El teatro era una romería con el público que se fue acercando al 'foyer', desde donde se realizó la transmisión radial de radio El Espectador, y que recorría la Tertulia Alta, donde se encuentra el Palco Presidencial, la platea de la sala, la exhibición "Retratos de la Música", de Robert Yabeck, y la muestra "Aplausos y Silencios", que evoca las emociones de tanta historia.
Pese a la soleada mañana, las impresionantes arañas del teatro -la del hall, de 150 kilos, la del vestíbulo, de 250, y la de la sala, de 450- estaban encendidas, mostrando el esplendor de sus cristales que reflejaban destellos en los brillantes pisos de mármol y de lapacho lustrado del foyer.
La construcción del Teatro Solís -que debe su nombre a Juan Díaz de Solís, el primer navegante español que llegó a las costas del Río de la Plata en 1515- comenzó en 1840, ya iniciada la Guerra Grande (1839-1851), y demandó 15 años debido a los grandes inconvenientes que generó el sitio de Montevideo (1843-51).
Ese día se presentó la ópera Ernani, de Verdi, representada por la compañía Lorini y la soprano Sofía Vera Lorini como primera figura. La función supuso un acontecimiento de enorme importancia para un país que hacía muy pocos años que había alumbrado como nación independiente, y cuya primera Constitución databa de 1830.
En 1874 se construyeron los cuerpos laterales del teatro, proyectados por el arquitecto Víctor Rabu y en 1887, con la presentación de la actriz Sarah Bernhardt, se inauguró el sistema de iluminación eléctrica.
Por el Solís desfilaron celebridades mundiales, como las sopranos Luisa Tetrazzini (1875) y Adelina Patti (1880), y los tenores Francesco Tamagno (1896) y Enrico Caruso (1903).
También las compañías de Berta Gersten, Lola Membrives y Josephine Baker. El público no olvida los espectáculos de Arthur Rubinstein, Isadora Duncan, Andrés Segovia, Anna Pavlova, Alexander Godunov y Marcel Marceau, entre otras tantas estrellas.
El Teatro Solís -que sigue exhibiendo en el frontispicio un emblema con un sol naciente y aún enciende, como en sus orígenes, la linterna roja de su cúspide cuando hay función- es actualmente la sala más antigua de Sudamérica, y según Rodolfo Fuentes, director de la empresa que se encargó de las instalaciones técnicas, "la más moderna" de la región.
(AFP)