La reciente muerte de Manuel Martínez Carril, el hombre más emblemático de la Cinemateca Uruguaya de las últimas cuatro décadas, acentúa la encrucijada que vive esta institución fundada en 1952, que pugna entre abrirse y desarrollarse con nuevas salas y mantener su identidad (preservando su valioso archivo y Escuela de Cine del Uruguay). Mientras, pelea por encontrar nuevas formas de financiamiento en una época donde los avances tecnológicos pueden actuar como eventuales competidores para una propuesta que desde hace años ha formado a generaciones de cinéfilos en Uruguay.
En la encrucijada
Cinemateca Uruguaya acaba de perder a su hombre más emblemático y aunque necesita fondos genuinos, su futuro es un verdadero desafío entre un proyecto de expansión y un mundo que cambia