Entre los cargos que enfrenta Lee hay promesas de sobornos a una compañía y a organizaciones ligadas a la confidente de Park, Choi Soon-sil, la mujer en el epicentro del escándalo, para consolidar su control sobre el imperio empresarial, que comprende desde la telefonía móvil a la industria biofarmacéutica.
"Pedimos perdón por la controversia social y el sufrimiento que causamos", dijo el vicepresidente ejecutivo de Samsung Group, Lee June, a los periodistas.
Las acusaciones se conocieron antes de que el Tribunal Constitucional decida si se mantiene el juicio político contra Park, aprobado por el Parlamento en diciembre. El proceso fue activado por acusaciones de que conspiró con Choi para presionar a grandes empresas para que donaran a dos fundaciones creadas para respaldar las iniciativas políticas de la mandataria.
Lee prometió en diciembre el cierre de la oficina de estrategia corporativa de Samsung, un centro neurálgico responsable de grandes iniciativas como inversiones en nuevos negocios, entre acusaciones de políticos de que era un órgano clave para sus tramas de cabildeo ilícito.
Compuesto por unos 200 empleados elegidos a dedo entre varias afiliadas, la oficina no existía como una entidad legal, pero tenía un enorme poder como el instrumento de control de la familia fundadora Lee.