7 de abril 2013 - 21:46hs

Unos días antes de abandonar su cargo, el expresidente Tabaré Vázquez se acordó del francés François Mitterrand para explicar por qué había tenido pocos encuentros con los medios de comunicación. “Cuando habla Mitterrand, habla Francia”, había dicho el mandatario galo. “Cuando habla un presidente, habla el país. Y cuando habla el país hay que hacerlo con responsabilidad, con seriedad; no se puede salir a opinar de todos los temas en cualquier momento y en cualquier circunstancia”, acotó Vázquez.

Es evidente que ni los dichos de Mitterrand ni los de Vázquez guían los pasos del presidente José Mujica. Los comentarios recientes sobre “la vieja” Cristina Fernández de Kirchner y “el tuerto” Néstor Kirchner han sido la continuidad lógica de un estilo que no respeta protocolos y sabe poco de silencios.

Las personas que lo rodean en su actividad diaria reconocen que es imposible diseñarle una agenda concreta y más o menos inalterable. Los periodistas que cubren las noticias de la Torre Ejecutiva han desistido hace tiempo de preguntar en la secretaría de prensa acerca de los pasos que dará Mujica cada día. Además, el presidente no tiene ningún vocero oficial y, en su rol de vocero de sí mismo, habla de casi todo casi todo el tiempo.

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Esta actitud le ha valido el aprecio de muchas personas que ven en el presidente al típico uruguayo que opina sobre todo y que lo hace con un vocabulario más propio del barrio que de las academias.

En esa cuerda, Mujica ha mandado a los dirigentes del Partido Nacional “a controlar a dónde andan sus señoras” –luego que estos criticaran el negocio de Pluna– y cuestionó a economistas “porque no se han subido a un arado ni en pedo”. El jueves 4, el estilo descuidado de Mujica llegó a su mayor cota cuando, sin percatarse de que los micrófonos estaban abiertos, dijo en Florida que “la vieja es peor que el tuerto”, en referencia a la actitud frente a Uruguay de la presidenta argentina y de su marido, el fallecido expresidente Kirchner. De cualquier manera, a Mujica no pareció importarle nada cuando le avisaron que sus palabras podían haber sido escuchadas. “¿Qué le hace una mancha más al tigre?”, preguntó. Ni siquiera dio marcha atrás luego de que El Observador emitió la grabación de los dichos de Mujica divulgados en la página web de Presidencia. “Yo no les voy a dar pelota ni voy a recorrer el mundo aclarando nada”, aseguró pocas horas más tarde en el diario La República.

A diferencia de otras declaraciones de Mujica que causaron malestar en pocos kilómetros a la redonda, los dichos sobre “la vieja” y “el tuerto” tuvieron repercusión en medios de comunicación de muchos países y, particularmente, en Argentina.

Esta vez, la desfachatez del exguerrillero tupamaro traspasó fronteras y generó un incidente diplomático con el gobierno de la vecina orilla, que emitió una dura declaración de rechazo a las palabras de Mujica. El presidente, tras una reunión con el canciller, decidió el viernes volver a la política del silencio con Argentina para no perjudicar más la relación bilateral. Habrá que ver cuánto dura.

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