Las familias de las víctimas del secuestro en la escuela de Beslan, en el Cáucaso ruso, enterraron el domingo a algunos de sus seres queridos, mientras continúa aumentando el balance de la tragedia, que se eleva ya a 335 muertos, sin contar a los miembros del comando.
Tumbas improvisadas, coronadas con estacas de madera blanca, fueron cavadas en un campo preparado apresuradamente.
El patriarca ruso Alexis II hizo alusión a la "cara de satán" y pidió que se celebren misas en todas las iglesias de Rusia.
Una trabajadora de la morgue de Vladikavkaz, la principal de Osetia del Norte, afirmó a la AFP que ya había contabilizado "394 cadáveres", información que no ha podido ser verificada. Por lo pronto, una lista con más de 200 desaparecidos circula en esa república caucásica.
El presidente ruso, Vladimir Putin, decretó para el lunes y martes luto nacional.
Numerosos cuerpos quedaron carbonizados o despedazados. El domingo, sólo habían sido identificados menos de 200 y unos 400 heridos seguían hospitalizados.
El líder separatista checheno Aslan Masjadov reprobó de nuevo "firmemente" el secuestro e instó a la comunidad internacional a "condenar la política que hace que estas tragedias sean no sólo posibles, sino inevitables".
Estos atentados fueron reivindicados por un grupo islamista extranjero, las "Brigadas Islambuli", que negó cualquier implicación en el secuestro de Beslan.
Treinta miembros del comando, de los 32 ó 35 que lo integraban, según las fuentes, murieron. Tres "sospechosos" fueron detenidos, anunció un responsable del ministerio de Interior oseta, Ismel Chaov.
(AFP)