sonido de esos destrozos descontrolados a los que aún no se sabe muy bien cómo contener.

Todo va de la mano de la tendencia. Si a fines de los 70 la fuerza dominante entre los jóvenes anglosajones era el rock, hoy lo es el rap. Y en el Reino Unido este género tiene su lugar en la cancha del dubstep y el grime. Se trata de dos variantes que hacen descender al hip hop (cuando lo hacen nativos, en la isla se lo conoce como uk garage) a una profundidad más sórdida, oscura y paranoica. Lejos del gangsta rap norteamericano que suena como la musicalización perfecta de escenas de la serie The Wire, el grime es una mezcla adrenalínica de pulso africano, beats computarizados que repican a un destiempo mareante y dancehall jamaiquino que, desde aquellos años 70, se mantiene en el gen de los inmigrantes que llegan a Londres.

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Al igual que el funky brasileño que musicaliza los “bailes funky” de las favelas cariocas (muchos de los más populares suenan en la saga cinematográfica Tropa de Elite), estos géneros suenan de fondo en las cuadras y esquinas de las zonas más deprimidas de Londres. Pero, como suele pasar en el ciclo comercial, siempre las grandes corporaciones encuentran a los más destacados y reconvierten la tendencia en pop. De allí viene por ejemplo Dizzee Rascal, que el año pasado fue una de las estrellas del festival español de Benicassim, uno de los más populares de Europa en lo que a rock y pop refiere, aunque por supuesto que con una producción mucho más discotequera (ya graba con los hacedores de hits electrónicos como Armand Van Helden) y menos corrosiva que lo que suena de fondo en esos barrios desde los que surgieron las revueltas y desde donde él proviene.

Por ahí aparece también Lethal Bizzle, señalado por distintos medios como el creador del himno de fondo de las protestas estudiantiles que tuvieron lugar allí a principios de año: Pow. Reaccionaron rápido al enterarse de esta conexión varios políticos cercanos al primer ministro David Cameron, quien critica a este tipo de música desde hace varios años con frases bastante retrógradas.


Pero tras esa canción no se encuentra mucho más que las mismas aspiraciones de consumismo que parece conducir a buena parte de los saqueadores o looters, como se los está denominando estos días desde la prensa inglesa. Una variante del no future de la década de 1970 un poco más nihilista, de alguna forma. Algo similar se ve en Giggs, salido del complicado barrio de Peckham. Ambos están en medio del sistema y, por supuesto, ambos han manifestado estar en contra de las revueltas londinenses también.

No se trata de rarezas musicales que acaban de ser descubiertas. Ayer, en las páginas de El País de Madrid, el periodista Diego Manrique recordó que estos géneros emergentes ya son una realidad, en parte porque la gran maquinaria pop inglesa –quizá el país que más ingresa por exportación de producción musical de todo el mundo– ya los ha absorbido.

Además, muchos músicos han tomado elementos del dubstep para ubicarlos en su propia música: el propio Fernando Santullo reconoció haber intentado asimilar el dubstep a su música al momento de grabar su primer trabajo como solista. De esta variante un poco más rústica del grime también proviene una de las apariciones del 2011 que más hay que tener en cuenta, y que va desmarcado del rap y las proclamas vandálicas: James Blake.

Alguien se preguntará dónde quedó el rock; si hay algo de él que pueda tener que ver con este estallido. Y lo cierto es que la escalada frenética de violencia no parece tener correlato directo, más que el que uno quiera ponerle. Por ejemplo, el inquietante sonido de fondo de Godspeed You! Black Emperor y la frenética Atari Teenage Rit suenan al momento de cerrar esta nota, mientras Twitter avisa que han detenido a tres adolescentes por prender fuego el enorme depósito de discos de la Sony en un barrio de la capital inglesa.

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