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Pablo Abdala, presidente del INAU

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En 2020 se dio casi la misma cantidad de niños en adopción que en años prepandémicos

El INAU terminó el 2020 con 105 niños dados en adopción, en línea con los registros de años anteriores 

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18 de octubre de 2021 a las 05:00

El año pasado la pandemia llegó al país y el Instituto del Niño y Adolescente del Uruguay (INAU) se vio afectado por la larga feria judicial. Los procesos de adopción se vieron retrasados, ya que no se pudieron hacer los trámites judiciales. INAU no puede proponer la adopción de un niño que no sea declarado previamente en “condiciones de adoptabilidad'' por parte de la Justicia.

A su vez, entre marzo y junio se suspendieron los talleres para la valoración de las familias. Los cambios que propone la Ley de Urgente Consideración (LUC) para el INAU y las modificaciones que implementaron las nuevas autoridades recién se pusieron en práctica a mitad de año, cuando se completó el Directorio del instituto.

Más allá de esto, el presidente del INAU, Pablo Abdala, hace un balance positivo del 2020, puesto que se dieron 105 niños en tenencias previsoras, (inicio de la adopción) una cifra similar a la del 2019 y 2018, cuando no había pandemia.

Según el Área de Adopciones, durante el año pasado, cinco niños vivieron "procesos excluyentes", esto es que volvieron al INAU. Dicho número refiere a dos grupos de hermanos y un niño. "Cabe mencionar que estos desenlaces responden a una multicausalidad de factores, revelando la complejidad del proceso familiar adoptivo", se explicó desde esa repartición. 

La larga lista de espera

Abdala asumió la presidencia del instituto en abril del año pasado. Sostuvo que había un “enorme atraso” en los procesos de valoración de las familias que quieren adoptar. “Recién se estaban valorando familias que se habían inscripto en el 2016”, dijo a El Observador.

Abdala explicó que la valoración de las familias es cuando ellas quedan en el Registro Único de Adoptantes (RUA) y “se supone que una vez que son valoradas ya quedan en condiciones de adoptar”, luego el INAU —en base a los niños que están declarados en condición de adoptabilidad— vincula a los niños con las familias y así, se concreta la tenencia provisoria.

Actualmente hay un total de 353 postulantes en el INAU, 216 de ellos se encuentran en proceso de valoración, 51 en reserva a solicitud de los mismos y 137 aguardan a comenzar valoración, según informó el Área de Adopciones. 

Mariana Gasparini, una madre que adoptó a una de sus hijas en el INAU recibió a El Observador en su casa. “Nos pidieron unas fotos nuestras para que ella las vea y supiera quiénes éramos y así, estar preparada. Cuando llegamos ella estaba a los gritos llorando. Nos presentaron como “amigos” cuando tres días después se iba a vivir con nosotros para siempre. Las fotos nunca le habían llegado. Eso fue medio extraño”. Así relató parte de su experiencia. 

Mariana Gasparini, madre que adoptó en el INAU

La niña se sentó en la falda de quien iba a ser su padre. Él le mostraba fotos para que supiera dónde iba a vivir. Ella se bajó de su falda, fue a buscar una mochila que tenía dentro muda de ropa y se la puso al hombro. Ese día se fue del hogar, cruzó la puerta y no miró para atrás. “Nosotros estábamos con el miedo de cómo se iba a adaptar, si iba a llorar mucho, cuánto iba a extrañar, a quién querría ver que fuera su referente de estos años y, sin embargo, nada de eso pasó. Fue como si su vida anterior nunca hubiese existido. No lo mencionó ese día y no lo hizo después”, expresó Gasparini.

La hija biológica de Gasparini nació prematura. Estuvo mucho tiempo en el CTI, por lo que otro embarazo podía ser riesgoso. La idea de adoptar era, para ellos, una opción más. Fue así que en 2007 llegaron a la puerta del INAU, pero les dijeron que hasta marzo del próximo año no se abrían las inscripciones. Entonces esperaron hasta marzo del 2008 para hacer la inscripción inicial. “No tuvimos noticias del INAU hasta el 2010”, dijo Gasparini. Después de dos años desde que se inscribieron empezaron los talleres y una asistente social llegó a su casa. Sin estar en el RUA la asistente social preguntó por la habitación que tendría su hijo o hija adoptado y esto sacudió a la pareja. “Me había anotado hace dos años, no sabía cuánto iba a demorar, es medio extraño pensar que debía tener todo preparado cuando no sabía si íbamos a quedar o no”, relató.

La adopción, como tal, se dio en un plazo “cortísimo”. A finales de 2011 empezaron con los talleres, les hicieron entrevistas a ellos y a su hija biológica. Les dieron la noticia que quedaron en el RUA y que en las próximas semanas un niño o una niña les iba a llegar. “Entre que la conocemos y traemos a casa el conocimiento para ella se da en dos días y medio”. El día que la fueron a conocer en el hogar estuvieron medio día. Al día siguiente estuvieron más tiempo con ella y al tercer día la podían sacar del hogar y ellos decidieron llevarla a comer. “Nos habían dicho de no llevarla muy lejos pero nosotros pensábamos al otro día la íbamos a llevar a vivir a casa y no va a venir nunca más al INAU”. Su hija tenía en ese entonces 3 años y había estado toda su vida institucionalizada.

Mariana Gasparini, madre que adoptó en el INAU

La experiencia de Gasparini no fue la única que se extendió en el tiempo. El cáncer de mama invadió la vida de Mónica (cuyo nombre fue modificado) en 2011. Esto la obligó a tomar una medicación tan fuerte que su doctor le aconsejó que lo mejor era no quedar embarazada por los próximos diez años. “Como había que esperar diez años, congelé óvulos por si en algún momento podía quedar embarazada, pero mi oncólogo tampoco sabía cómo podía ser mi embarazo por la quimioterapia. Por estas dos razones con mi esposo dijimos 'vamos a adoptar'”. Y así, en 2015 Mónica y su esposo llegaron al INAU. 

Recién en 2016 la pareja comenzó los talleres informativos. Mónica sintió que estas instancias no valieron la pena: “Con mi marido no lo vimos como algo productivo. Eran talleres con otros futuros padres y hacíamos dinámicas para hablar cómo nos sentíamos con la adopción, pero al ser cosas muy íntimas costó compartir nuestra opinión con personas que no conocíamos, fue raro” relató. 

De todas formas, destacó el último taller, ya que ese día los psicólogos leyeron las historias de los niños del INAU. Según Mónica, desde el instituto, los hacen pasar por este taller para asustarlos: “Todo el tiempo tratan que nos saquemos de la cabeza la idea de que se va a adoptar un bebé Johnson: un bebé rubiecito, gordito, perfecto con ojos celestes. El contexto de los niños que están para adoptar es otro, de mucha exclusión, pobreza y vulnerabilidad”, explicó. Luego de cuatro años de encuentros, entrevistas y evaluaciones, en 2019 Mónica se convirtió madre de mellizos.

La otra parte: la judicial

Para agilizar los trámites se trabajó con la descentralización y regionalización. “Todo estaba concentrado en Montevideo y para cualquier trámite, desde la inscripción inicial, talleres, hasta las entrevistas con técnicos. Las familias tenían que trasladarse a la capital” dijo Abdala. Hoy en día tanto la inscripción inicial como la entrevista inicial se pueden hacer en cada departamento.

Se crearon cuatro equipos regionales, con duplas de asistentes sociales y psicólogos en Flores, Tacuarembó, Maldonado y Canelones para las familias de esas regiones.

De todos modos, Abdala manifestó que las decisiones judiciales son procesos muy extensos en el tiempo, “sobre todo en la etapa inicial en la declaración de adoptabilidad”. La razón de la demora es porque “muchas veces el mismo juez de familia tiene que atender otras urgencias, llamados por violencia de género o por problemas de adicciones”, dijo.

“No es todo tan simple. No es que me la dan, entré al RUA, pasaron cuatro años y entonces me desentiendo”, explicó Gasparini, que agregó: “Después que me la dieron empezó la parte judicial”. Con su marido contrataron a una abogada. Primero, tuvieron que lograr la separación con la familia de origen de su hija, esto es, la pérdida de la patria potestad de quien sea referente. El fallo de esto salió dos años después de que su hija se había ido del INAU. “No tenés idea qué puede pasar, depende de cada caso, uno se podía enfrentar a gente que apareciera de su origen, y eso da miedo”, relató. Segundo, empezó el proceso de adopción, que en su caso, duró otro año más.

Desde que le dieron la tenencia hasta que legalmente pasó a ser su hija, pasaron tres años más, haciendo un total de siete años desde que se inscribieron en el INAU.

Por su parte, una vez con sus hijos, a Mónica la llamaban día de por medio desde el INAU y también la visitaron en su casa para ver cómo se encontraban los bebés. A finales de 2019, Mónica contactó a su abogado para dar inicio a la parte legal del trámite de adopción. “En el primer juicio le quitamos la patria potestad a los padres biológicos. El segundo es el de filiación, que es donde le ponemos nuestros apellidos, modificando la partida de nacimiento, explicó y agregó: “Aún no terminamos el proceso judicial y por eso tenemos que mantener cierta reserva sobre todo con la información de los niños”. Es por esta razón que su nombre fue modificado.

La LUC vigente en el INAU

La LUC —implementada desde el año pasado— tiene como fin agilizar los trámites de adopción de niños, niñas y adolescentes del INAU, según Abdala.

También expresó que los artículos son cuatro pero en concreto plantean tres cambios: por un lado, se reduce el período que tiene el INAU para hacer la “valoración” de las familias adoptantes a un plazo de 18 meses. Por otro, se unen dos procesos judiciales: la separación definitiva de la familia biológica y el de la adopción plena. La última modificación establece que en caso de tenencia lícita, “a los efectos de prevenir una situación ilegal respecto a la tenencia de un niño y en la medida que se hayan generado lazos con los adultos”, un juez puede decretar la adopción. Pero tiene como condición recabar informes del INAU o del instituto técnico forense o equipos técnicos de la Justicia de familia especializada.

Este último punto está dentro de los artículos que plantean la derogación de la LUC, lo que Abdala manifestó “sería un atraso”. El exdiputado del Partido Nacional recordó que estas normas ya se hacían antes, sin la LUC. “Los jueces de familia muchas veces, cuando constataban estas realidades, decretaban la adopción y después notificaban al INAU. El instituto no apelaba la sentencia porque eran situaciones que beneficiaban al niño”. Ahora con la LUC, “se vino a hacer de esta realidad un reconocimiento legal”, manifestó.

Abdala aseguró que si es algo que se hacía previo a la LUC, “si mañana se deroga podrán seguir haciéndolo”. De todas formas, advirtió que “si los artículos se derogan podría incidir en la propia tarea de los jueces, ya que habría una señal negativa por parte de la opinión pública sobre este tipo de decisiones”, agregó.

Actualmente, desde que se inscribe una familia hasta que queda en el RUA, “se vienen acortando los tiempos y estamos cumpliendo con el proceso de 18 meses de la LUC”, dijo Abdala. De todas formas, reconoció que al haber familias que están anotadas desde el 2019 y que recién ahora se comenzó a trabajar con ellas, el plazo en estos casos superan los 18 meses. Sin embargo, manifestó que “se sigue un principio de orden cronológico y se trabaja simultáneamente con familias que se anotaron en 2020”.

Abdala reconoció que la LUC también prevé que la valoración de las familias se vuelva más compleja y se necesite más tiempo. "Estamos hablando de relaciones humanas”, dijo y explicó que “muchas veces las familias se acercan y no están seguras si quieren adoptar, les vienen dudas”.

El factor de riesgo: la edad

Abdala explicó que la gran mayoría de las familias quieren adoptar a niños recién nacidos, hasta los 3 años de edad. Ejemplificó con que el año pasado de los 105 niños que se dieron en adopción, solo dos eran mayores a 10 años y la gran mayoría eran menores a 5 años.

Esta tendencia se aprecia en los años anteriores. Según información a la que accedió El Observador, en 2019 el INAU dio en adopción a 108 niños. De ellos, tres volvieron al instituto porque no se pudieron adaptar a su nueva familia. Los tres compartían un factor en común, que les jugó en contra: la edad. Todos ellos eran mayores de 6 años.

Tener más de 6 años es un problema que se ha reflejado en otros años: en 2017, 69 niños fueron adoptados; 44 de ellos eran menores a 2 años; 16 tenían entre 3 a 5 años; seis eran mayor a 6 años y menores a 9 años; y tres de los niños que fueron adoptados en el 2017 tenían más de 10 años. 

En 2018 la tendencia se mantuvo: de los 109 niños que se integraron a sus nuevas familias, la mayoría (72 de ellos) era bebé; le seguían los mayores a 3 y menores a 5 años (29); luego los niños entre 6 y 9 años (7) y, por último, solo un niño mayor a 10 años fue adoptado.

“Cuando los niños crecen y llegan a la preadolescencia las posibilidades de darlos en adopción se vuelven muy escasas”, admitió Abdala.

Según el Área de Adopciones, hoy en día hay 460 niños en condición de adoptabilidad. De ellos, el 70% son mayores a seis años, es decir, la mayoría de los niños que están para adoptar pertenecen al rango de edad que los postulantes menos prefieren. 

Gasparini recordó cuando tuvo que considerar la elección de edad, ya que fue pensando en la adaptación con su hermana mayor. “Al INAU le comentamos que si hubiésemos estado solos uno acepta mayores desafíos que cuando ya tiene una hija biológica porque también teníamos que pensar en ese ensamblaje”, dijo. Fue por esta razón que decidieron adoptar a un niño que tuviera hasta cuatro años de edad cumplidos. “Luego nos enteramos que cuando mayor edad tienen hay muchos más desafíos”, remató.

Mariana Gasparini, madre que adoptó en el INAU

Su hija estuvo institucionalizada desde los primeros meses de vida y tuvo casi nulo contacto con su familia de origen. Cuando les dieron la tenencia hacía cerca de dos años que nadie la visitaba. “Entiendo que se busque cuidar el vínculo con la familia de origen y respetar ese derecho, pero nosotros entendimos que estaban descuidando el derecho de quien realmente estaba vulnerado, que es el niño, porque lo privan de vivir en una familia con un ambiente de contención y amor”, dijo Gasparini. Y agregó: “Se ven afectados esos primeros años de vida que son cruciales en el desarrollo a futuro porque se desarrolla el cerebro, las habilidades sociales, emocionales, cognitivas y motoras. Además de quitarle momentos de felicidad".

Según Gasparini, el INAU habla del derecho a la identidad del niño y de tener información sobre sus orígenes. Sin embargo, comentó que su hija no tiene una foto de todos los años que vivió en el hogar. “Por lo tanto no se puede reconocer, no sabe cómo era de bebé, cómo fueron sus primeros años, no guarda recuerdos de sus primeros cumpleaños, navidades o lo que fuera”, expresó. “Nos parece injusto que el INAU, que tanto habla de los derechos del niño, no guarde esos recuerdos que le permita saber que tuvo una vida que no empezó cuando llegó a casa y que refleje que no fue todo abandono sino que sí tiene recuerdos de algo que pasó y pudo haber disfrutado”, indicó. 

Tanto Gasparini como Mónica sintieron que el proceso de adopción fue largo. Una vez que recibieron la llamada del INAU para conocer la historia de quienes son hoy sus hijos, de un día para otro sus vidas cambiaron y lo que parecía ser un camino de cuatro años para mentalizarse la idea de convertirse en madres, realmente duró 24 horas: desde aquella llamada hasta la integración familiar en sus propios hogares.

 

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