Lanzado a finales de mayo del año pasado por la empresa israelita Sirin Labs, este celular se destacaba por su
software hiper-seguro y también por su excesivo precio: US$ 14.000.
Según explicó su fundador Moshe Hogeg a TechCrunch, la startup israelita atraviesa una mala situación económica. Al punto que tuvieron que recortar un tercio de su plantilla, despidiendo a 30 personas.
En un año, la empresa generó aproximadamente US$ 10 millones en ventas, equivalente a solamente 750 unidades. En definitiva, el mercado de gente dispuesta a pagar cualquier precio por la seguridad y privacidad resultó ser mucho más pequeño de lo que ellos imaginaron.
A pesar de sus funcionalidades, el Solarin también tuvo sus limitaciones. Por ejemplo, llegaba con
Android 5.1 Lollipop cuando debía llegar con Android 6.0 Marshmallow, o con un procesador Snapdragon 810 ya algo anticuado, una cámara de 23MP que no era ninguna maravilla y el dispositivo en sí era demasiado grueso y pesado. ¿Vale la pena pagar US$ 14.000 por un aparato con fallas?
La compañía ha cancelado futuras versiones del teléfono, aunque afirma que lo seguirá fabricando y vendiendo durante al menos un año más. ¿Significará esto el fin del Solarin? Sin duda para permanecer en el mercado deberán mejorar el producto, adjudicándole especificaciones de alta gama y, lo más importante, un precio mucho más accesible.