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El tema del futuro, que solo algunos candidatos apenas murmuran

La inteligencia artificial y los robots están cambiando el mundo a la velocidad de la luz y en Uruguay apenas se habla del tema

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12 de enero de 2019 a las 05:02

“Resulta cada vez más fácil sustituir a los humanos con algoritmos informáticos, no solo porque los algoritmos son cada vez más inteligentes, sino también porque los humanos se profesionalizan.

Los antiguos cazadores-recolectores dominaban una amplia variedad de habilidades para sobrevivir, razón por la que sería inmensamente difícil diseñar un cazador-recolector robótico. Dicho robot tendría que saber hacer puntas de lanza a partir de pedernales, encontrar setas comestibles en un bosque, seguir la pista de un mamut, coordinar un ataque con una docena de cazadores más y después utilizas hierbas medicinales para curar las posibles heridas. Sin embargo, a lo largo de los últimos miles de años, los humanos nos hemos ido especializando. Un taxista o un cardiólogo se especializan en un ámbito mucho más estrecho que un cazador-recolector, lo que hace que sea más fácil sustituirlos con inteligencia artificial.

(…)

En el siglo XXI podemos asistir a la creación de una nueva y masiva clase no trabajadora: personas carentes de ningún valor económico, político o incluso artístico, que no contribuyen en nada a la prosperidad, al poder y a la gloria de la sociedad. Esta «clase inútil» no solo estará desempleada: será inempleable”.

Esos tres párrafos, que son parte del libro Homo Deus, del escritor del momento, el historiador Yuval Noah Harari, resumen buena parte de los desafíos a los que se enfrenta el mundo del futuro. Pero del futuro inmediato, no el de 30 o 50 años.

Basta mirar las noticias tecnológicas y del mercado laboral de las últimos meses para entender la magnitud del asunto. Nuestros políticos, ¿están preparados para enfrentar este nuevo mundo? ¿qué tanto hablan del tema? ¿tienen posición fijada sobre estos asuntos?

Esta semana, en la feria de tecnología de Las Vegas se presentaron decenas de robots que a medida que evolucionen sustituirán tareas que ahora hacen millones de humanos.

Al principio se pensaba que los robots ocuparían puestos de trabajo de personas que hacían labores manuales o mecanizadas. Pero solo con ir a un supermercado hoy, ya se puede ver cómo cada vez ganan más terrenos las cajas automáticas. Y algunas grandes superficies, no solo en el mundo desarrollado sino también en Uruguay, llevarán en poco tiempo eso más allá, al eliminar totalmente las cajas y dejar que el cliente escanee por sí solo los productos y eso se debite de sus cuentas, como ya se puede hacer en las tiendas Amazon sin vendedores.

¿Cuánto falta para que los robots se hagan cargo de la limpieza de hogares, empresas o incluso de lugares públicos? Hay empresas de limpieza que están pensando en dar el salto hacia la inteligencia artificial.

Al principio se pensaba que los robots ocuparían puestos de trabajo de personas que hacían labores manuales o mecanizadas. Pero solo con ir a un supermercado hoy, ya se puede ver cómo cada vez ganan más terrenos las cajas automáticas.

En los hoteles ya hay grandes avances. Marriot hizo una alianza con Alibaba y está desarrollando robots que pueden llevarle la comida a los huéspedes, así como levantar la ropa sucia para trasladarla a la lavandería.

Son conocidos los trabajos que están realizando varias compañías tecnológicas para lograr vehículos autónomos y seguros. En diciembre, una de las empresas de Google comenzó a dar el servicio de taxis autónomos en Arizona, Estados Unidos.

La lista es interminable. Se puede elegir el rubro que quiera y va a encontrar que las opciones son muchas. La “esperanza” para preservar fuentes laborales parecía estar en los puestos que demandan tareas que los robots no podrían hacer.

Pero también es cierto que hay otros rubros en los que los trabajadores podían encontrarse absolutamente seguros y hoy no lo están tanto: agencias de viajes, empleados de los bancos. En esos rubros también se perdieron puestos laborales.

Ahora muchos dicen: la empatía y la creatividad, son características que la inteligencia artificial no puede lograr. ¿Estamos seguros de eso? Ya no hay nada seguro. Hay robots que escriben noticias, otros que componen música. El límite no se sabe dónde está.

El exsindicalista y exdirector del departamento de Relaciones Laborales de la Universidad Católica, Juan Manuel Rodríguez, escribió este año un buen libro sobre este asunto, denominado: La revolución tecnológica: ¿Fin del trabajo?

“Estamos viviendo una revolución tecnológica, un proceso que en los últimos tres siglos sólo se ha vivido en cinco oportunidades. La historia indica que en estos períodos se produce una gran transformación de la economía, de la sociedad e, incluso, de las formas de convivencia social”, dice Rodríguez apenas empieza su libro.

El trabajo se concentra básicamente en su especialidad, el mercado laboral. Allí desglosa cifras y trabajos de otros expertos mundiales. Por ejemplo, detalla el estudio del Foro de Davos de 2016, que estimó una pérdida neta de 5,1 millones de empleos hasta 2020.

También cita datos de un estudio más viejo, del 2013, realizado por Karl Benedickt y Michael A. Osborne, en el que estiman las probabilidades de desaparecer que tienen los distintos puestos de trabajo. Según los investigadores, 47% corren un riesgo elevado en EEUU, el 19% riesgo medio y 33% bajo. Si uno ve el estudio completo se encuentra con que los vendedores de seguros tienen una probabilidad del 99% de quedarse sin trabajo en el 2030; 98 % los árbitros deportivos, 97 % los cajeros y 94% los mozos. La lista es muy larga.

 

Ojalá fuera solo el empleo
 

El tema sería chiquito si el asunto fuese solo laboral. La inteligencia artificial, la robotización y sobre todo el manejo del big data, están transformando todos los ámbitos de la sociedad.

El trabajo se concentra básicamente en su especialidad, el mercado laboral. Allí desglosa cifras y trabajos de otros expertos mundiales. Por ejemplo, detalla el estudio del Foro de Davos de 2016, que estimó una pérdida neta de 5,1 millones de empleos hasta 2020.

La humanidad deberá afrontar decenas de desafíos y tomar miles de decisiones que moldearán el futuro. Pero el fondo de la cuestión es cuánta autonomía le vamos a dar a la inteligencia artificial para que, con la montaña de datos de las que dejamos rastros a diario, construya el futuro y tome decisiones por nosotros.

Por la dinámica de las nuevas tecnologías muchas veces no nos damos cuenta de esos cambios, que paso a paso nos van transformando. Esta semana El Observador publicó un informe que te deja con los pelos de punta. Tu teléfono te espía, porque en parte vos lo autorizaste, y con eso algunas aplicaciones te ofrecen publicidad personalizada para lo que vos dijiste que querías.

Pero leer a Harari te puede dejar mucho más asustado. Es verdad, el historiador israelí es un poco fatalista y tensa las predicciones ¿al extremo? para sacudir al lector. Pero la mayoría de lo que relata son hechos:

“En el hospital Hadassah de Jerusalén, los médicos han iniciado un tratamiento novedoso para pacientes con depresión aguda. Implantan electrodos en su cerebro y conectan los electrodos a un ordenador minúsculo implantado en su pecho. Al recibir una orden del ordenador, los electrodos emplean corrientes eléctricas débiles para paralizar el área cerebral responsable de la depresión. El tratamiento no siempre tiene éxito, pero en algunos casos los pacientes informaron de que la sensación de oscura futilidad que les había atormentado toda la vida desaparecía como por arte de magia. Un paciente se quejó de que varios meses después de la operación había tenido una recaída, y estaba abrumado por una depresión grave. Al inspeccionarlo, los médicos encontraron el origen del problema: la batería del ordenador se había agotado. Una vez cambiaron la batería, la depresión se desvaneció rápidamente”.

Los algorítmos pueden hacer un montón de cosas mejor de lo que las hacemos los humanos si les damos la información suficiente. Un estudio que se divulgó esta semana demuestra que la inteligencia artificial es más eficaz para detectar cáncer de cuello de útero que los médicos. Pero para dejarlos avanzar, hay que dar mucha información personal. ¿Cuánto estamos dispuestos a entregar para facilitar los avances de la ciencia?

 

¿Se imaginan todas las decisiones que hay que tomar?

 

¿Y en Uruguay ni hablamos de esto?
 

Es verdad, el mundo va por ese lado y Uruguay aún está re lejos en muchas de estas cosas. Pero no en todas. Según un estudio del economista Ignacio Munyo para el IEEM, entre 2014 y 2018 se perdieron 55 mil puestos laborales y la mayoría en trabajos que pueden ser sustituidos por la tecnología.

La discusión sobre cómo se va a posicionar el país ante esta nueva realidad debería ser un tema casi excluyente de campaña electoral. Los políticos uruguayos tendrían que estar muy preocupados por el país que van a tener que gobernar si ganan. Pero más que nada, deberían estar fijando postura sobre muchos de los desafíos que plantean estos temas.

¿Propondrán regular la robotización para frenar lo que parece inevitable? ¿O le pondrán una alfombra roja que incentive el avance? ¿Regularán el uso de datos personales? Cuando venga una empresa de limpieza con robots a presentarse a licitaciones en el Estado, ¿le van a permitir ingresar?. Cuando la compañía subsidiaria de Google se instale de pesado al estilo Uber, para prestar servicio de taxis autónomos, ¿la van a bloquear o la van a habilitar?

La discusión sobre cómo se va a posicionar el país ante esta nueva realidad debería ser un tema casi excluyente de campaña electoral.

Pero hay preguntas incluso mucho más importantes. La educación uruguaya, ¿cómo piensa formar a los uruguayos que nazcan en 2019 para el nuevo mundo de algoritmos?

Al igual que con la lista de empleos que se perderán, o los avances que se pueden pronosticar, la lista de preguntas sobre estos temas es eterna para los candidatos.

Lo más triste es que uno escucha los primeros discursos de campaña y es muy poco lo que aparece del tema.

La candidata que ha dedicado más tiempo y espacio a plantear estos asuntos es la frenteamplista Carolina Cosse. Desde su rol de ministra de Industria, el 25 de agosto del 2018 dio un discurso centrado en ello y vale la pena destacar algunas frases:

“Deberemos poner a tono a la educación, a la producción y a la democracia en pos de preparar a Uruguay para temas difíciles, como la inteligencia artificial. (...) No hay ninguna actividad que no tenga algo que ver con Internet, no habrá ninguna en muy poco tiempo que no esté ligada a algún proceso de inteligencia artificial. (...)
La influencia de los dispositivos habilitados por la inteligencia artificial será tan poderosa que no la percibiremos, porque será como la electricidad, Internet o la tecnología de uso general, pero con una interacción con los humanos como nunca la hemos visto antes. Deberemos poner a tono a la educación, la producción y también a nuestra democracia, no preparando a la inteligencia artificial para el futuro de Uruguay, sino preparándolo para encarar temas difíciles”.

Es verdad que no hay muchos indicios sobre el fondo de su pensamiento respecto a la tecnología y los avances. Pero ante la ausencia del tema en la mayoría de los discursos del resto de los candidatos, esto es un gran paso.

Otros presidenciables, como Luis Lacalle Pou, Mario Bergara y Ernesto Talvi también han hablado de los desafíos de la robotización, enfocados sobre todo en temas de empleo. Pero este debería ser casi un monotema de campaña, y por ahora, solo se escuchan murmullos.

SPOILER ALERT: Una luz de esperanza la abre esta nota sobre qué están leyendo los candidatos. La mayoría parece al menos preocupado por estos temas, ahora queremos escucharlos.

 

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