Se dice muchas veces que Uruguay es un país de tesoros ocultos. Lo mismo puede suceder a escala con el restaurante Primuseum, ubicado en la peatonal Pérez Castellano casi Washington, en el corazón de la Ciudad Vieja.
Desde afuera la fachada con una puerta enrejada no permite imaginar lo que se encuentra adentro. Pero basta traspasar la puerta para que al visitante lo reciba una armadura de Toledo, y enseguida en el salón, alumbrado con luz tenue y cálida que forma un ambiente retro, aparecen vitrinas repletas de primus, aquella antigua hornalla inventada por los suecos para calentar.
Los hay de todos los tamaños y modelos. La colección la creó Aldo Mazzoni, un agregado militar que se fanatizó con las antigüedades y desde hace varias décadas colecciona objetos dignos de un museo industrial de la primera mitad del siglo XX. Su hijo Santiago es quien hoy lleva adelante el negocio del restaurante.
Primuseum une en su nombre la pasión por los primus y su intención juguetona de simular un museo. Pero además de los primus hay otros objetos, algunos de valor internacional, como por ejemplo una heladera de Coca Cola de la década de 1920 en funcionamiento, así como otros de valor estrictanmente nacional, como algunas sillas de madera y mesas de mármol del café Sorocabana original, por las que habrán pasado tantas personalidades...
Botellones de vidrio, copas antiguas, ventiladores de aspas de metal, fotografías, chapas y carteles de calles completan un panorama muy seductor, como si de pronto se estuviera en un set de una película de época o si todavía, mágicamente, fuera presidente Gabriel Terra.
Primuseum es un restaurante que no ofrece un menú abierto como cualquier local de comidas sino que se maneja con el llamado “menú degustación”, que en este caso consiste en siete pasos que se dividen en entradas, platos principales y postres, más café, todo regado por vinos tintos de la bodega Fripp de la zona de Conchillas, Colonia.
La joven chef Camila Ríos demuestra sus destrezas con platos refinados como por ejemplo unos ravioles con papel de morrón, un matambre a la pizza...
Además hay entradas más tradicionales como picadas de achuras, aunque acompañadas de toques gourmet, como verduritas baby hervidas y morcillas en miniatura. Entre los postres, se destaca una sugestiva tarta de manzanas, que le otorga un final dulce a una progresión que está bien condimentada y recorre varios platos típicos con el mismo procedimiento: un guiño de fineza en el detalle.
En un plan claramente turístico, las cenas están acompañadas por una orquesta típica de tango, que si bien le pone un toque rioplatense a la velada a veces su volumen rompe la intimidad que puede producirse en las mesas.
Primuseum abre solo en las noches de los jueves, viernes y sábados, desde las 21 horas hasta el cierre. En una noche cualquiera, un uruguayo puede llegar a sentirse visitante, por la afluencia de extranjeros. De todos modos, la decoración, el tango y los platos nos recuerdan la identidad de donde estamos.