Cuando hace 17 años llegué a Nir Yiztjak, el kibutz (granja colectiva) donde vivo, me sentía muy segura en mi casa, mi comunidad, y muy cómoda con los palestinos que trabajaban en mi kibutz y formaban parte de mi vida cotidiana.
En la frontera a cuatro kilómetros de Gaza
Vivir en el sur de Israel supone dejar de lado cosas tan comunes como ducharse en paz o que los hijos salgan