15 de octubre 2013 - 20:39hs

El 26 de diciembre de 2012, cuando el país entero estaba recuperándose de la comilona de Navidad y deseando terminar el año, José Mujica firmó un decreto que marcó el inicio de una historia tejida por intereses políticos y económicos: la del Instituto de Medicina Altamente Especializada (IMAE) en el Hospital Militar.

Posiblemente confiado en los argumentos que el entonces ministro de Salud, el comunista Jorge Venegas, había plasmado en el decreto, el presidente estampó su firma. Allí se hablaba de “abrir camino para crear el Primer Programa Nacional de Asistencia Cardiológica Pública Integral”. Se aseguraba que el Militar contaba con “un equipo técnico calificado, con profesionales reconocidos y con amplia trayectoria nacional”. Se citaban cifras oficiales para justificar que mediante un convenio con ASSE se lograría reunir la cantidad de pacientes suficiente para garantizar el nivel mínimo de cirugías. Las cifras, decía el decreto, “avalan sólidamente la factibilidad del proyecto”. Mujica no consultó a nadie antes de firmar. No imaginó el problema que se le vendría encima.

Con el IMAE del Militar se profundiza el poder del Partido Comunista al mando de la salud y al mismo tiempo se fortalece el Hospital Militar. El cirujano comunista Mauricio Cassinelli fue quien convenció al ministro de Defensa, Eleuterio Fernández Huidobro, de la necesidad de crear un centro cardiológico en el sector público para absorber los millones que hoy quedan en los IMAE privados. El que pone la plata es el Fondo Nacional de Recursos (FNR), o sea, el Estado.

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Las críticas afloraron apenas se supo la decisión del gobierno. ¿Otro IMAE en Montevideo, cuando no hay ninguno al norte del Río Negro, y Salto y Tacuarembó esperan la habilitación hace años? Los entendidos saben que Uruguay no tiene demanda insatisfecha que justifique otro IMAE cardiológico. En todo caso, el problema es la distribución de estos centros: todos a la vuelta del Obelisco de la capital.

Pero, además, el sector público ya tiene un IMAE subutilizado en el Hospital de Clínicas. En vez de aprovechar la inversión de US$ 4 millones y fortalecer el hospital universitario –el único lugar donde se forman los cirujanos cardíacos–, el gobierno optó por crear otro.

Algunos creen que Mujica no sabía lo que hacía cuando firmó. Otros sostienen que es una muestra más de su decisión de “regalar la salud al Partido Comunista”. Como sea, luego de escuchar otras voces amigas como la del vicepresidente de ASSE, Enrique Soto (cardiólogo y expresidente del FNR), y la del director del Hospital de Tacuarembó, Ciro Ferreira, Mujica supo que el error ya estaba hecho y que dar marcha atrás era ponerse a los comunistas en contra. Por eso, se limitó a decir: “Resuélvanmelo”.

Una fórmula que zafa
A partir de ahí empezaron las reuniones para negociar las condiciones. Soto y la presidenta de ASSE, Beatriz Silva, no aceptaron el planteo inicial de firmar un convenio para obligar a todos los usuarios del sector público al sur del Río Negro a operarse en el IMAE del Militar. Argumentaron que de esa forma se coartaba la libertad de elección que garantiza el FNR en los procedimientos que financia. Por su parte, los impulsores del nuevo IMAE argumentaron que no podía volver a ocurrir lo del Clínicas, donde los pacientes terminan derivándose a los IMAE privados (ver nota abajo).

Finalmente se decidió que ambos centros convivan y se complementen. Esto se plasmó en un acuerdo que se firmó hace un mes y medio, y que otorga un plazo de 60 días para afinar detalles y volver a firmar un convenio que se hará público. Según explicaron fuentes del Poder Ejecutivo, la “prioridad” la tendrá el Clínicas, ya que allí funcionará un centro coordinador con especialistas de ASSE y de la Facultad de Medicina. El Militar hará “lo que no pueda hacer el Clínicas” por distintos motivos, y se concentrará en algunas subespecialidades.

La participación de la Facultad de Medicina en estas negociaciones ha sido poca e irregular. Eso explica que el director del Clínicas, Víctor Tonto, haya dicho días atrás a El Observador que el IMAE en el Militar es “un disparate” e implica “dar la espalda” a la Universidad.

Todo esto se hará bajo el paraguas de un plan nacional de salud cardiovascular que también tendrá entre sus componentes la promoción de fibrinolíticos, unos fármacos que sirven para tratar los infartos en los primeros momentos. Una segunda etapa del programa prevé la creación de un IMAE en Tacuarembó. La solicitud realizada por la mutualista Centro Médico de Salto sigue en stand by. Según supo El Observador, las autoridades lo piensan en complementación con el IMAE de Tacuarembó, pero aún no tienen claro cómo llevarlo a cabo.

Es que no está todo resuelto. La ministra Susana Muñiz dijo la semana pasada que el IMAE del Militar será “sustento” de Tacuarembó y allí se formarán recursos humanos. Esto es rechazado por buena parte de los actores involucrados.

De todas formas, algunos de los que creen que “esto sigue sin cerrar”, confían en que “si sale bien, el plan puede tener un buen impacto en la salud”.

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