30 de agosto de 2013 20:59 hs

Curiosa la historia de Anthony Benedetto, este hombre que hoy tiene 87 años, hijo de un almacenero calabrés y una costurera de Queens, quien llegó al mundo a fines de la década de 1920. Lo vemos: las imágenes parecen sacadas de El padrino, el muchacho pobre que crece en medio de la crisis, se peina a la gomina, lo reclutan para la guerra y allá va como tantos miles.

Luego de la guerra fue un muchacho que volvió a su país y no sabía que hacer. Había cantado para sus compañeros en campamento. Grabó un par de canciones hasta que un oído afinado del sello Columbia Records le dio una oportunidad.

Curiosa su anécdota porque en esa época ya había otro italiano rompiendo todos los charts con una voz salida de otro planeta: Frank Sinatra.

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Los productores de la Columbia le dieron al buen Tony dos consejos: que se cambiara el nombre y que hiciera cualquiera cosa frente al micrófono, menos imitar a Sinatra.

El talento de Bennett pudo hacerlo despegarse de su referente natural. El formato era similar, porque era un crooner parado con un micrófono grueso frente a una larga orquesta de músicos sentados, pero Bennett pronto demostró una gran cualidad para la canción melódica. La dulzura y la suavidad de las tonadas de Bennett se transformaron en su marca registrada, muchas veces acompañadas con orquestación que abunda en instrumentos de cuerdas.

El tono íntimo de la voz de Bennett cantando cerca del micrófono romance a miles de noches donde parejas bailaron pegadas bajo una enorme luna llena. Y así avanzó la leyenda.

Ahora Sony dentro de su colección Classic presenta All time greatest hits, una antología de 23 canciones donde se pueden recorrer seis décadas de la carrera de Bennett. Las canciones van desde principios de la década de 1950, como Stranger in paradise o Rags to riches, a Sing you sinners, grabada en 2006 en dueto con John Legend.

En el medio hay un abanico de canciones que bien puede ser estándares de jazz, como el clásico Take the A train, de Duke Ellington, It had to be you o Cheek to cheek.

Por supuesto que hay lugar para los algunos de los muchos covers que Bennett grabó en su carrera: desde Something, de George Harrison (que también la interpretó Sinatra), a For once in my life, que también hizo famosa La Voz.

Al igual que sucedió con Sinatra, la edad solo mejoró las cuerdas vocales de Bennett, que tomaron un tono levemente más ronco y seco, más agudo, lo que le dio un elemento de personalidad a una voz caracterizada por lo melífluo.

El disco se abre con I left my heart in San Francisco, su himno de amor a la ciudad de California.

El recorrido avanza y sus etapas son, entre otras, A rainy day, The good life, I wanna be around, y Put on a happy face.

Night & day, Smile, Who can I turn to, Stepping out with my baby, Everybody talkin’, y One for my baby amenizan el conjunto.

La colección se cierra con The best is yet to come, un claro mensaje casi de una filosofía de vida.

Para los que tengan dudas sobre esto, este año se filmó un documental sobre la figura de Bennett, dirigido por uno de sus hijos, Danny Bennett, titulado The zen of Bennett. En el trailer, la leyenda del crooner confiesa que salió de un barrio humilde, donde no le sobraba nada, y que lo que ha querido hacer durante toda su vida es dejar conforme a su audiencia, por la que siente el mayor respeto. Lo hace con creces en este disco donde el jazz recupera para siempre una voz talentosa.

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