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22 de marzo 2023 - 5:03hs

Por Gideon Rachman

"La situación internacional ha alcanzado ahora un nuevo punto de inflexión. Actualmente hay dos vientos en el mundo, el viento del este y el viento del oeste . . . Creo que el viento del este prevalece sobre el del oeste".

Estos comentarios podrían leerse como un anticipo de las declaraciones que Xi Jinping tiene previsto hacer durante su visita a Moscú esta semana. De hecho, proceden de un discurso pronunciado por otro dirigente chino, Mao Zedong, de visita en Moscú en 1957.

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Haciéndose eco de Mao, Xi afirma a menudo que: "El este se está levantando y el oeste está en decadencia". Xi, como Mao y Putin, también cree que Rusia y China comparten el mismo interés por acelerar el declive del poder occidental. Hace dos semanas, el dirigente chino acusó a EEUU de aplicar una política de "contención, encierro y represión" contra China.

Los dirigentes de Rusia y China también se reúnen, una vez más, con el temor a una guerra nuclear como trasfondo. En Moscú en 1957, Mao instó a su audiencia a considerar el lado positivo de un conflicto nuclear: "Si sucediera lo peor y muriera la mitad de la humanidad, la otra mitad permanecería mientras el imperialismo sería arrasado y el mundo entero se convertiría en socialista". Incluso para su público soviético, esto era fuerte.

El presidente Xi, por el contrario, se presentará en Moscú como un hombre de paz. Llega disfrutando del resplandor de un verdadero logro diplomático: el acercamiento entre Irán y Arabia Saudita mediado por China. China también ha presentado recientemente un plan de paz de 12 puntos para solucionar la guerra en Ucrania. Es posible que, durante su estancia en Moscú, Xi proponga un alto el fuego inmediato. Tras su cumbre con Vladimir Putin, es probable que el dirigente chino llame al presidente de Ucrania, Volodymyr Zelenskyy.

Sin duda, Zelenskyy atenderá esa llamada. Xi tiene una enorme influencia sobre Putin, si decide utilizarla.

Pero Zelenskyy y la coalición occidental que apoya a Ucrania también se mostrarán apropiadamente escépticos ante las propuestas de paz de China. La realidad es que es muy poco probable que Xi esté dispuesto o sea capaz de mediar para ponerle fin a la guerra de Ucrania.

A diferencia de lo que ocurre con Arabia Saudita e Irán, China no está mediando entre dos partes dispuestas a llegar a un acuerdo. Beijing tampoco es neutral en este conflicto. Aunque China se ha abstenido en las votaciones de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) que condenaban la invasión rusa de Ucrania, ha utilizado sistemáticamente terminología rusa para describir el conflicto. Qin Gang, ministro de relaciones exteriores chino, elogió recientemente las relaciones entre Rusia y China como una "fuerza motriz" en los asuntos mundiales. También se puede contar con los chinos para desestimar la acusación de la Corte Penal Internacional contra Putin.

El actual "plan de paz" chino no dice nada sobre la retirada rusa del territorio ucraniano ocupado. Si Xi propone un cese al fuego en la guerra, los rusos pueden fingir entusiasmo con toda seguridad, sabiendo que Ucrania rechazará la idea mientras sus territorios estén ocupados. Aunque se declarara un cese al fuego, Rusia siempre podría violarlo, como ya lo ha hecho en el pasado.

Para Xi, sin embargo, es útil presentar a China como un conciliador pragmático, interesado, sobre todo, en el comercio y la prosperidad compartida. Por el contrario, China presenta a EEUU como un belicista ideológico, que divide al mundo en amigos y enemigos, y está obsesionado con preservar su propia hegemonía. Esa narrativa ayuda a China en la batalla por la opinión en el "sur global" y esto preocupa a los estadounidenses.

Pero detrás de las palabras de paz, la sustancia de la cumbre Xi-Putin empujará en la dirección opuesta, ya que implicará un mayor apoyo chino a Rusia, mientras libra una guerra de agresión. Alexander Gabuev, uno de los principales observadores rusos de China, ahora en el exilio, comenta: "No se equivoquen: el viaje tratará de estrechar lazos con Rusia que beneficien a Beijing, no de una verdadera mediación para la paz".

La gran pregunta será qué lazos considera Xi beneficiosos para China. La parte económica es sencilla. Conforme Occidente se aleja de la energía rusa, China puede comprar petróleo y gas a precios reducidos. Es probable que Putin y Xi acuerden acelerar las obras de otro gasoducto entre sus países. Suministrarle a Rusia mercancías que ya no puede comprar en Occidente, en particular semiconductores, es también una jugada lucrativa para Beijing, aunque algunas empresas chinas serán cautelosas para no violar las sanciones occidentales. También es probable que los líderes ruso y chino prosigan sus esfuerzos para promover alternativas al dólar como moneda mundial.

La cuestión realmente delicada serán las peticiones de Putin de armas chinas, en particular proyectiles de artillería y misiles para compensar la escasez que está socavando el esfuerzo bélico de Rusia. EEUU advirtió el mes pasado de que China estaba considerando la posibilidad de dar este paso. Lo que acuerden Putin y Xi será probablemente un secreto muy bien guardado.

También quedarán ocultas las posibles tensiones entre Rusia y China. Algunos estrategas estadounidenses esperan que algún día puedan maquinar una segunda ruptura entre Moscú y Beijing, como la que condujo al acercamiento entre EEUU y China en la década de 1970. Pero actualmente eso parece incluso más lejano en el horizonte que el éxito de una iniciativa de paz china sobre Ucrania.

Las imágenes de Xi y Putin juntos en Moscú enviarán un mensaje claro. Rusia y China siguen siendo socios cercanos, vinculados por su hostilidad conjunta hacia EEUU y sus aliados.

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